Collboni salva con Junts el plan para regular el comercio de Ciutat Vella
El gobierno municipal defiende una medida que Comuns y ERC consideran que consolida el monopolio turístico
BarcelonaJaume Collboni ha salvado este viernes una de las últimas carpetas calientes que tenía sobre la mesa este mandato. Junts per Barcelona ha anunciado su voto favorable al nuevo plan de usos de Ciutat Vella, el mecanismo con el que el Ayuntamiento puede incidir sobre el tejido comercial del distrito. Un documento que había levantado polvareda entre las asociaciones de vecinos y los grupos de izquierdas del consistorio –consideran que consolida el monocultivo turístico de la zona– y que el concejal del distrito, Albert Batlle, ha defendido una vez atados los apoyos necesarios para sacarlo adelante.
En rueda de prensa, Batlle ha reivindicado que el nuevo plan de usos permite hacer frente a la proliferación de actividades que generan impacto negativo o poco valor añadido en el centro de la ciudad. Entre los comercios que el Ayuntamiento busca restringir se encuentran sobre todo las tiendas cannábicas y los clubes de fumadores de cannabis —completamente prohibidas después de una transacción con el PP—, los souvenirs, los supermercados 24 horas, las tiendas de manicuras y las de carcasas de móvil, que deberán cumplir unos requisitos que hacen muy difícil que puedan abrirse nuevas en el distrito. Los planes de usos solo limitan las nuevas licencias, por lo que no afectan a los comercios que ya funcionan actualmente.
"Haremos un marcaje cuerpo a cuerpo a las actividades con más impacto negativo en la convivencia y el espacio público", ha prometido Batlle. Ante las críticas porque no se restrinjan aún más las actividades relacionadas con el turismo —como por ejemplo el alquiler de patinetes, bicicletas u otros tipos de vehículos o las consignas—, el concejal ha defendido la necesidad de "huir de las prohibiciones generales" y optar "por una regulación más quirúrgica y precisa". Lo que no se debe hacer, ha dicho, es "buscar el aislamiento del distrito". "La ciudad tiró las murallas hace un siglo y medio, y de ninguna manera es cuestión de volverlas a poner", ha apuntado.
El gerente del distrito, Fèlix Ortega, también ha salido al paso de algunas de estas críticas. Por ejemplo, ha matizado que algunos de los espacios de lockers previstos no son pensados para las maletas de los turismos sino que como "armarios" que puedan servir para recoger la paquetería de los vecinos en la línea de lo que se hace con una oficina de Correos. También en el caso del alquiler de vehículos, ha especificado que lo que hace la normativa es endurecer las condiciones sobre cómo debe ser el local, para garantizar que si se abren de nuevos, se haga con unas condiciones que minimicen las molestias sobre los vecinos y el espacio público.
Por lo en cuanto a la posibilidad de que el nuevo plan de usos permita abrir hasta siete nuevas discotecas en el distrito, Batlle lo ha considerado "falso". Aunque no han querido decir cuántas se podrán abrir exactamente, tanto él como Ortega han remarcado que más allá de las restricciones que establece el plan de usos, después para poder abrir un local de estas características hay que encontrar un espacio que cumpla con la normativa y conseguir una licencia. Han subrayado, sin embargo, que las restricciones harán que si se abre alguna sea en las periferias del distrito y lejos de los vecinos.
La clave del nuevo plan de usos es que crea muchos más epígrafes para tener más control sobre las actividades —pasa de 55 tipologías de actividades a 180— y establece una nueva división superior para catalogarlas en función de su incidencia sobre el espacio público, el ruido, la calidad de vida, los residuos y la convivencia. Es decir, además de las restricciones propias de su epígrafe –en función de si es una peluquería, un bar, una tienda textil o una de telefonía, por poner algunos ejemplos–, cada actividad tendrá otras limitaciones en función de en cuál de las tres categorías superiores esté agrupada: alto impacto, impacto moderado o actividades que se quieren promover.
Una relación prolífica
Con la alianza para sacar adelante el plan de usos de Ciutat Vella, PSC y Junts consolidan una relación que últimamente ha sido prolífica en la ciudad. En los últimos meses el ejecutivo de Collboni ya había tenido el apoyo del grupo que lidera Jordi Martí Galbis para sacar adelante proyectos como los planeamientos para hacer posibles el nuevo Teatre Capitol en La Rambla o el Museu Thyssen en el antiguo Comèdia. También para aprobar la ordenanza de convivencia. Una sintonía que parecía perdida hace un año, cuando los dos grupos fueron incapaces de aprobar la reforma del 30% de vivienda protegida o el reglamento de las pistolas Taser por parte de la Guardia Urbana.
El concejal de Junts Damià Calvet ha defendido el acuerdo para corregir el "fracaso" del plan de usos aprobado por el gobierno de Ada Colau en el año 2018. Según ha dicho, este "aumenta mucho la capacidad de control y de sanción" del Ayuntamiento y obligará a las tiendas de uñas, carcasas y cannabis a acreditar que tenían la actividad legalizada antes de la suspensión de licencias decretada en julio del 2024. Además, Calvet ha destacado que la suspensión de licencias actual decae en julio y que era necesario llegar a aquel momento con un nuevo plan de usos aprobado para evitar que pudieran abrir nuevos negocios no deseados.
Desde Barcelona en Comú, en cambio, el concejal Jordi Rabassa ha pedido a Collboni que este martes no lleve el plan de usos a aprobación tal como está y que aproveche el mes que queda para negociar un nuevo acuerdo con los vecinos y las fuerzas de izquierda. "Este es un plan de usos de derechas que aboca el distrito a la dependencia del turismo y que más familias se marchen", ha lamentado. También desde las filas de ERC se ha lamentado una propuesta que, dicen, "permitirá aumentar la apertura de negocios turísticos en una zona ya saturada de este tipo de negocios, que matan el comercio de barrio y despersonalizan la ciudad".