¿Cuáles son los principales obstáculos para que el catalán sea oficial en Europa?

Los estados miembros vuelven a discutir este martes, sin opción a voto, sobre el reconocimiento de la lengua catalana en la Unión Europea

Albares en una imagen de archivo en el Consejo de la UE en Bruselas.
21/09/2026 - 07:01 h.
4 min

BruselasEl ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, tiene la respuesta clara. Uno de los "obstáculos más grandes" para hacer que el catalán, el euskera y el gallego sean oficiales en la Unión Europea es su homólogo italiano, Antonio Tajani. O, dicho de otra manera, la presión que el PP español ejerce sobre sus socios. Así lo aseguraba en una intervención este miércoles en el pleno del Congreso, en la que acusó a la formación de Alberto Núñez Feijóo de influenciar al Partido Popular Europeo para "frenar" esta iniciativa. "El señor de Italia al que invitáis a vuestros congresos y con quien siempre se abraza Feijóo es uno de los máximos obstáculos para que estas lenguas no sean todavía oficiales –aseguró–. ¿Le habéis reprochado que haga esto? Yo sí".

El debate sobre la oficialidad del catalán vuelve esta semana a Bruselas. España ha solicitado introducir la cuestión en la agenda del Consejo de Asuntos Generales de la UE de este martes y, como es habitual, se le ha aceptado. Pero las posibilidades de que la propuesta se desbloquee a corto plazo son casi nulas. De hecho, el debate sobre la iniciativa impulsada por la Moncloa se ha introducido en el orden del día en la categoría de ruegos y preguntas (Any other business), un formato reservado para temas de última hora o exposiciones informales que no estaban previstos inicialmente. En la práctica, esto significa que la cuestión no se someterá a votación ni se tomará ninguna decisión vinculante. El ejecutivo de Sánchez se limitará a exponer su visión al resto de socios.

Eso sí, la Moncloa se presenta al encuentro con un nuevo argumento bajo el brazo. Quiere vincular el reconocimiento del catalán, el euskera y el gallego al futuro proceso de adhesión de nuevos estados miembros. La tesis que defenderá el secretario de estado para la UE, Fernando Sampedro, es sencilla: antes de que la UE se abra a incorporar las lenguas oficiales de los potenciales nuevos estados miembros, debe abordar las carpetas pendientes de los estados que ya forman parte. Fuentes diplomáticas remarcan el agravio comparativo que supondría que lenguas de candidatos como el montenegrino –con apenas 200.000 hablantes– sean oficiales antes que el catalán, que suma cerca de diez millones.

Ahora bien, vincular la oficialidad del catalán al proceso de negociación de los países candidatos a formar parte del bloque europeo permite al ejecutivo español ganar tiempo. Según las estimaciones de las mismas instituciones comunitarias, la adhesión de Montenegro o Albania, los países más avanzados en los procesos para entrar en la UE, no se prevé antes de 2028.

Esta será la octava vez que el ejecutivo de Pedro Sánchez propone debatir la oficialidad de las lenguas cooficiales en la UE, uno de los compromisos del acuerdo alcanzado entre el PSOE y Junts para investirle presidente en 2023. La última vez que los ministros discutieron formalmente la oficialidad de la lengua fue en julio de 2025. En aquel momento, la Moncloa presentó un documento rediseñado para acortar distancias con el resto de capitales, en dos frentes que veían problemáticos: el económico y el legal.

Por una parte, España se ofreció a sufragar los costes asociados con la traducción y la interpretación en todas las instituciones comunitarias. Y, por el otro lado, pretendía evitar generar un efecto precedente, ya que limitaba la posibilidad de oficializar una lengua a aquellas que constaran en la constitución del estado en el momento en que entró en la UE. Una cláusula que dejaba fuera lenguas como el corso, el bretón o el frisón. Con todo, el debate acabó sin ningún avance.

Persisten las reticencias

Así pues, ¿cuáles son realmente los motivos de los estados reticentes? Desde la perspectiva diplomática española, los dos grandes "fantasmas" que justificaban las reticencias de los socios europeos ya se eliminaron en la propuesta presentada en julio de 2025. Esto, a su parecer, deja solo la vía que defiende el ministro Albares, la presión política del PP a sus socios europeos.

Con todo, la nueva propuesta de la Moncloa no consigue convencer a todos los socios y, como la medida requiere unanimidad entre los Veintisiete, el debate se mantiene encallado. Las delegaciones diplomáticas de los estados miembros consultadas por el ARA mantienen la misma postura que la última vez. Entre los países que hasta ahora se han manifestado en contra de la oficialidad o que han expresado dudas están Alemania, Austria, Croacia, Italia, Suecia, la República Checa y Finlandia, mientras que Bélgica, Hungría, Irlanda, Portugal, Rumanía, Eslovenia y Chipre se han mostrado más bien favorables.

Algunas de las reticencias expresadas anteriormente tienen que ver con cuestiones jurídicas, geopolíticas o económicas. Una de las más relevantes es que, según los servicios jurídicos del Consejo de la UE, es necesario cambiar los tratados para incluir el catalán, el gallego y el euskera como lenguas oficiales. Pero hay más. Los países bálticos temen que establecer un precedente con lenguas no oficiales sirva de palanca para que Rusia instrumentalice a sus minorías para lo mismo; países como Italia o Francia temen que el reconocimiento del catalán abra la caja de Pandora y que colectivos como los bretones, los corsos o los sardos puedan impugnar la medida en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) por discriminación. Todo esto se suma a la sensación de algunas capitales europeas de tener que alterar las reglas comunitarias por lo que consideran un asunto de política interna y para resolver la débil gobernabilidad de España.

La tramitación de esta iniciativa en el Consejo de Asuntos Generales de la UE coincide con la ventana de negociación parlamentaria de los presupuestos generales del Estado, que el ministro de Hacienda, Arcadi España, asegura que presentará antes de que acabe el año y para los cuales necesitará el apoyo de Junts y Esquerra.

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