Barbate, un "diamante en bruto" con militares y sin pescadores
El ocaso del sector pesquero, la ocupación del 40% del término municipal por parte del ministerio de Defensa y las dificultades para impulsar el turismo sitúan a este pueblo gaditano en una situación límite
Barbate (Cádiz)El antiguo muelle en el río Barbate es un cementerio de maderas maceradas por el tiempo. Las barcazas hundidas bajo el agua verdosa contrastan con las fachadas blancas de las casas reclamando una capa de pintura. El asfalto está lleno de surcos y grietas. En Barbate no hay transporte público. El teatro está en ruinas. Los parques, abandonados. Las instalaciones deportivas se inundan cuando llueve. "Tenemos un retraso endémico de 15 o 20 años", asume el alcalde del municipio, Miguel Molina.
Las fotografías colgadas en las paredes del Bar del Chechu, en la entrada del puerto, demuestran que no siempre fue así. Barbate fue un pueblo próspero. Había riqueza. Las imágenes en blanco y negro exhiben la gran flota pesquera que surcaba todo el golfo de Cádiz y los caladeros marroquíes. Llegó a haber más de 200 barcos. Ahora, en cambio, son una veintena. El declive del sector pesquero supuso un fuerte impacto porque el paro afectó de lleno al municipio. Y eso abrió las puertas al narcotráfico, que llamó a las puertas de los más necesitados, y al éxodo de los más jóvenes, que se marcharon fuera para labrarse un futuro mejor. La otra gran losa que tiene Barbate es el campo militar Sierra del Retín, propiedad del Ministerio de Defensa, y que el gobierno socialista expropió a cambio de nada en el año 1982. Son las dos grandes "lacras" de este pueblo de casi 23.000 habitantes, resume Molina. Pero hay más.
La riqueza de Marruecos
A pesar de la lluvia y el viento molesto, el bar del puerto se llena. Siempre hay gente. Es el punto de reunión de los que resisten dentro del sector, pero también de jóvenes, jubilados y vecinos en paro que van por si les sale "alguna faenita". Las conversaciones se entrecruzan. Hay mucha nostalgia. Tomás recuerda sus tiempos de pescador, cuando se enrolaba en un barco que iba hasta Melilla y se estaba tres semanas en alta mar pescando. "Veinte días sin ducharse, pero que te permitían vivir bien", explica molesto con los armadores, los culpables, según él, de "destrozar" el sector y el pueblo. "¿Por qué ha de querer un joven irse a la mar por 150 euros a la semana?", se pregunta. En la misma línea se expresa Fran, un empresario del mundo del pescado: "¿Cuánto cobra un marinero? No se les paga nada bien".
El armador Tomás Pacheco admite que no hay "relevo generacional" porque los jóvenes se marchan. Esto le ha empujado a buscar mano de obra fuera: ha traído a Barbate a 10 trabajadores peruanos para que su barco, el Nuxemar, que adquirió en 1999 por un millón de euros, pueda seguir fondeando. "¿Qué relevo hemos de tener vendiendo el pescado a 30 céntimos el kilogramo?", se pregunta indignado. Lo ha vivido en primera persona. Su hijo también trabaja en la mar, pero en la marina mercante. "No quiero que mi hijo siga aquí. Estamos mal vistos. La administración nos trata como delincuentes", critica. A diferencia del marinero, el empresario señala a los políticos como culpables.
La decadencia del sector pesquero de Barbate se inició en los años 80, pero se aceleró en 1995, cuando Marruecos anunció que a partir del año 1999 no renovaría el acuerdo con la Unión Europea que permitía que los barcos españoles pescaran en los ricos caladeros marroquíes. Se produjo un efecto dominó en toda la flota pesquera local. "Fue la muerte del pueblo", resume Pacheco, que recuerda que más de 3.000 personas habían llegado a formar parte del sector. El 40% del pueblo vivía directa o indirectamente de la pesca, ya que había llegado a haber, además de los 200 barcos de pescadores, cerca de una docena de empresas de conservas y otras de fabricación de envases para las mercancías. En poco tiempo, el sector se redujo en un 90% y el paro se convirtió en estructural.
Barbate tiene ahora un 22% de parados, pero en el año 2020, antes de la pandemia, era un 48%, y se había llegado a registrar hasta un 55% en el año 2012. Además, es estacional: cada verano baja, por la temporada turística, y se dispara en los meses de invierno –el 70% de la población activa es del sector servicios–. El abandono escolar también es altísimo: cerca de un 18%. Pacheco lamenta que la administración incentivó esta decadencia ofreciendo durante dos años ayudas mensuales de 151.500 pesetas de la época –910 euros– a los marineros que querían dejar de trabajar en el mar. Muchos emigraron por toda la costa del levante español y se buscaron la vida lejos; otros se lo gastaron todo sin buscar una alternativa laboral.
