La recta final de la Sagrera reactiva a los inversores y pone en alerta a los vecinos
Los barrios reclaman al Ayuntamiento un estudio del impacto social de la transformación para evitar la gentrificación
BarcelonaHace más de veinticinco años que se habla de ello y casi el mismo tiempo que los calendarios previstos quedan en papel mojado, pero la conferencia del alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, hace tres semanas, ha puesto de nuevo la transformación de la Sagrera sobre la mesa de inversores y vecinos. Ese día, el alcalde quiso definir un horizonte para uno de los grandes proyectos que la ciudad tiene abiertos. Anunció un presupuesto de 260 millones de euros hasta el 2031 para que, el día que la futura estación abra a los pasajeros, buena parte de la metamorfosis de alrededor esté hecha. Una promesa que ha reactivado el interés de los inversores y también ha puesto en alerta a unos vecinos que llevan tiempo anhelando que el proyecto se haga realidad, pero que también recelan del impacto que pueda tener sobre sus barrios.
Tanto inversores como vecinos coinciden, sin embargo, en que la transformación en torno a la futura estación de la Sagrera es una gran oportunidad. El gran parque lineal del Camí Comtal –de más de 4 kilómetros– debe suturar la frontera históricamente abierta por las vías del tren entre los distritos de Sant Andreu y Sant Martí. Una zona verde inmensa –llamada a ser la más importante de la ciudad–, que vertebrará a su alrededor nuevos barrios que permitirán la llegada de hasta 30.000 nuevos vecinos, además de nuevos hoteles –uno de ellos junto a la estación–, oficinas y equipamientos.
Por ahora, el horizonte dibujado por Collboni ha hecho más efecto sobre los inversores que sobre los vecinos, escarmentados de otros calendarios incumplidos. "Durante muchos años había un cierto escepticismo porque era un proyecto que avanzaba muy lentamente. Ahora ya no se percibe sólo como una promesa urbanística, sino como una operación real que acabará generando una nueva centralidad en Barcelona", asegura Mercedes Blanco, CEO de la compañía de administración de fincas Vecinos Felices y vocal de Pimec en el Consejo Asesor de la Ha. El director ejecutivo de la consultora inmobiliaria Laborde Marcet, Benjamín Tarín, subraya que, aunque en algunos momentos ha habido "escepticismo", éste es un proyecto que "nunca ha desaparecido del radar" de los inversores.
Tan Blanco como Tarín han percibido últimamente un interés creciente en la zona. "En los últimos meses hemos detectado un aumento sostenido del interés, sobre todo por parte de inversores que quieren posicionarse antes de que la transformación esté consolidada del todo", explica Tarín. Añade Blanco que el interés es tanto de inversores como de compradores particulares. "Vemos una tendencia similar a la que ya se ha producido en otras zonas de Barcelona en transformación, como Glòries o el 22@. Cuando existen expectativas de nueva centralidad urbana, mejora de la conectividad y grandes espacios verdes, el mercado suele anticiparse", apunta.
"Respeto por el territorio"
También el asesor inmobiliario Iñaki Unsain reconoce que últimamente está proponiendo a sus clientes la zona de Sagrera como un lugar interesante para invertir. "Empieza a haber rum-rum que todo lo que está cerca de la futura estación subirá mucho", dice. "La Sagrera tomará mucho impulso. Y Sant Martí, que era una zona algo degradada, con este parque que se hará empezará a contagiarse ya subir", vaticina. Unsain y Tarín apuntan también a Sant Andreu como la zona que en estos momentos genera más movimiento porque "ya tiene un tejido residencial y comercial muy consolidado".
Ante estas perspectivas, las asociaciones de vecinos de la zona han dado esta semana un paso adelante. En la comisión de seguimiento sobre cómo se desarrolla el proyecto, pidieron al Ayuntamiento un estudio de impacto social del proyecto que permita planificar y tomar las medidas necesarias para evitar que los barrios cercanos a la Sagrera sufran también un proceso de gentrificación que acabe expulsando a los vecinos. "Estamos a tiempo de evitar que esta presión aumente y debemos tomar medidas", avisa la presidenta de la asociación vecinal de Provençals de la Verneda, Antònia Gimènez.
Gimènez remarca que la nueva estación, el gran parque lineal y las nuevas viviendas y equipamientos pueden ser una oportunidad importante para mejorar la situación de los barrios de la zona, pero alerta de que sólo "si se hace con responsabilidad y respeto por el territorio". "Nos preocupa que este tipo de proyectos urbanos acaben priorizando la atracción de inversiones y de usos más de tipo metropolitano, y no tienen en cuenta el vecindario que vive allí desde siempre", expone. Sin embargo, admite que por ahora todavía no han percibido un cambio en el tejido comercial, uno de los primeros síntomas de la gentrificación.
También el presidente de la asociación de vecinos de Sant Andreu de Palomar, Miquel Ruiz, considera que la nueva estación de la Sagrera es una oportunidad. Sin embargo, advierte que si no se pone remedio, muchos de los pisos nuevos que se hagan y que vayan a parar al mercado libre pueden acabar convertidos en una segunda residencia para extranjeros que solo pasen temporadas en Barcelona. Explica, de hecho, que en la zona de Colorantes -una de las que aportarán nueva vivienda a la zona- ya se están vendiendo pisos de dos habitaciones por más de 500.000 euros. Unos precios que, opina, están lejos del alcance de la mayoría de los hijos de Sant Andreu que quieren seguir en el barrio.
Vivienda protegida
Mercedes Blanco admite que es "bastante probable" que la transformación de la zona pueda acabar suponiendo un cambio en el perfil de los vecinos de la estación. "Las nuevas centralidades urbanas suelen atraer a parejas jóvenes, profesionales que valoran la conectividad e inversores que buscan zonas emergentes", sostiene. "Más que hablar de sustitución, yo hablaría de evolución", precisa Benjamín Tarín, quien subraya que el planeamiento prevé una combinación de vivienda protegida y libre, además de nuevos equipamientos y espacios públicos. Esto permitirá, concluye, "mantener un tejido social diverso".
En concreto, el planeamiento urbano de la zona prevé levantar 11.347 nuevas viviendas alrededor de la Sagrera, de las cuales casi la mitad —un 48,8%— serán protegidas. En cuanto al impacto del turismo, si no existe un giro de guión cuando entre en funcionamiento la estación de la Sagrera, Barcelona ya habrá extinguido la inmensa mayoría de licencias de pisos turísticos. Sin embargo, la zona contará con 78.000 m² de techo hotelero –uno de los nuevos hoteles se hará junto a la estación–, ya que el ámbito está fuera de la zona donde abrir hoteles está restringido.