Crisis climática

Las ciudades que ganarán más días de ola de calor

Un estudio de simulaciones climáticas del BSC indica que la mayoría de las ciudades en el Estado no han adaptado los edificios a la crisis climática

Xavi SeguraySebastián Marín
13/08/2026 - 12:01 h.

BarcelonaLas olas de calor son cada vez más habituales, y más allá de las alertas meteorológicas, estos picos del mercurio también ponen a prueba la capacidad de nuestras ciudades. "Estamos haciendo edificios para un clima que ya no existe", asegura contundente Pablo Martínez, arquitecto y fundador del think tank Trescientosmil. Es uno de los autores del'Atlas de vulnerabilidad al calor, elaborado junto con el departamento de ciencias de la tierra del Barcelona Supercomputing Center - Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS). Esta es una herramienta visual que recoge hasta 70 simulaciones climáticas para radiografiar qué ciudades del Estado sufrirán más olas de calor en el futuro, cuáles necesitarán más medidas de refrigeración y cuáles están menos preparadas para hacerles frente de cara a 2050.

Las conclusiones de este atlas dibujan un escenario poco amable. En el conjunto de municipios analizados, el número de días con olas de calor se triplicará de media en 2050 respecto al año 2000. Al mismo tiempo, la necesidad de refrigeración de las viviendas aumentará un 65%. Ahora bien, mientras el sur peninsular concentra los incrementos más importantes previstos en la necesidad de refrigeración, el litoral catalán y balear aparece entre las zonas donde más aumentarán las olas de calor. De hecho, el Baix Llobregat y el Garraf encabezan el ranking estatal de incremento de las olas de calor, a diferencia de las ciudades del interior y del sur del país, que presentan incrementos más moderados. En concreto, la simulación apunta que los días de máximo calor aumentan en el período 2000 - 2050 sobre todo en Castelldefels (80 días más), Vilanova i la Geltrú (+73), el Prat de Llobregat (+72) y Gavà (+71).

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En cambio, ninguna ciudad catalana se encuentra entre las que experimentarán los incrementos más elevados de necesidad de refrigeración en la península, un ranking dominado por Andalucía y el interior de España. El principal reto señalado por este estudio en Cataluña no será tanto el aumento de la demanda energética para refrigerar los edificios como la frecuencia y la intensidad de los episodios de calor extremo, especialmente en el litoral y en el área metropolitana de Barcelona. Dentro del territorio catalán, las diferencias también son importantes. Barcelona parte de una posición relativamente favorable, con una renta elevada, un parque residencial con buenos indicadores y un buen acceso a los servicios cotidianos, y algunos municipios del Vallés conjugan rentas de las más altas de España con buenos niveles de verde urbano y de acceso a los servicios, factores que pueden reforzar su capacidad de adaptación al clima.

Lo más importante, sin embargo, es que estas proyecciones no parten de un único modelo. Los datos climáticos provienen del proyecto europeo "Impetus4Change" e incorporan hasta 70 modelos climáticos globales y regionales, ejecutados con grandes infraestructuras de computación. Martínez subraya que aunque los modelos "dicen más o menos" la magnitud del incremento, "todos apuntan en la misma dirección": más calor y de forma sostenida. Pero el objetivo de este atlas es precisamente huir de la idea de que las subidas de temperatura son episodios temporales o estacionales y evidenciar una tendencia continuada hacia un clima más cálido que no todas las ciudades podrán afrontar desde el mismo punto de partida. "Todo el mundo se piensa que el cambio climático es como si subes el termostato de la habitación y todo el mundo tiene un incremento equivalente. No", explica Martínez. "Hay lugares que lo sufren mucho más y lugares que lo sufren mucho menos. Todo el mundo lo sufrirá", concluye.

