Salud mental

"La abandonaron": el caso de la madre que mató a los hijos reabre el debate sobre la psicosis posparto

Los expertos consideran que Lindsay Clancy es tan agresora como víctima

29/08/2026 - 13:01 h.

Lindsay Clancy, una mujer de 36 años de Duxbury, trabajaba como enfermera de obstetricia en el Hospital General de Massachusetts cuando, el 24 de enero de 2023, asesinó a sus tres hijos de 5 y 3 años y 8 meses. Su caso, especialmente complejo, ha vuelto a primera línea de la actualidad a raíz del juicio contra ella que se ha celebrado este julio y agosto y que concluyó el jueves. Un juicio que, convertido en fenómeno viral en las redes sociales, ha reabierto el debate sobre la psicosis posparto.¿Cuáles son las claves del caso?

El juicio, que ha quedado visto para sentencia, debe determinar si la acusada era penalmente responsable de sus actos en el momento de cometer el asesinato. La defensa de Clancy argumenta que ella no era consciente en el momento de los hechos y que, por lo tanto, no puede tener responsabilidad penal. Lindsay Clancy estaba diagnosticada de psicosis posparto, una patología mental tan poco frecuente que los médicos que la trataron antes de que ocurriera el episodio fatal no estaban familiarizados con ella. A pesar de pedir ayuda múltiples veces a familiares y profesionales, nadie detectó a tiempo la gravedad de la enfermedad. Durante los meses previos al crimen, la acusada visitó a varios psiquiatras, ingresó de forma voluntaria en un centro de tratamiento y tomaba pastillas. Durante el juicio se han presentado pruebas que confirman que Clancy estaba medicada –llegó a tomar 13 medicamentos psiquiátricos diferentes los meses antes del crimen– y que sufría un episodio psicótico grave agravado por una depresión posparto no diagnosticada. José Carlos Fuertes, doctor especialista en psiquiatría y medicina forense con más de 40 años de experiencia en el sector, explica que los trastornos psicóticos pueden actuar de una manera “silenciosa”: “Tenemos la imagen del enfermo mental psicótico grave como alguien que está gritando, disfrazado, desorganizado. No tiene por qué. Una persona puede tener un comportamiento relativamente normal, menos en un aspecto de su vida en el cual aparece la idea delirante, que suele surgir porque hay alucinaciones”. Fuertes argumenta que Lindsay actuó “en un estado psicótico importantísimo”. Según el experto, tenía la creencia de que la vida era un desastre y que la mejor manera para no hacer sufrir a quien más quería, a sus hijos, era quitarles la vida y después suicidarse.¿Qué falló?

Fuertes, con su larga experiencia y con la información disponible del caso, defiende que la mujer es tan agresora como víctima: “Esta mujer estaba enferma. Estaba pidiendo tratamiento. Expresaba ideas delirantes, absurdas e irrebatibles por razonamientos lógicos. La abandonaron y actuó”.También Carla Vall, abogada y criminóloga especializada en derecho penal y género, defiende que el caso no se puede interpretar únicamente desde la historia de una madre que mató a sus hijos, sino que obliga a preguntarse qué falló antes de los hechos y qué responsabilidad tiene el sistema. “Estamos ante una señora que pidió ayuda a todo su entorno, tanto personal como profesional, y que, un poco por efecto espectador, nadie asumió individualmente la responsabilidad de decir: «Aquí está pasando algo y se tiene que frenar»”. Vall señala las evidentes carencias del sistema sanitario de los Estados Unidos, que no fue capaz de hacer un seguimiento adecuado del estado de salud mental de Lindsay: “Esto nos enseña muchísimas cosas sobre el sistema sanitario de los Estados Unidos y el sistema psiquiátrico: la falta de coordinación entre profesionales, la falta de especialización, la falta de apoyo familiar…”, señala. José Carlos Fuertes coincide con la idea de las múltiples negligencias del sistema sanitario norteamericano: “Aquí hay múltiples problemas. No fue tratada; cuando pidió ayuda no se le dio adecuadamente; no se procedió a un internamiento. Y se le permitió actuar”, denuncia. En España hay un caso de psicosis posparto por cada mil partos, según Fuertes, que apunta que una vez estas mujeres reciben el tratamiento adecuado y toman conciencia de sus actos, no pueden soportar el sentimiento de culpa y algunas acaban suicidándose. "Yo tengo el convencimiento de que la sensación de culpa que tendrá cuando sea tratada y mejore de sus alucinaciones, de sus ideas, hará que entonces se dé cuenta de lo que ha hecho".Ser o no responsable

No solo los expertos exculpan a la mujer. A lo largo del juicio, cientos de mujeres vestidas de rosa se han concentrado ante el juzgado para mostrar su apoyo a la acusada y visibilizar la responsabilidad del sistema médico y de los profesionales de la salud en el caso. Sostienen que no se hizo un seguimiento adecuado de Clancy y que el abandono médico habría propiciado el trágico desenlace. También se ha iniciado una campaña para recaudar fondos para ayudar a los padres de Lindsay a cubrir los gastos del juicio; ya llevan más de 1 millón de dólares recaudados. Es cierto que no todo el mundo lo ve igual: las movilizaciones también han generado una ola de reacciones en las redes que argumentan que no se puede defender un crimen de esta magnitud. En cualquier caso, la movilización en defensa de Lindsay no pretende exculpar el triple asesinato, sino poner sobre la mesa el abandono por parte del sistema sanitario de las madres con problemas de salud mental. “Hay una parte de ceguera en clave de género que consiste en esta idea de que la figura de la madre debe poder con todo y que, al final, tiene una responsabilidad extrema. Tenemos un punto ciego muy importante que es el acompañamiento en la salud mental de las madres”, argumenta Vall.  “Ser o no responsable es uno de los ejes centrales de cualquier proceso penal, porque lo que estamos analizando es si la persona, en el momento de cometer los hechos, podía tener conciencia y control de sus acciones”, explica. Esto no se debe confundir con ser, o no, la autora material de los hechos: “Esto no quiere decir que tú no seas igualmente autora de los hechos. Tiene que ver con las consecuencias que tendrá el proceso para ti. No es un proceso de irresponsabilidad de carácter social. Creo que se deben separar estas dos piezas”, detalla Carla Vall, que apunta que hay una tendencia a hacer de esta persona un “chivo expiatorio” y que hay una responsabilidad social muy grande en este caso: “El número de mujeres que se están reuniendo a las puertas del juzgado para darle apoyo nos están hablando de un problema social asociado a la salud mental de las madres en posparto. Yo pienso que hay políticas públicas que deben abordar esto y que deben poder corregir y acompañar estas dinámicas de saturación mental, de insomnio, de psicosis y de depresión grave”. La abogada argumenta que el cuidado y la atención de la salud mental de las madres es también esencial para la protección de los niños, que en casos como este acaban siendo las principales víctimas. “Lo que hace esta dinámica de chivo expiatorio es olvidar la figura central de todo esto, que son estos tres niños que han sido asesinados. La manera de no olvidarlos y de poner la infancia en el centro es poder identificar por dónde falla el sistema y la persona en un momento tan delicado como el posparto”.