Cambio Climático

Una nueva ola de calor recorre Europa: "Tenemos edificios para un clima que ya no existe"

Un estudio de simulaciones climáticas del BSC indica que el Baix Llobregat y el Garraf verán triplicados los días de ola de calor en medio siglo

Sebastián Marín
13/08/2026 - 14:30 h.

BarcelonaEuropa afronta estos días una nueva ola de calor; la enésima de este verano excepcionalmente cálido, que afecta especialmente a Francia y el Reino Unido, donde los servicios meteorológicos la han calificado oficialmente de episodio de calor extremo. En Francia, 80 departamentos están en alerta naranja por ola de calor, mientras que en Inglaterra se mantiene un aviso que cubre buena parte del sur y el centro del país. El episodio llega también con temperaturas muy elevadas en toda la península Ibérica y otras zonas de Europa occidental, aunque no todas estas áreas cumplen necesariamente los criterios oficiales de ola de calor de sus respectivos servicios meteorológicos.

Los picos de mercurio son cada vez más habituales. Pero más allá de las alertas meteorológicas, este calor extremo también pone a prueba la capacidad de nuestras ciudades y de los edificios. "Estamos haciendo edificios para un clima que ya no existe", asegura contundente Pablo Martínez, arquitecto y fundador del think tank Trescientosmil. Es uno de los autores del'Atlas de vulnerabilidad al calor, elaborado junto con el departamento de ciencias de la tierra del Barcelona Supercomputing Center - Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS).

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Esta es una herramienta visual que recoge hasta 70 simulaciones climáticas para radiografiar qué ciudades del Estado sufrirán más olas de calor en el futuro, cuáles necesitarán más refrigeración y cuáles están menos preparadas para hacer frente al cambio climático. Todo ello, con un horizonte de estudio entre los años 2000 y 2050. Las conclusiones dibujan un escenario poco amable. En el conjunto de municipios analizados, el número de días con olas de calor se triplicará de media en 2050 respecto al año 2000. Al mismo tiempo, la necesidad de refrigeración de las viviendas aumentará un 65%.

Ahora bien, esto no quiere decir que todas las ciudades sufran lo mismo: el atlas muestra diferencias territoriales importantes y pone el foco no solo en el aumento de las temperaturas, sino también en los recursos disponibles para adaptarse a ellas. Para entender por qué la necesidad de refrigeración de las viviendas aumentará un 65%, hay que detenerse en uno de los indicadores más técnicos del atlas: los grados-día de refrigeración (CDD). "No es la temperatura media, sino cuántos grados te estás desviando cada día de la temperatura de confort", explica Martínez. En este caso, la temperatura de referencia es de 23 grados. Es un indicador habitual en el ámbito de la construcción, pero poco intuitivo para el público general. Por eso, el mismo arquitecto recomienda fijarse más en la variación porcentual que en el valor absoluto.

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El ejemplo de Europa, el más claro

Lo más importante, sin embargo, es que estas proyecciones no parten de un único modelo. Los datos climáticos provienen del proyecto europeo Impetus4Change e incorporan hasta 70 modelos climáticos globales y regionales, ejecutados con grandes infraestructuras de computación. Martínez subraya que, aunque los modelos "dicen más o menos" la magnitud del incremento, "todos apuntan en la misma dirección". Y esta dirección es clara: más calor y, sobre todo, un aumento sostenido de las temperaturas.

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Lo que sucede esta semana en buena parte de Europa es la demostración fehaciente de esta premisa: hoy se pueden alcanzar o superar localmente los 37 °C en las zonas más cálidas del sur de Inglaterra, mientras que Francia puede llegar a los 40 °C en amplias zonas y superarlos localmente. En Cataluña también se alcanzarán o se superarán los 40 °C en Ponent y el valle del Ebro, situación que se repetirá en las zonas más cálidas del interior del Estado.

El origen de esta situación es un área de presión atmosférica muy alta, una especie de tapón que impide que el aire caliente escape y favorece muchos días de sol y un calentamiento progresivo del continente. Esto ha permitido que una masa de aire muy cálida se extienda desde la península Ibérica hacia Francia y las islas Británicas. Las previsiones indican que a partir del viernes el calor comenzará a perder fuerza en el oeste de Europa, aunque se desplazará hacia el este y podría mantener temperaturas muy altas durante el fin de semana en Alemania, los Alpes y otras zonas de la Europa central.

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Pero el objetivo de este atlas es precisamente huir de la idea de que las subidas de temperatura son episodios temporales o estacionales. Lo que muestran las proyecciones es una tendencia continuada hacia un clima más cálido. Ahora bien, no todas las ciudades afrontarán este futuro desde el mismo punto de partida. "Todo el mundo piensa que el cambio climático es como si subes el termostato de la habitación y todo el mundo tiene un incremento equivalente. No", explica Martínez. "Hay lugares que lo sufren mucho más y lugares que lo sufren mucho menos. Todo el mundo lo sufrirá", concluye.

Desigualdades en la preparación

El atlas permite ver estas diferencias. El sur peninsular concentra los incrementos más importantes previstos en la necesidad de refrigeración, mientras que el litoral catalán y balear aparece entre las zonas donde más aumentarán las olas de calor. De hecho, Cataluña, el Baix Llobregat y el Garraf encabezan el ranking estatal de incremento de las olas de calor. En cambio, ninguna ciudad catalana se encuentra entre las que experimentarán los incrementos más elevados de necesidad de refrigeración en el Estado, un ranking dominado por Andalucía y el interior peninsular.

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La vulnerabilidad, sin embargo, no depende solo de cuánta calor hará. La herramienta incorpora también la calidad de las viviendas, el verde urbano, el acceso al abastecimiento cotidiano y la renta de los habitantes. Es decir, intenta poner en relación la amenaza climática con la capacidad real de las ciudades y de sus vecinos para adaptarse a ella. "Si la ciudad está mejor preparada, pues le será más fácil adaptarse a la nueva situación", resume Martínez.

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Es aquí donde aparece una de las principales advertencias del arquitecto. El problema no es solo que hará más calor, sino que buena parte del parque de viviendas actual no está pensado para estas condiciones. "La normativa actual de la edificación está más preocupada por protegernos del frío que del calor", afirma. Y pone el foco en el Código Técnico de la Edificación, que utiliza series climáticas históricas del periodo 1970-2000. "Estamos haciendo edificios para un clima que ya no existe", insiste.

Según Martínez, esto obliga a mirar el cambio climático desde la escala urbana. Tres grados más pueden parecer una variación relativamente pequeña cuando se mira solo el termómetro, pero trasladados a los edificios pueden significar mucha más necesidad de refrigeración y más días de calor. "Este salto tiene una magnitud brutal cuando lo acercamos al territorio", resume.

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El atlas, por tanto, no quiere limitarse a señalar qué ciudades tendrán más calor. La intención es mostrar dónde este calor puede coincidir con viviendas peores, menos verde, menos servicios o menos recursos económicos para afrontar las transformaciones. "Hay un salto muy grande entre el futuro que nos espera y cómo estamos preparados para hacer frente a este futuro", concluye Martínez. Y esta es, probablemente, la principal advertencia que deja la herramienta: el cambio climático no llegará solo en forma de temperaturas más altas. Llegará también a las casas, a las calles y a la capacidad (desigual) que tendrá cada ciudad para proteger a los habitantes.