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Desigualdades en la preparación

La vulnerabilidad de un municipio no depende solo de cuánta calor hará. La herramienta incorpora también la calidad de las viviendas, el verde urbano, el acceso al abastecimiento cotidiano y la renta de los habitantes. Es decir, intenta poner la amenaza climática en relación con la capacidad real de las ciudades y de sus vecinos para adaptarse a ella. "Si la ciudad está mejor preparada, le será más fácil adaptarse a la nueva situación", resume Martínez. Es aquí donde aparece una de las principales advertencias del arquitecto. El problema no es solo que hará más calor, sino que buena parte del parque de viviendas actual no está pensado para estas condiciones. "La normativa actual de la edificación está más preocupada por protegernos del frío que del calor", afirma. Y pone el foco en el Código Técnico de la Edificación, que utiliza series climáticas históricas del período 1970-2000. "Estamos haciendo edificios para un clima que ya no existe", insiste.

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Para entender por qué la necesidad de refrigeración media de las viviendas aumentará un 65%, hay que detenerse en uno de los indicadores más técnicos del atlas: los grados-día de refrigeración (CDD). "No es la temperatura media, sino cuántos grados te estás desviando cada día de la temperatura de confort", explica Martínez. En este caso, la temperatura de referencia es de 23 grados. Es un indicador habitual en el ámbito de la construcción, pero poco intuitivo para el público general. Por eso, el mismo arquitecto recomienda fijarse más en la variación porcentual que en el valor absoluto. Según Martínez, esto obliga a mirar el cambio climático desde la escala urbana. Tres grados más pueden parecer una variación relativamente pequeña cuando se mira solo el termómetro, pero trasladados a los edificios pueden significar mucha más necesidad de refrigeración y más días de calor. "Este salto tiene una magnitud brutal cuando lo acercamos al territorio", resume.

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El atlas, por lo tanto, no quiere limitarse a señalar qué ciudades tendrán más calor. La intención es mostrar dónde este calor puede coincidir con peores viviendas, menos verde, menos servicios o menos recursos económicos para afrontar las transformaciones. "Hay un salto muy grande entre el futuro que nos espera y cómo estamos preparados para hacer frente a este futuro", concluye Martínez. Y esta es, probablemente, la principal advertencia que deja la herramienta: el cambio climático no llegará solo en forma de temperaturas más altas. Llegará también a las casas, a las calles y a la capacidad (desigual) que tendrá cada ciudad para proteger a los habitantes.

Una nueva ola de calor recorre Europa

Lo que ocurre en buena parte de Europa esta semana es la demostración fehaciente de esta premisa. Una nueva ola de calor, la enésima de este verano excepcionalmente cálido, afecta especialmente a Francia y al Reino Unido. En Francia, 80 departamentos están en alerta naranja por ola de calor, mientras que en Inglaterra se mantiene un aviso que cubre buena parte del sur y el centro del país. El episodio llega también con temperaturas muy elevadas en toda la península Ibérica y otras zonas de Europa occidental, aunque no todas estas áreas cumplen necesariamente los criterios oficiales de ola de calor de sus respectivos servicios meteorológicos. Hoy se pueden alcanzar o superar localmente los 37 °C en las zonas más cálidas del sur de Inglaterra, mientras que Francia puede llegar a los 40 °C en amplias zonas y superarlos localmente.

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En Cataluña también se alcanzará o se superarán los 40 °C en Ponent y el valle del Ebro, situación que se repetirá en las zonas más cálidas del interior del Estado. El origen de esta situación es un área de presión atmosférica muy alta, una especie de tapón que impide que el aire caliente escape y favorece muchos días de sol y un calentamiento progresivo del continente. Esto ha permitido que una masa de aire muy cálida se extienda desde la península Ibérica hacia Francia y las islas Británicas. Las previsiones indican que a partir del viernes el calor comenzará a perder fuerza en el oeste de Europa, aunque se desplazará hacia el este y podría mantener temperaturas muy altas durante el fin de semana en Alemania, los Alpes y otras zonas de Europa central.