Una nueva decepción
De nuevo, los resultados de la prueba PISA no invitan al optimismo en el conjunto del Estado español, pero tampoco a escala internacional. Bajan por tercera vez consecutiva, y se consolida una tendencia que hoy por hoy parece difícil de revertir.
En el caso de Cataluña, a pesar de estar por encima de los resultados del Estado, los resultados no son homologables dada la restricción interpretativa derivada del 23% de alumnos con dificultades que fueron excluidos de la muestra; aun así, si valoramos las puntuaciones obtenidas y proyectamos estadísticamente los resultados, habrían sido similares a los del resto de comunidades autónomas.
En concreto, el estudio revela que en la competencia estrella de esta edición, las ciencias, la puntuación española ha sido de 477 puntos, 8 puntos menos que en 2022 y 6 menos que en 2018, y se sitúa por debajo de los resultados de la UE y de la OCDE. En cuanto a la lectura, con 451 puntos quedamos 13 puntos por debajo de 2022 y 23 de 2018. Finalmente, en matemáticas, con 457 puntos, bajamos 16 puntos respecto a 2022 y 24 respecto a 2018. En todos los casos la puntuación queda también por debajo de la de la UE y la OCDE.
En el resto de elementos valorados, la población escolar española reacciona de forma similar a la del resto de países, e incluso en algunos ámbitos notablemente mejor, como es el caso de la capacidad de resiliencia, la utilización del móvil, el grado de equidad y el sentimiento de pertenencia.
¿Qué significan las competencias evaluadas? La OCDE las denomina “competencias clave”, y con esta denominación se refiere a competencias que son indispensables para desarrollar otras más complejas y de carácter superior que son las verdaderas responsables de la calidad de un sistema. Dominar estas competencias clave no garantiza que el sistema educativo sea de calidad, pero sin ellas seguramente no lo será. Esto nos debe ayudar a situar el valor de los resultados en su punto justo.
Con todo esto, de lo que se trata es de encontrar la fórmula para salir del callejón sin salida en el que estamos y que hace que año tras año tomemos conciencia de que las cosas no funcionan y que es urgente encontrar soluciones.
Desde nuestro punto de vista cabe considerar que, paralelamente a estos efectos, se ha producido un incremento exponencial de la complejidad de la sociedad, y que hay que tener en cuenta su enorme diversidad y el impacto de las tecnologías, con la IA a la cabeza. Esto obliga a la educación a reinventarse si quiere seguir cumpliendo su papel central en el desarrollo personal. La educación ha entrado en un cambio de paradigma que hace tambalear todos los principios en los que se fundamentaba y corre el peligro de quedar obsoleta.
Y no es suficiente con cambios coyunturales o de maquillaje, debemos ir al fondo de la cuestión; hay síntomas de que la situación se agrava día a día. ¿Alguien piensa que la insatisfacción del profesorado se soluciona simplemente con un incremento del salario o de mejora de las condiciones de trabajo?
El sistema ha incrementado el presupuesto notablemente los últimos años y la escuela tiene mejores condiciones, pero los profesores están cada vez más incómodos en sus puestos de trabajo. Cabe preguntarse qué es lo que en realidad está pasando para que el profesor se vea incapacitado para gestionar su entorno y entre en conflicto personal y profesional.
Si no modificamos profundamente la mirada sobre el sistema educativo no lo arreglaremos; hay que cambiar la arquitectura del sistema, hacer que sea más funcional y sostenible, incorporar nuevos profesionales que apoyen a los profesores, comprometer al sistema institucional, social y productivo en las responsabilidades sobre la educación de nuestros niños y jóvenes, y sobre todo incorporar a los docentes y a las direcciones de los centros en los procesos de toma de decisiones. Si no ponemos en marcha un nuevo modelo no saldremos adelante. Antes era la sociedad la que decía a la escuela lo que debía hacer, ahora es la escuela la que interpela a la sociedad y le pide lo que necesita y lidera el tipo de respuesta que hay que dar. Todo esto no tiene nada que ver con el pasado.
Para finalizar, una última reflexión: esto no es tarea de un partido político, esto es un reto mayúsculo y necesita un gran pacto social de país. Hay que acordar las bases del nuevo sistema y después exigir que se cumplan. No usar la educación en la lucha partidista sino incrementar el sentido compartido de la responsabilidad.