José Antonio da fe del ocaso del sector. Hace 38 años que trabaja en la seguridad del puerto y ha visto el cambio de muy cerca. "Antes entraba a trabajar a las 7 de la mañana y no podía salir hasta la noche, porque había mucho trabajo. Ahora...", dice, y señala el agua mansa de un puerto prácticamente sin movimiento.
La llegada de los militares
Antes incluso de que la crisis del mar afectara la economía de Barbate, el municipio ya se vio afectado por una gran polémica. En el año 1982 los socialistas gobernaban en la Junta de Andalucía, en la Moncloa, en la Diputación de Cádiz y en el mismo Barbate. El gobierno central expropió cerca del 40% del término municipal para instalar allí el campo militar Sierra del Retín. "Hay 15 soldados y no repercute nada en el municipio, no vienen ni a comprar el pan", lamenta el alcalde. Son más de 5.300 hectáreas de terreno donde la infantería de la marina española hace maniobras y donde también acuden otros ejércitos, bajo el amparo de la OTAN. "No consumen nunca en el pueblo, generan molestias, cortan la carretera y por la noche a veces te despiertas por los sonidos de los cañones", lamenta uno de los empresarios dedicados al sector del pescado.
La expropiación de los terrenos por parte del gobierno del PSOE provocó que el alcalde socialista de la época decidiera que el Ayuntamiento dejara de pagar a la Seguridad Social y Hacienda como muestra de rechazo y malestar. Fruto de esta decisión, el consistorio tiene ahora una deuda acumulada de más de 80 millones de euros que lo asfixia: "Aquí no se pagaban las nóminas de los trabajadores, teníamos cinco meses de retraso. No se pagaba ni la luz ni a los proveedores. Nos estaban a punto de embargar", relata Molina sobre sus primeros meses como alcalde, hace ahora una década. Una situación límite que llevó al Ayuntamiento a solicitar la declaración de especial singularidad para Barbate y reclamar 410 millones de euros al gobierno central. Según el escrito que presentaron en 2024 a la Moncloa, todos los municipios que tienen ocupada parte del término municipal por Defensa perciben una compensación económica. Todos menos Barbate. Por ejemplo, Rota, que tiene una cuarta parte ocupada por la base naval y percibió en 2022 un millón de euros. Sin embargo, cada vez que el Ayuntamiento de Barbate intenta ir a Madrid para que escuchen sus reivindicaciones, no obtienen respuesta.
Hay otro factor que limita el desarrollo del pueblo: más de 5.000 hectáreas de terreno las ocupa un parque natural protegido. Así pues, la superficie de la que puede disponer el municipio es muy limitada, apenas el 17% del total. Y además han topado con la burocracia, las reivindicaciones de los ecologistas y problemas técnicos. "Tenemos dos proyectos turísticos importantísimos, de más de mil plazas hoteleras. Uno está por desarrollarse desde 2002 y el otro desde 2012", relata Molina, que lamenta que el municipio da "al Estado el 83% del territorio" y todo son "problemas". Lo mismo pasa con una urbanización para sacar adelante 304 pisos e intentar paliar el déficit de vivienda que tiene Barbate. Faltan hoteles, faltan casas, falta inversión. Barbate ha visto cómo todas las poblaciones del alrededor –como Conil de la Frontera y Tarifa– han aprovechado al máximo el turismo estival, mientras que ellos, a pesar de llenar el municipio durante unos meses, tienen una oferta mínima. María, una brasileña que hace seis años llegó a la costa gaditana, lo corrobora: "Es un pueblo donde se vive bien, pero no hay oportunidades. Es un pueblo abandonado, no tenemos hoteles ni tiendas y en invierno no hay nada".
Aun así, los habitantes de Barbate no tiran la toalla. "Este pueblo no lo conocerá nadie de aquí a 8 o 10 años", vaticina el Fran. Se aferra al turismo como fuente de ingresos. O a oportunidades como las que busca el Ayuntamiento, que rema para conseguir una línea marítima para unir Barbate con Tánger, una ciudad con más de un millón de habitantes, que podría reportar riqueza y más de 200 puestos de trabajo. "Somos un diamante en bruto. No somos la periferia de Europa, somos el centro de dos continentes", dice Molina para autoconvencerse del futuro brillante que tendrá Barbate.