Plebiscito sobre el sanchismo...mirando a 2030

BarcelonaPedro Sánchez ha convocado unas elecciones anticipadas que, en realidad, son un plebiscito sobre su persona y, especialmente, sobre aquello que representa y que conocemos como sanchismo. El sanchismo se define, en primer lugar, por oposición. En un mundo dominado por una fuerte pulsión conservadora, e incluso reaccionaria, Sánchez ha sabido construir un perfil propio que es casi contracultural: su sonrisa y su optimismo congénitos chocan con la depresión de la izquierda internacional. El otro gran ingrediente del sanchismo es una manera determinada de hacer política, con un fuerte sentido del poder (cosa que pone especialmente nerviosa a la derecha y le ha llevado a enfrentarse al deep state), y una mezcla de oportunismo y sentido de la oportunidad, tal como demostró en su día con la amnistía y ahora con los decretos de vivienda.

Sánchez ha dibujado el marco –o con él o contra él– y el resto de partidos ahora tienen que ir a remolque. La gran diferencia con el año 2023 es que ya no es posible que Junts pueda formar parte de la ecuación sanchista. Los juntaires, queriendo o sin querer, se han situado en el otro bando, sea por convicción ideológica o por tacticismo electoral. ERC y Comuns forman parte claramente del bloque histórico progresista/republicano, y por tanto ahora sanchista, que siempre vuelve en momentos de amenaza de involución, como el año 1936. La incógnita es si Cataluña responderá como lo ha hecho históricamente para defenderse de la amenaza de la derecha, votando en masa por opciones progresistas, o las cosas ya han cambiado y hay un porcentaje importante de catalanes que ahora mismo prefieren un gobierno del PP y Vox.

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La gran pregunta es si la eclosión de rabia por el fracaso de los decretos de vivienda será suficiente para una remontada que, hoy por hoy, ninguna encuesta, excepto el CIS, vaticina. Es muy difícil, pero en todo caso Sánchez se la juega a todo o nada. Sabe que solo un apoyo lo suficientemente significativo que le coloque cerca o incluso por encima de Alberto Núñez Feijóo podrá salvar su figura. Porque ya no es solo un determinado gobierno el que estará en juego el 29-N, sino su herencia política. Un Sánchez arrasado en las urnas dejará paso a un nuevo PSOE de corte felipista. En cambio, un Sánchez mínimamente reforzado podrá mantenerse como jefe de la oposición y, no lo descartemos, volverse a presentar, según cómo vayan las cosas, a las siguientes elecciones. Es lo que podríamos llamar el súper retorno.