Zapatero y PSOE, crónica de una desolación
MadridDescribir estos días la vida del PSOE equivale a redactar la crónica de una desolación. Si ya era difícil dar un crédito total a las manifestaciones iniciales meramente exculpatorias del expresidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero seguidas de un silencio de más de dos meses, su aparición televisiva para dar explicaciones no ha hecho otra cosa que agravar la situación, en especial en el terreno político. En el ámbito judicial puede ser diferente, porque hay otras reglas del juego. La defensa jugará fuerte la carta de pedir la nulidad de las actuaciones, basándose en problemas procesales y garantías de derechos fundamentales. Tampoco es una batalla fácil, pero Zapatero tiene un abogado con experiencia en este capítulo, Víctor Moreno Catena. Se trata de un catedrático precisamente de derecho procesal que durante seis años (1988-1994) ocupó altos cargos en el ministerio del Interior, primero como secretario general técnico y más tarde como subsecretario.
Seguro que el consejo profesional que recibió el expresidente fue el de no exponerse mucho, cuando aún no estaban bien definidas las estrategias que seguirían los empresarios imputados como miembros de la trama del presunto tráfico de influencias. Pero Zapatero no podía esperar más. En su entorno aseguran que quería dar explicaciones, y que le retenía la necesidad de comprobar cuáles serían las líneas de actuación de sus antiguos amigos, en especial Julio Martínez, que ha acabado descolgándose con escritos dirigidos al juez, José Luis Calama, en los que expone que el exlíder socialista estaba al frente de la trama y, de hecho, el jefe y el alma del grupo. “Era quien marcaba los pasos a seguir”, afirmaba este empresario en su primer documento de confesión, ratificado después durante la declaración correspondiente como imputado, pero sin concretar qué gestiones hizo el expresidente.
La tarea de consultor
Para el gobierno y para el PSOE, continuar esperando a ver si escampaba era una temeridad, porque los titulares de estos días estaban todos dedicados a las versiones de los antiguos socios de Zapatero, atribuyéndole la dirección del negocio. Había que intentar cambiar la situación, reubicar el foco de atención. No obstante, el expresidente del gobierno actuó con tantas limitaciones que su comparecencia no sirvió para aclarar nada. De ahí la aludida angustia y desolación de los socialistas.
Siempre habrá alguien entre la militancia del PSOE que quiera creer a su exlíder, y aceptar que sencillamente hizo una tarea de consultor sin presionar a ninguna administración, ni en España, ni en Venezuela, ni en Bolivia, para conseguir ayudas y subvenciones. En definitiva, es lo que subsidiariamente podrá sostener en los tribunales, que cobró por tareas de asesoramiento, y que no obtuvo beneficios directos expresados en porcentajes de las operaciones realizadas por la vía del tráfico de influencias.
Es obvio, sin embargo, que ya existe una mayoría social convencida del carácter irregular de las actuaciones de la trama, impresión alimentada entre otras cosas por las lagunas de la memoria de Zapatero. Ya veremos hasta dónde llegan los hechos supuestamente delictivos, pero llama la atención que el exlíder socialista no recuerde bien encuentros ni cenas que el juez considera momentos clave de los hechos investigados, como la comida que habría tenido lugar en el restaurante Portonovo de Madrid el 26 de enero de 2021. Según los investigadores, aquella reunión sirvió para que Zapatero diera “instrucciones” para crear una sociedad en Dubái, con la finalidad de cobrar fuera de España la comisión del 1% de los 53 millones de euros del rescate obtenido por la compañía aérea Plus Ultra. Una operación pactada por el citado Julio Martínez con la aerolínea.
Este episodio dio lugar a un curioso diálogo con el juez. Calama quiso subrayar la importancia del encuentro y el escenario elegido. Por ello, el instructor destacó sus conocimientos sobre los establecimientos donde se hacen buenos negocios. “Bien –dijo el magistrado para centrar el asunto–, todo arranca en Portonovo, que, por cierto, es un magnífico restaurante, y para los que no lo conozcan, con unos precios muy ajustados, a pesar de ser una marisquería”. Para Zapatero –que dijo que “quizás” la comida tuvo lugar, sin poder recordar a los asistentes– lo relevante es continuar negando cualquier relación con la creación de una sociedad offshore. Lo ha hecho en el juzgado y lo hizo también en la entrevista televisiva con Javier Ruiz, que planteó las cuestiones que hacían falta.
El comentario de Felipe González
Entre las preguntas obligadas, la que recogió el comentario malévolo de Felipe González, que dijo que Zapatero no era capaz de maniobras de ingeniería financiera ni, por lo tanto, de crear una sociedad de esta índole, se ha de entender que por falta de los conocimientos necesarios. Y aquí, para acabar de alimentar la desolación de los veteranos del PSOE, el imputado se revolvió contra su antecesor para decir: “Él sabrá de eso”. Y añadió: "En eso le doy la razón, nunca he pensado, nunca he mirado qué es una offshore, y por lo tanto no puedo hacer una offshore”.
Pero lo que el juez quería era obtener todos los detalles sobre la famosa comida. Calama dijo que es “muy importante” saber qué personas asistieron, sin conseguir una respuesta precisa del imputado. Llegado a este punto, el instructor introdujo la ironía en el diálogo. “Creo –dijo– que usted debería haber visto si la comida tuvo lugar con usted o sin usted”. Zapatero le respondió: “Lo comprobaré, no se preocupe, señoría, claro”.
Cuestión aparte es el capítulo de las joyas. El expresidente se comprometió a explicar su procedencia. Pero no lo hizo en la entrevista. Solo dijo que era “un regalo de cortesía” sin interés patrimonial para él, y que “estaban allí”, en su caja fuerte, como si nada. Se han valorado en 1,3 millones de euros.
Al PSOE este asunto le duele como una mala herida. La Fiscalía quiere que se haga un peritaje definitivo. A ver si al final Zapatero pagará penalmente por los collares y las pulseras. No es de extrañar el clima de abatimiento del último pleno del Congreso, el pasado jueves, para cerrar curso. Los socialistas admiten la gran pérdida de confianza que supone esta investigación. Se aferran a la esperanza de que sus votantes vuelvan a pensar que la alternativa del PP y Vox no es la solución. Pero lo dicen sin levantar la cabeza, mirando al suelo.