El acompañamiento a las playas de Barcelona que cambia vidas

El servicio de apoyo al baño es una prestación gratuita para personas con movilidad reducida o diversidad funcional que garantiza el derecho al ocio para todos

Núria Ras Segura
14/08/2026 - 07:00 h.

BarcelonaErica tiene 89 años y es vecina de Barcelona de toda la vida. Años atrás pasaba horas dentro del agua haciendo esquí acuático, un deporte que había practicado desde joven: el mar formaba parte de su vida. Antes de la pandemia disfrutaba de un estilo de vida muy activo, pasaba horas en el gimnasio entrenando y procuraba cuidarse y estar en forma, pero cuando llegó el confinamiento tuvo que pasar diez meses sin apenas moverse. Aquellos meses de aislamiento, inactividad y sedentarismo le perjudicaron la vista hasta el punto de quedarse ciega. Ahora ha podido volver a disfrutar de la playa. “Esto de poder venir a la playa es media vida. Empiezo a saltar y jugar como una niña pequeña”, explica. Junto a Erica está Antonia García, una vecina de Barcelona de 83 años que necesita ayuda para entrar en el agua desde que sufrió un derrame cerebral en 2025.“El año pasado podía entrar en el agua sin ningún problema y nadaba perfectamente. Hasta que tuve un derrame cerebral y perdí la natación, como otras cosas que antes hacía y ahora ya no puedo”, señalaEste verano es el primero que Érica y Antonia disfrutan, en la playa de Sant Miquel, del servicio de apoyo al baño, una prestación gratuita que el Ayuntamiento de Barcelona ofrece a personas con movilidad reducida o diversidad funcional. También a personas que, como Érica y Antonia, no quieren renunciar a poder ir a la playa. El servicio se estructura en cuatro puntos de atención que se encuentran en las playas de Sant Miquel (en la Barceloneta), la de Nova Icària, la de Bogatell, y la de la zona de baños del Fòrum. Los técnicos del servicio les ayudan a caminar y a entrar dentro del agua y están pendientes por si requieren ayuda adicional o hay cualquier incidente. 

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Espacios adaptados

Los puntos de atención disponen de pasarelas de madera que llegan hasta el agua, reservas de aparcamiento con itinerarios accesibles hasta la playa, así como transporte público adaptado que llega hasta el punto de atención, señalización e información visual y táctil, lavabos adaptados y duchas adaptadas con sillas y grúa eléctrica. Todas las zonas disponen de pérgola o zonas de sombra para proteger del sol a los usuarios mientras esperan. Además, tienen sillas anfibias, una silla hidráulica (solo en el Fórum), juegos de muletas y sillas de ruedas.La empresa responsable, Ilunion, se encarga del servicio y de la gestión de monitores, coordinadores y técnicos de baños que desarrollan las tareas para atender a los bañistas. El equipo está formado por integradores, educadores sociales y socorristas, con el fin de garantizar una plantilla interdisciplinaria. En total hay 20 trabajadores: siete en la Nova Icària, cinco en el Bogatell, cinco en Sant Miquel y tres en el Fòrum, aunque el número fluctúa en función del momento de la temporada.“Hay gente que viene aquí y no ha pisado la playa desde hace años y se emocionan muchísimo cuando pueden bañarse en el agua”, explica Dani, uno de los trabajadores de Sant Miquel que confiesa que un servicio como el de apoyo al baño cambia vidas. Ya es el tercer año que Dani trabaja allí. Él, como sus compañeros, explica las demandas que creen que deberían aplicarse para ofrecer un servicio adecuado a las necesidades de los usuarios. Más allá de las condiciones meteorológicas y el estado del agua, que condiciona directamente la experiencia de las personas que hacen uso de él, también reclaman la mejora de material, como la adquisición de nuevas sillas anfibias, la incorporación de más gente a la plantilla y un aumento de la duración de la temporada de baño para que los usuarios puedan disfrutar del mar más semanas al año. Sandra, la coordinadora del apoyo al baño de la playa de Sant Miquel, es miembro del equipo desde hace diez años. Cuando el servicio comenzó hace más de veinte años el equipo estaba formado por voluntarios. El funcionamiento era muy precario y no disponían de los recursos necesarios para poder atender a todos los usuarios que lo requerían. “Cada año había gente que se quedaba sin poder hacer uso de él porque los voluntarios no daban abasto, aun así, antes no había la afluencia de usuarios que hay ahora”, explica Sandra. Actualmente, atienden aproximadamente a unos 60 usuarios al día solo en la playa de Sant Miquel. Aunque el punto de atención ha mejorado y evolucionado en los últimos años, explica que se encuentran con complicaciones durante el día a día que les impiden poder atender a los usuarios como les gustaría. Faltan “más puntos, más personal y más recursos”, señala. Marta es una de las monitoras de la playa de la Barceloneta. Educadora social de profesión, defiende que un servicio como este es más necesario que nunca para poder garantizar el “derecho al ocio”, sobre todo en veranos como el de este año, marcado por las jornadas de calor intenso. “Un servicio como este es muy necesario porque todo el mundo tiene derecho al ocio y sobre todo con las olas de calor. Si con el servicio podemos hacer que la accesibilidad sea más fácil y todo el mundo tenga la oportunidad de disfrutar, mejor”, dice.