Barcelona

“Aquí los malos no somos los bares”

Crónica de una mañana en algunas de las arterias de Barcelona que más sufren el ruido diurno

BarcelonaAndar por las calles del Eixample con una de aquellas aplicaciones que miden los decibelios es un baño de realidad: a las ocho de la mañana de un día laborable de julio, ya con un ruido de coches menor que el que habrá en septiembre, las cifras en la pantalla prácticamente no bajan de los 70 decibelios mientras se pasea por calles como Urgell. Si suena algún claxon o pasa una de aquellas motos que quieren que se les escuche la cifra de decibelios sube mucho más. La cosa se complica al llegar a Aragó, sobre todo en el tramo entre Urgell y Calàbria, que ahora está en obras para mejorar las aceras, lo que somete a más de 80 decibelios de ruido a quien anda cerca. 

“El ruido está siempre, yo ya estoy acostumbrado y casi ni lo noto, pero las obras en esta época del año hacen muy difícil que alguien se quiera sentar en la terraza”, lamenta Jesús desde detrás de la barra de uno de los bares de este tramo de la calle Aragó, que, con tres carriles de circulación, no es el lugar más idílico donde sentarse a tomar un café o tener una conversación con alguien. Él, sin embargo, ve una parte positiva: “Aquí, como mínimo, los malos no somos los bares”. Explica que lleva solo un año trabajando en este punto del Eixample y que antes lo hacía en una calle de los de prioridad para peatones en el barrio de Sarrià, donde recibía muchas quejas de los vecinos por el ruido. Aquí, dice, esto no pasa porque el sonido constante del tráfico lo envuelve todo y ya no viene de aquí. 

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Quien no le ve ninguna parte positiva es la comunidad de la Escola Llorers, situada en la misma calle Aragó entre Viladomat y Borrell, y expuesta a los muchos decibelios de los coches que pasan tanto por Aragó como por València. “Hablar con nuestros hijos en la calle es casi imposible, tienes que gritar”, dice Chiara Buffa, de la asociación de familias del centro. Está convencida de que estudios como el de ISGlobal, que ha demostrado que los alumnos de escuelas con más ruido de tráfico muestran un desarrollo cognitivo más lento, tendrían que implicar soluciones urgentes, como garantizar que los tramos que pasan por delante de centros educativos no tengan más de dos carriles de tráfico.

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Entre la ronda y la montaña  

El paseo mañanero por algunas de las vías más ruidosas de la ciudad sigue en la ronda de Dalt, a la altura de la estación de metro de Montbau. El ruido del tráfico como gran telón de fondo aparece ya mientras se suben las escaleras para salir del metro. Allí espera Tony Mateo, de la asociación de vecinos de la zona, que recibe al ARA con un categórico “Esto es un desastre”. Asegura que en este tramo de la ciudad no hay horas buenas y malas en cuanto al volumen de ruido: siempre son o malas o muy malas, cuando hay más congestión, sobre todo a la hora de llevar a los niños a la escuela. 

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Si el Eixample soporta cada día el paso de 350.000 coches, buena parte de los cuales por la calle Aragó, los vecinos de la ronda de Dalt también se sienten damnificados por los 170.000 vehículos diarios que circulan por esta autopista urbana. Sobre todo los de la zona de Horta-Guinardó, que hace años que reivindican una cobertura de la ronda que no llega –más allá del tramo de poco más de 180 metros que sí que se ha tapado delante del Mercado de Vall d’Hebron. 

Mateo, como muchos de sus vecinos, se siente damnificado porque cuando empezó a vivir en la zona, en la década de los 60, era un “lugar muy tranquilo, con la montaña al lado y el sonido de los pájaros". Pero de golpe construyeron la ronda. Y todo cambió. “Es un triple problema”, dice: “ruido, contaminación y una gran barrera para ir de un barrio al otro”. Y Nicole, que baja de uno de los edificios situados literalmente al lado de la ronda, confirma, resignada, que el ruido es intenso, pero que ella ya lo ha asimilado como una parte más de su día a día: “Me he acostumbrado”.

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La Barcelona turística

La excursión matinal por la Barcelona más ruidosa sigue en la zona turística, donde las quejas ya no tienen que ver tanto con el tráfico, sino con usos de plazas y calles, que ya molestan de día, pero se hacen más insoportables a la hora de dormir. En la Plaça Reial, en pleno Barrio Gótico, a media mañana hay cinco furgonetas descargando cajas de bebidas y tres grupos turísticos atentos a las explicaciones de los guías. Sin estridencias, a pesar de que, como explica Carles Casahuga, de la plataforma Amics de la Plaça Reial, la peor parte llega durante la franja del mediodía, que es cuando se suelen instalar en la plaza un grupo de jóvenes que hacen acrobacias con unos altavoces con música a todo volumen para llamar la atención de los turistas. Ellos u otros grupos parecidos actúan al mediodía y por la tarde. 

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“Son muchos decibelios –puntas de más de 90, según un vídeo grabado por la plataforma– y hacen que trabajar aquí, como hago yo, sea imposible”, dice Casahuga, que asegura que esta “tortura” se suma al ruido de las muchísimas terrazas y de los grupos de turistas que ya se han vuelto a adueñar de la plaza. Unas molestias que, después de la tregua de la pandemia, ahora vive como mucho más insoportables.

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El plan municipal contra el ruido
  • Un 25% menos de tráficoEl plan de movilidad urbana 2024 se marca el objetivo de reducir un 25% los desplazamientos en vehículo privado, lo que supondría una reducción del ruido de 2 decibelios.
  • Reducir la velocidad El plan contra el ruido también marca el objetivo de limitar la velocidad a 30 km/h a más calles (el ruido baja entre 2 y 3 decibelios).
  • Más superislasEl Ayuntamiento calcula que extender el modelo de superislas puede reducir el ruido entre 2 y 5 decibelios.
  • Contra los más ruidososUna prueba piloto de radares acústicos quiere perseguir los vehículos demasiado ruidosos, que pueden añadir de 5 a 10 decibelios al ruido de fondo.
  • Limitadores de sonidoPara hacer compatibles las actividades lúdicas y el descanso, se extenderán los limitadores de sonido en locales y se harán campañas de sensibilización. También se prevé poner limitadores de sonido en los conciertos que se hagan en la calle.