Una de cada diez playas catalanas podría haber desaparecido en 15 años

Solo el 20% de la costa tiene suficiente espacio para que se pueda reaccionar ante la subida del nivel del mar

Barcelona¿Hasta cuándo el litoral catalán puede ignorar las consecuencias ya evidentes de la subida del nivel del mar? La regresión de la fachada costera es palpable y se acelera: desde 2017 hay playas metropolitanas que han logrado tasas de retroceso que van de los 7,5 metros anuales en Montgat a los cerca de 10 metros al año perdidos de media en Badalona. Y la situación todavía es más crítica en puntos como la desembocadura del delta del Ebro. Un 9% de las playas del país pueden haber quedado "totalmente erosionadas" en 2035. Y este es el escenario optimista, para los científicos. Además, cerca de la mitad están abocadas a pérdidas de anchura que pondrán en riesgo la actividad turística y de ocio que permiten ahora mismo. Es una situación "crítica", según la diagnosis que hace el extenso informe Un litoral al límite encargado por el Consell Assessor per al Desenvolupament Sostenible (CADS), dependiente de la Generalitat.

La costa vive las consecuencias de un cóctel peligroso cocinado en las últimas décadas en una zona que representa el 7% del territorio pero en la cual vive un 43% de la población de Catalunya. La presión urbanística ha transformado la mayor parte del litoral –se han hecho viviendas, paseos, instalaciones, puertos y carreteras–, y todo ello ha cambiado la morfología de ríos y ramblas, lo cual ha cortado la llegada de sedimentos que arrastraban y que servían para alimentar las playas. Ahora, con la guinda de la crisis climática, el mar come terreno a la fachada marítima y los temporales (e inundaciones) se vuelven más recurrentes. "Asistimos a un tsunami a cámara lenta", insiste Carles Ibáñez, uno de los coordinadores del estudio e investigador y director científico del centro de resiliencia climática Eurecat. El informe propone también una serie de soluciones, empezando por la creación del Conservatori del Llitoral, que tiene que servir para desplegar una estrategia de adaptación, que será costosa y a largo plazo porque afectará a los 70 municipios costeros. "El diagnóstico lo tenemos y es exhaustivo, ha llegado el momento de actuar", ha instado el director del CADS, Arnau Queralt.

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El retroceso de los deltas

Para empezar, la factura de la regresión que ya sufren las playas crece y se volverá insostenible: entre los años 2002 y 2010 se aportaron aproximadamente 775.000 metros cúbicos de arena cada año al litoral catalán, principalmente en las playas del área de Barcelona. Los costes económicos, pero también ambientales, de estas operaciones "no son viables", subraya Ibáñez. Para garantizar arena en las playas –el 61% han perdido las dunas– hay que actuar más arriba, en los cursos de los ríos y en las alteraciones de su morfología, que han interrumpido los últimos años la llegada de sedimentos a la costa.

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Este fenómeno, particularmente agravado en zonas como el delta del Ebro, es el que provoca que la costa en este punto haya retrocedido más de 10 metros por año en la desembocadura. En el delta del Llobregat el retroceso es de casi un kilómetro, según los trabajos del catedrático de la Universitat Politècnica de Catalunya Juan Pablo Martín-Vide.

Hoy solo un 20% del litoral tiene suficiente espacio para retirarse y esquivar los efectos de la subida del nivel del mar. "¿Hasta cuándo nos podremos permitir reaccionar solo ante episodios?", se pregunta Ibáñez en declaraciones al ARA, cuando no hace ni diez días de las imágenes de inundaciones en el Montsià y todavía con la factura de 75 millones de euros que dejó el temporal Gloria hace poco más de un año y medio. El informe insta a las administraciones a prepararse y "repensar el urbanismo" teniendo en cuenta esta amenaza y avisa que es inviable pensar que todo lo que actualmente está construido se pueda proteger. El 60% de la fachada marítima del país (el 80% si no se cuentan el Cap de Creus y el delta del Ebro) está urbanizada en los primeros 100 metros a lado del mar.

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Comprar terrenos, trasladar equipaciones

El patrimonio en peligro, avisa Ibáñez, son, de entrada, las playas, pero también hay que pensar en otras construcciones que quedarán afectadas por la crecida del mar y están en zonas inundables o de especial vulnerabilidad. El informe señala el caso paradigmático de la línea R1 de Cercanías en el Maresme, que varios informes proponen que se traslade en el futuro. "Estamos entrando en un periodo en el que algunas infraestructuras quedarán obsoletas y habrá que pensar dónde tenemos que hacer las nuevas teniendo en cuenta esta realidad", insiste. Se tendrán que priorizar las zonas más críticas y optar por la compra de terrenos y el traslado de equipaciones para generar espacios de adaptación. Esta es precisamente una de las prioridades que tiene que recoger el Conservatori del Litoral, que se tenía que haber creado ya este verano y está pendiente. "No podemos proteger todo el litoral con espigones, que son muy costosos e ineficientes desde el punto de vista ambiental. Hace falta un urbanismo adaptativo como el que ya están haciendo Francia o el Reino Unido", corrobora el profesor de derecho administrativo de la Universitat de Girona, Josep Aguirre.

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El diagnóstico de los científicos también obliga a repensar los planes urbanísticos futuros, que proponen la construcción de 120.000 viviendas nuevas y que ahora la Generalitat quiere revisar porque reconoce que buena parte del litoral "ha superado su capacidad de carga", según explica el director de Políticas de Montaña y Litoral, Albert Alins. Este mismo mes tiene que poner en marcha los trámites para un nuevo plan urbanístico que afectará a toda la fachada litoral entre Malgrat de Mar y Alcanar, siguiendo los pasos del que se hizo en la Costa Brava, donde se autorizaron 15.000 nuevas viviendas de los 31.000 potenciales que preveían los diferentes planes municipales. El informe hace un llamamiento a sumar todas las administraciones, también las estatales y los ayuntamientos, para que revisen sus planes y detecten qué está en riesgo –paseos marítimos, equipaciones, infraestructuras...– para poder actuar.

El coste de adaptar kilómetros y kilómetros de fachada marítima amenazada será muy elevado, y el mismo informe hace propuestas como que una parte de la recaudación de la tasa turística se destine a nutrir el Conservatori del Llitoral (de los 19 millones de visitantes que vinieron a Catalunya en 2019, un 90% se alojaron en la costa). También plantea gravar todas las actividades que hagan un uso del litoral o crear nuevos impuestos sobre las segundas residencias en estas zonas.