Barcelona

Alessandro Balducci: "Los algoritmos están decidiendo qué zonas de la ciudad tienen más interés turístico"

Arquitecto, urbanista y catedrático del Politécnico de Milán

27/09/2026 - 20:02 h.

Barcelona"Las ciudades pueden acabar pagando un coste muy elevado si nadie se preocupa de una distribución más equitativa de los recursos". Es la afirmación de una de las voces más influyentes en la planificación territorial en Europa, el arquitecto y urbanista –y exconcejal de Urbanismo en Milán– Alessandro Balducci (Roma, 1954), que en julio visitó Barcelona en el marco de unas ponencias organizadas por el Área Metropolitana de Barcelona (AMB). Tener en cuenta lo invisible, aquello que los políticos a menudo no quieren ver y que estamos dejando "en manos de los algoritmos", se ha convertido en su defensa más firme. En conversación con el ARA, asegura que las instituciones deben empezar a cooperar y "dejar de trabajar como en el siglo pasado".

Usted defiende que lo que realmente transforma la metrópoli es aquello que no podemos ver. ¿Cuáles son los elementos clave de esta ciudad invisible?

— Pues el primer gran invisible es el sector salud. Las desigualdades en el acceso a la salud son un problema muy importante. Después tenemos el cambio climático, que cada vez es menos invisible; no estamos tomando decisiones radicales que sabemos que son necesarias porque todavía hay resistencias. En tercer lugar, la digitalización: otro gran invisible que afecta a todas las dimensiones de nuestra vida. Los gobiernos están descubriendo muy lentamente la importancia de regularla. Comercios electrónicos, centros de datos... todo esto ya ha creado una riqueza enorme para muy pocas personas.

En Barcelona se ha hecho algo respecto a la regulación de plataformas digitales de alquiler de pisos...

— Sí, Airbnb. Pero en muchos otros lugares todavía no. ¡En Milán ya se dice que el número de centros de datos que hay proyectados en el entorno podrían llegar a consumir la misma cantidad de energía que una ciudad como Bolonia! También tenemos la cuestión de la población invisible: las personas mayores, por ejemplo. No tenemos suficientes residencias, y si queremos que la gente envejezca en su casa, tenemos que abordar los problemas de los barrios, de los edificios y de las viviendas, para permitir que puedan vivir dignamente.

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Advierte que estamos desfasados, regulando y desarrollando ciudades con los mismos parámetros que en el siglo pasado. ¿Dónde se debería poner el foco, ahora?

— Hay que tener en cuenta todos estos elementos invisibles. Pero los políticos no ven la necesidad de gobernar estas cuestiones porque se escapan de sus límites municipales. Esto es un obstáculo porque estos grandes temas no se pueden gestionar dentro de pequeñas fronteras. Y ceder el poder a estamentos superiores les cuesta mucho. Creo que hay que ser conscientes de que es muy difícil rediseñar las instituciones y, por lo tanto, lo que deberíamos hacer es impulsar proyectos de cooperación para afrontar este tipo de problemas.

¿Con cuáles?

— Si queremos luchar contra el cambio climático, organicémonos en pequeñas comunidades para fomentar medidas como el ahorro energético, el teletrabajo o una mejor movilidad, por ejemplo. Mi idea no es diseñar nuevas instituciones, sino conseguir que las que ya existen cooperen. La vivienda es uno de los ámbitos más evidentes. El cambio climático es otro. También el replanteamiento de los servicios de bienestar.

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Este verano Barcelona ha acogido grandes eventos, como la visita del Papa o el Tour de Francia. ¿Cree que se han priorizado respecto a la ciudad invisible?

— Existe un problema general de equidad territorial que acaba concentrando todo el valor en las ciudades. No negaré que estos grandes eventos son importantes para el presupuesto municipal, para la imagen de la ciudad, y creo que Barcelona también ha hecho mucho trabajo con las supermanzanas, por ejemplo, o con políticas de vivienda en los últimos años que sí intentan abordar esta dimensión invisible. Pero es necesario ir más allá. Las ciudades pueden acabar pagando un coste muy elevado si nadie se preocupa de una distribución más equitativa de los recursos.

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La gentrificación hace que cada vez más personas vivan lejos del lugar donde trabajan y, por tanto, del lugar donde pasan gran parte del día. ¿Tiene sentido continuar hablando de fronteras municipales o la gran metrópoli debería estar mucho más articulada?

— A mí me parece evidente que hay que reducir los desplazamientos cotidianos con el teletrabajo. También mejorar la movilidad. Es una manera de favorecer que las personas puedan invertir más tiempo en su municipio y conseguir una verdadera descentralización de las actividades, contribuyendo a desarrollar formas de urbanidad a escala local, que son muy importantes.

En Cataluña tenemos algunos problemas con la movilidad, sobre todo con la ferroviaria...

— Sí. Y eso es una parte enorme del problema de la vivienda. Porque, si desde el lugar donde vive usted pudiera llegar al trabajo –que puede estar a unos treinta minutos en coche– en solo quince minutos con un tren cómodo, la situación cambiaría completamente. Separar el problema del transporte del de la vivienda es un error.

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Usted también afirma que losalgoritmos están decidiendo más cosas que algunos políticos. ¿Por qué dice eso?

— Por ejemplo, cuántas personas hacen falta para mantener un determinado servicio. O qué zonas de la ciudad tienen más interés turístico. Y así se toman decisiones que, tradicionalmente, deberían ser responsabilidad de los gobiernos, especialmente si se quiere ayudar a determinados territorios que se encuentran en situación de falta de atención.

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¿Es posible encontrar un equilibrio? Entre la gran ciudad y el resto de municipios; entre la digitalización y la regulación; entre el turismo masivo y la ciudad invisible?

— Algoritmos y turismo están muy relacionados. La expansión del turismo en los centros urbanos ha sido extraordinaria a consecuencia de plataformas como Airbnb, los sistemas de reserva en línea o los vuelos de bajo coste. Los algoritmos también te muestran que un amigo tuyo ha ido a no sé qué festival y eso te genera la necesidad de estar allí. Todo esto ha disparado el turismo un 50% respecto al periodo anterior. Y creo que deberíamos intentar, al menos, repartir esta presión territorialmente. La ciudad necesita encontrar el equilibrio entre la atracción turística y la supervivencia de los residentes.

¿Cómo imagina la metrópoli barcelonesa de aquí a diez o quince años?

— Barcelona tiene una tradición extraordinaria, desde Cerdà hasta Gaudí. Deberíais preservarlo y combinarlo con la capacidad de hacer experimentos en la manera de vivir. Como todas las otras ciudades, os enfrentáis al reto de la digitalización y de regular las plataformas digitales. De aquí a quince años, la gente debería desplazarse mucho menos; se debería haber invertido mucho más en transporte y haber continuado ampliando al conjunto de la región el modelo de las supermanzanas.

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Ahora en Cataluña somos más de 8 millones de personas y vamos hacia los 10 millones. ¿Tendremos capacidad para absorber el crecimiento?

— ¿Tenemos alguna posibilidad de detenerlo? Solo nos queda aprender a gestionarlo.