¿La última jugada maestra de Sánchez?

BarcelonaSi por algo destaca Pedro Sánchez es por su olfato político. Con las encuestas por los suelos y el marco de conversación dominado por Ceuta y los casos de corrupción del PSOE, la Moncloa había diseñado un plan que consistía en presentar un proyecto de presupuestos muy expansivos este otoño que le permitiera generar muchos titulares y culminar en una votación a finales de año en la que la pérfida triple derecha (el PP, Vox y Junts) se los tumbara. Este era el marco ideal para convocarlas para febrero o marzo, ya que las elecciones se podían convertir en un plebiscito sobre aquellos presupuestos sociales, es decir, sobre el modelo de país.

Pero hete aquí que tres meses antes se ha encontrado con un momentum mucho mejor. La duda que quizás le roe es que para obtener un puñado de diputados más, y seguramente no sumar suficiente, tiene que renunciar a 3 o 4 meses en la Moncloa y, por tanto, a todas las palancas de poder (y de autoprotección) que eso supone. Ahora bien, difícilmente encontrará un escenario mejor para intentar remontar. Además, le resultaría relativamente fácil mantener el marco de la vivienda en la agenda. Por ejemplo, podría aprobar los decretos ley antes de disolver las Cortes, con lo cual decaerían (la diputación permanente los tumbaría) a pocos días del inicio de la campaña. Una campaña en la que cualquier desahucio sería culpa de la derecha.

Cargando
No hay anuncios

Entretanto también habrán tenido lugar las elecciones en Brasil, en las que Lula da Silva podría ser reelegido frente al hijo de Jair Bolsonaro, y las elecciones de medio mandato estadounidenses, que pueden marcar el inicio del fin del trumpismo. Después de años de victorias de candidatos como el propio Trump, o como Javier Milei en Argentina, en la Moncloa creen que el péndulo podría empezar a virar hacia otra dirección.

Ahora bien, ¿sería suficiente para remontar? Es muy difícil. Pero ya hace tiempo que en el PSOE se marcan un objetivo mucho más asequible, que es quedar por delante del PP de Alberto Núñez Feijóo. Esto le permitiría, por un lado, desmontar el discurso de Feijóo de la lista más votada y pondría al líder gallego en una situación de extrema debilidad frente a Santiago Abascal. Y por otro, lo blindaría como líder del PSOE, hasta el punto de que se podría plantear continuar como jefe de la oposición e intentar recuperar el poder al cabo de cuatro años. Aquí también pesa la idea de blindarse ante la más que previsible revancha judicial que preparan sectores de la derecha, que lo quieren ver en la cárcel. No es tan fácil encarcelar a alguien que ha sido el líder más votado por los españoles.

Cargando
No hay anuncios

En todo caso, Sánchez hará lo imposible por volver a sumar una mayoría. Y, además, en las campañas, Alberto Núñez Feijóo es muy propenso a cometer errores y pasarse de frenada. La jugada maestra de Pedro Sánchez sería presentarse como alguien a quien los verdaderos poderes del Estado, en connivencia con la derecha catalana, no han dejado gobernar. No como alguien que deba responder por su obra de gobierno, sino como alguien que reclama manos libres frente a un Feijóo que, previsiblemente, las tendrá muy atadas.