Separar el grano de la paja: la nueva estrategia de la Moncloa
MadridPedro Sánchez ha hecho una intervención diferente. No ha habido anuncio, ha defendido su obra de gobierno y se ha puesto la bata de laboratorio para hacer un análisis sobre los diferentes casos judiciales que afectan a la misma Moncloa. El inicio de la intervención ya ha sido una declaración de intenciones: "Examinemos la anatomía del fenómeno", ha dicho en relación a la vorágine judicial y política que se vive en Madrid. Y ha seguido: "Detrás del cúmulo de titulares, filtraciones y especulaciones hay tres cuestiones diferentes que determinados actores políticos y mediáticos están intentando mezclar y equiparar para confundir a la gente y crear una sensación de corrupción generalizada que no existe". Fuentes de la Moncloa lo rematan: "Tenemos que empezar a diferenciar", dicen, ya que el PP y Vox lo aprovechan para hacer grande y presentar el gobierno como una auténtica "mafia", en palabras de la derecha. "Lo mezclan todo en una misma olla como si fuera muy grave", concluyen las mismas fuentes.
Es decir, la nueva estrategia de la Moncloa es diferenciar el grano de la paja y encapsular las malas prácticas en un grupo reducido de personas. Es más: el relato de la Moncloa pasa incluso por presentar al PSOE como una víctima de sus dos exsecretarios de organización. Y es que para Sánchez ya es suficiente haber pedido perdón por haberlos escogido y apartarlos de su formación. Esta es la clasificación, pues, que hace el gobierno español para hacer un control de daños:
Lo que sí es corrupción
La Moncloa acepta que ha habido corrupción en el gobierno y en el PSOE, pero lo circunscribe a un grupo de dirigentes. José Luis Ábalos y Koldo García –ya sentenciados–; y Santos Cerdán y Leire Díez. Sánchez lo ha definido así: "Es un caso flagrante y gravísimo de corrupción protagonizado por unas personas muy concretas que se aprovecharon de su peso en el PSOE y en el gobierno para ganar dinero". En este sentido, la Moncloa se desresponsabiliza de la trama y se desmarca, defendiendo además que ya han hecho unos cortafuegos con estas personas. Son las que consideran manzanas podridas.
Presunción de inocencia
Otra categoría para Sánchez es la del caso Zapatero. El presidente español mantiene la presunción de inocencia del expresidente y, además, defiende la actuación de su gobierno, que está bajo la lupa por el rescate de Plus Ultra. "Nadie puede sacar conclusiones del caso de Zapatero y el ejecutivo progresista no tiene nada que ocultar", ha dicho al respecto. La consigna, pues, es mantenerse al lado de Zapatero hasta que no se demuestre que ha actuado mal. Y es que, en el fondo, desde el entorno del PSOE, a pesar de los indicios que hay contra Zapatero como los mensajes hablando de su influencia en el rescate y las joyas, consideran que hay una voluntad también de persecución contra él. "Empezó a notar la presión a partir de la campaña electoral de 2023", dicen estas fuentes, cuando Zapatero fue clave para que Sánchez pudiera sumar la mayoría plurinacional.
El 'lawfare'
La última categoría de casos que afectan al gobierno son los casos vinculados alrededor de Sánchez. Según Moncloa, estos sí que son explícitamente persecución política, aunque no se atreven a decir lawfare porque hasta ahora ha sido un concepto utilizado solo por el independentismo o Podemos. El presidente español los ha definido así: "Hay una serie de acciones coordinadas que buscan debilitar el gobierno mediante ataques personales, campañas de desinformación y mentiras". Se ha referido al caso de Begoña Gómez, que hoy tiene que entregar el pasaporte al juez Peinado y a quien la acusación popular pide 24 años de prisión, y a David Sánchez, que ya ha sido juzgado y se juega seis años de privación de libertad.
Estas dos causas judiciales son las que más indignan a Moncloa, sobre todo también porque es donde más se ha agarrado Alberto Núñez Feijóo en su discurso. "Es sucio, odioso... es acoso", constatan sobre el discurso del líder de la oposición. Pero Sánchez está dispuesto a resistir: así lo decidió, aunque fue advertido de la tormenta que podía llegar, en los cinco días de reflexión que se tomó el 24 de abril de 2024.