El presidente español, Pedro Sánchez, se reunió ayer por la tarde con el rey Felipe VI para analizar la situación internacional, según ha avanzado El Periódico y confirman en el ARA desde la Moncloa. A pesar de ello, se produjo antes de la amenaza de Donald Trump de cortar todas las relaciones comerciales con España a raíz de la negativa del gobierno español de prestar apoyo militar a través de las bases de Rota y Morón.
Sánchez exige a Trump el fin de las hostilidades: "No a la guerra"
El presidente español se reafirma a favor de la diplomacia y lanza un dardo al PP por la guerra de Irak: "No podemos repetir errores del pasado"
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MadridLas amenazas de Donald Trump no han variado ni un milímetro el discurso de Pedro Sánchez en relación con la guerra en Oriente Medio. Al contrario: el jefe del ejecutivo español ha aprovechado el choque con el presidente de los Estados Unidos para solemnizar en una declaración institucional cuál es su posicionamiento sobre la guerra con Irán y cuáles serán los principios que guiarán la política exterior de su gobierno. Sánchez lo ha resumido así: "No a la guerra". Y ha exigido un cese de las hostilidades a los Estados Unidos, a Israel y también al régimen iraní. "El mundo no puede resolver los conflictos a base de bombas y no podemos repetir los errores del pasado", se ha reafirmado.
Sánchez se ha referido directamente al precedente de la guerra de Irak, en la que España tuvo una posición muy diferente de la actual. El gobierno de José María Aznar, del PP, abrazó la estrategia de George Bush y dio apoyo a la invasión bélica con el pretexto de la existencia de armas de destrucción masiva. "Hace 23 años, otra administración estadounidense nos arrastró a otra guerra en Oriente Medio para eliminar en teoría armas de destrucción masiva y garantizar la seguridad global [...], pero generó el efecto contrario. Generó un aumento drástico del terrorismo yihadista, una crisis migratoria y un incremento de los costes de la energía. Este fue el regalo del trío de las Azores: una vida peor", ha sentenciado, haciendo una referencia clara también a la política interna.
El "no a la guerra" es un dardo directo al PP, ya que fue el lema que triunfó socialmente en el año 2003 cuando Aznar apoyó a los Estados Unidos. Ahora Sánchez recupera la estrategia para acorralar a Alberto Núñez Feijóo, que se ha alineado con Trump. "La pregunta no es si estamos del lado de los ayatolás, cuyo régimen nos repudia, sino si estamos del lado de la legalidad internacional", se ha reafirmado, ante las acusaciones del PP y Vox de apoyar la dictadura iraní.
No ha sido la única referencia a conflictos anteriores que ha hecho Sánchez. También ha hablado de la Primera Guerra Mundial para alertar de que los Estados Unidos e Israel están jugando con fuego, y de que una escalada del conflicto puede tener consecuencias imprevistas. Ha recordado cómo en agosto de 1914 alguien preguntó al canciller alemán cómo había empezado la Gran Guerra: "Ojalá lo supiera", ha dicho que replicó, y ha advertido: "Las grandes guerras estallan por una serie de errores de cálculo e imprevistos. Tenemos que aprender de la historia y no jugar a la ruleta rusa con la vida de millones de personas".
El discurso del presidente español ha sido una oda a la diplomacia y a la paz, además de una defensa de la Carta de las Naciones Unidas y los valores de la Unión Europea. "Estamos del lado de quien tenemos que estar", ha dicho. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, sin embargo, ha discrepa abiertamente del presidente español, ya que considera que su estrategia aísla a España. Lo ha acusado de "contemporizar con el régimen iraní" como hizo con Venezuela y ha pedido preservar la relación con Estados Unidos y ha considerado que Sánchez utiliza sus necesidades políticas para ir en contra de la seguridad del Estado. "Hoy España es menos segura, más inestable", ha resumido en un desayuno informativo desde Euskadi.
A otro extremo, Podemos ha pedido al gobierno español que ponga en práctica el 'no a la guerra': la secretaria general, Ione Belarra, ha reclamado que se cierren las bases norteamericanas de Rota y Morón, que saque España de la OTAN y rompa relaciones con los Estados Unidos, además de intervenir precios de la vivienda, la alimentación y los medicamentos. El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ya ha rechazado la idea: "España debe seguir moviéndose en el marco de los aliados de la OTAN".
Medidas por si la guerra se alarga
Más allá del relato político y, tal como ya hizo ayer la Moncloa, Sánchez también ha garantizado que España cuenta con los recursos necesarios para responder a una eventual guerra comercial con los Estados Unidos. Ha asegurado que el gobierno de coalición del PSOE y Sumar trabaja con medidas para mitigar los impactos de la guerra si se alarga, tal como hizo con la crisis energética, el arancelaria o la pandemia, para ayudar a los autónomos, las empresas y las familias.
"Tenemos que estar preparados ante la posibilidad de que esta guerra sea larga, con muchas bajas y con consecuencias graves a escala global en términos económicos", ha resumido, a la vez que ha dejado claro que a su parecer "de la guerra no saldrá un orden internacional más justo ni salarios más altos, ni mejores servicios públicos": "España está en contra de este desastre". Y ha repudiado también a Trump y al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, por iniciar ahora el ataque con el argumento de que Irán está desarrollando armas nucleares: "Es inaceptable que haya dirigentes que utilicen el humo de la guerra para ocultar sus fracasos y llenar de paso los bolsillos de los de siempre. Los únicos que ganan cuando se dejan de construir hospitales y se fabrican misiles".
Habrá que ver si las tesis de Sánchez cuentan o no ahora con el beneplácito de los principales líderes europeos, inmersos en un aumento precisamente del gasto militar hasta el 5% –España se ha avenido a elevarlo solo hasta el 2%, lo que le ha costado también el enfrentamiento con Trump–. En lo que sí que le ha dado apoyo la UE es en la amenaza de guerra comercial: la Comisión Europea ha recordado a los Estados Unidos que hay un acuerdo firmado sobre los aranceles y debe cumplirse.
Sánchez saca pecho de la "coherencia"
Una de las palabras que más utiliza la Moncloa a la hora de hablar de su política exterior es "coherencia", y así lo ha querido destacar el presidente español también este miércoles: ha defendido que su posicionamiento respecto a la guerra en Irán sigue los mismos parámetros que los que siguió con Gaza, Ucrania, Venezuela o Groenlandia, que es estar del lado del derecho internacional. Este punto es clave para poder rentabilizar la política exterior en clave interna, la estrategia de la Moncloa para ganar terreno al PP y Vox. En la política exterior, la opinión pública acompaña a Sánchez: en el último CIS, por ejemplo, había un 76,5% de los españoles que decían que tenían una opinión "mala o muy mala" de Trump. Y hasta un 79,5% cree que es un "peligro para la paz mundial".
Para el gobierno español, la política ahora ya ha abandonado el eje izquierda-derecha y se articula entre los "demócratas" y el "fascismo moderno" que consideran que representa Trump; y, en este marco, quieren erigir a Pedro Sánchez en la antítesis del líder norteamericano, que tiene como aliados en el Estado al PP y Vox. Es decir, desde el equipo de Sánchez, pretenden que el marco de las próximas elecciones no sea solo Sánchez o el tándem Feijóo-Abascal, sino Sánchez o un mundo dominado por Trump y sus aliados.