Tres de cada cuatro escuelas públicas no tienen el plan de lectura que será obligatorio el curso que viene
Los expertos advierten que es complicado que el curso que viene se puedan tener en marcha todos los proyectos con garantías
BarcelonaSaber leer, leer para aprender y gusto por leer. Estas son las tres patas en las que, según el departamento de Educación, se debe basar el Plan de lectura de centro (PLEC). O, lo que es lo mismo, el plan que marca la línea didáctica y organizativa que debe seguir una escuela o instituto para garantizar que los alumnos terminen siendo unos buenos lectores. A estas alturas, este documento organizativo es solo una recomendación y solo unos 700 de los poco más de 2.500 centros educativos públicos tienen un plan de lectura que cumple los requisitos que marca la Generalitat. Ahora bien, dentro de las medidas para reforzar el aprendizaje que ha anunciado la consejera Esther Niubó esta semana está, precisamente, que el PLEC sea obligatorio. Esto implica que, de cara al próximo curso, más de 1.800 escuelas e institutos públicos tendrán que crear desde cero su plan de lectura o bien modificarlo para cumplir esta directriz.
"Me parece una tontería querer hacerlo todo para el año que viene cuando la formación que se está impartiendo sobre los planes de lectura es prácticamente inexistente", advierte Joan Portell, doctor en didáctica de la lengua y la literatura y profesor de planes de lectura en el máster en biblioteca escolar y difusión de la lectura de la Universidad de Barcelona (UB). "Hacer un plan de lectura no se puede hacer de un día para otro, requiere uno, dos o tres cursos con revisiones anuales y evaluaciones", insiste Portell.
La doctora en lingüística y profesora de secundaria Anna Llauradó también ve complicado que el próximo curso todos los centros tengan un plan de lectura con cara y ojos: "En cuanto a documentación, es factible tenerlo, pero implementarlo y que funcione es la incógnita. En los centros que tienen menos dificultades en la lectura, será más fácil hacer algunos ajustes en el plan de lectura que ya tienen y obtener unos resultados algo mejores, pero allí donde la complejidad sea severa, un documento difícilmente cambiará la situación", advierte.
Llauradó celebra "la urgencia" con la que se está tratando la sacudida post-PISA y ve "positivo" que se haya intentado hacer un "listado de propuestas sobre qué hay que hacer", pero alerta de que las soluciones necesitan tiempo: "Para los alumnos que ahora están en I4, si las cosas se hacen bien hechas, quizás nos podremos ahorrar que este problema persista, pero si pensamos en las próximas PISA que harán los chicos que ya están en sexto de primaria o en 1º de ESO, debemos ser más cautos. Hace falta tiempo para implementar bien las cosas y lo primero que necesitamos es una detección bien hecha".
Diagnóstico
De hecho, en las instrucciones del departamento para redactar el PLEC ya se advierte que "hará falta un buen diagnóstico". "Necesitamos una descripción bien hecha de cuál es la situación actual en cuanto a la comprensión lectora y esto es algo de lo que ahora no disponemos. No tenemos una descripción precisa de por qué los niños no saben leer bien", alerta Llauradó. "Es una información que necesitamos para que cada centro pueda diseñar su plan lector", insiste.
En este sentido, Portell apunta que este diagnóstico no solo debe tener en cuenta la capacidad lectora directa de los alumnos, sino también su entorno. "Es muy diferente un diagnóstico que diga que a los niños en su casa sus padres les cuentan cuentos, que los reyes les regalan libros y que van a las bibliotecas, que un diagnóstico que me diga que los niños cuando llegan a casa no hay nadie hasta las once de la noche".
Portell explica que es imprescindible que el diagnóstico tenga en cuenta las necesidades de determinados niños porque, si no, "nos encontramos situaciones en las que en una misma clase hay niños que llegan a sexto de primaria con el nivel de lectura perfectamente alcanzado y otros que van tres cursos atrás". "Esto les repercutirá, por supuesto, en la ESO", avisa el doctor de la UB. "Hacer el plan lector sin este diagnóstico inicial es como jugar a la lotería, que funcione sería casi magia", insiste Llauradó. Además, explica que este diagnóstico se debería repetir con una prueba de comprensión lectora cada inicio de curso.
Lectura colectiva
Una vez realizada la diagnosis, el plan de lectura debe incluir las estrategias didácticas para enseñar y fomentar la lectura desde infantil 3 hasta 2º de bachillerato. En este punto, Portell insiste en la necesidad de practicar la lectura colectiva y advierte que esto no pasa por la típica escena de leer en voz alta un libro en clase y que a cada alumno le toque una frase. "Esta es la peor estrategia que se pueda llegar a pensar, porque miras qué frase te toca y te olvidas del resto del texto, no hay comprensión", advierte.
El experto explica que hace falta una mirada social sobre cómo se trata la lectura –leer un texto, hacerlo en voz alta, teatralizarlo, buscar diferentes géneros, abrir debate con los alumnos...– y con qué libros se leen. "El plan debe contener las lecturas básicas que todo niño debería hojear en un momento determinado a lo largo de su enseñanza. Estas lecturas básicas conformarán un imaginario colectivo, un reconocimiento de una cultura y de una sociedad que le acoge y que le determina", describe el doctor. También abre la puerta a que algunas de estas obras las escojan los alumnos: "Los profesores cada año somos un año más viejos y los alumnos siempre tienen la misma edad... Al final yo no estaré nunca al día del manga que más triunfa", admite.
Un tercio de las escuelas no tiene biblioteca
Uno de los puntos clave en el fomento de la lectura en escuelas e institutos es tener una biblioteca escolar. Un equipamiento que en la última década se ha ido dejando de lado, pero que en los últimos años se ha empezado a recuperar. Aun así, según los últimos datos del curso 2023-2024, el 27% de escuelas e institutos públicos continúan sin tener biblioteca y, muchos de los que sí tienen, no disponen de un bibliotecario.
"Una biblioteca sin un plan de lectura queda coja", advierte la coordinadora del máster de biblioteca escolar de la UB, Júlia Baena. A la vez, describe cómo precisamente las bibliotecas y en especial los bibliotecarios escolares son un punto clave para impulsar estos planes. "Tanto puede ser organizando clubes de lectura que no tienen por qué tener que dinamizar los maestros como revisando qué lecturas se recomiendan y ver si hace falta actualizarlas", pone como ejemplo Baena. "Nos hemos encontrado institutos donde hace 20 años que se recomienda un libro y nadie sabe por qué", admite la también exbibliotecaria escolar.