Del iPhone 6 al 'scroll' infinito de TikTok: dos cursos de lectura perdidos en 10 años

Desde el 2015 España ha perdido más de 40 puntos en comprensión lectora en las pruebas PISA

Una chica leyendo en la biblioteca de la escuela Sant Josep del Pi de l'Hospitalet
13/09/2026 - 20:00 h.
4 min

BarcelonaEn el año 2015 salió al mercado el iPhone 6s, el primero que tenía la opción Live de las fotos –hacer un pequeño vídeo del momento para que puedas elegir el fotograma que te interesa–. Instagram dio el boom definitivo llegando a los 400 millones de usuarios mensuales, todavía sin stories ni reels. Quedaban cinco años para que TikTok revolucionara las redes con los vídeos cortos. Entre los adolescentes españoles triunfaban libros como la saga de Los juegos del hambre, After o Bajo la misma estrella. En las pruebas PISA España obtuvo 496 puntos en comprensión lectora, situándose por delante de la media europea (487) y de la OCDE (493).

Solo una década más tarde, la fotografía ha cambiado por completo. En las PISA de 2025 –de las cuales Cataluña quedó fuera por excluir a más alumnos de los permitidos–, España tiene 451 puntos en lectura, situándose por debajo de Europa (459) y del conjunto de la OCDE (461). El informe educativo muestra una realidad alarmante: en una década, los alumnos españoles han retrocedido más de dos cursos en comprensión lectora. Dicho de otra manera, los alumnos que hoy terminan 4º de ESO tienen el nivel de lectura de los alumnos de 2º de ESO del año 2015. En el año 2025, los menores españoles invertían, de media, dos horas diarias en TikTok. El equivalente a un mes entero cada año. En total, usaban el móvil más de cuatro horas diarias.

Ahora bien, ¿toda la bajada es culpa de los móviles? Los expertos consultados por el ARA coinciden en que es un factor más que relevante, pero que en el caso de los alumnos que acaban de hacer las pruebas también hay que tener en cuenta la fase de aprendizaje en la que les pilla la pandemia –con 10 años– y también aspectos estructurales como de qué manera y cuándo se empieza a enseñar a leer o qué pasa en casa de estos alumnos.

El texto que cabe en una pantalla

Una de las ideas que más se ha repetido en esta edición del informe PISA es que los alumnos no son capaces de extraer la idea principal en textos de más de 400 palabras, es decir, lo que cabe en una pantalla de móvil. Aun así, la investigadora Icrea del departamento de traducción y ciencias del lenguaje de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) Pilar Prieto advierte que el problema no es la longitud del texto sino el tipo de hábito lector que se está entrenando con el móvil: "El móvil nos expone a textos breves y fragmentados, notificaciones, enlaces y cambios constantes de atención, y nos acostumbra a escanear y saltar rápidamente de una información a otra. Comprender un texto largo exige justamente lo contrario: mantener la atención, recordar lo que hemos leído, relacionar ideas y construir un significado global".

En el mismo sentido, la doctora en lingüística y profesora de secundaria Anna Llauradó insiste: "Con el mecanismo del scroll infinito con el móvil se tiene una lectura muy en diagonal, que, además, en cualquier momento te hace salir del texto con un enlace. Claro, la comprensión lectora quiere todo lo contrario –explica la también experta de Equitat.org–. Quiere una lectura pausada, continuada, integrando cada frase en la anterior, relacionando cada idea con el conocimiento que tú tienes del mundo. Esto, en el móvil, no es así". "Entonces, si leen poco, y de lo poco que leen una buena parte es en el móvil, estamos reduciendo mucho el tiempo dedicado a hacer una lectura comprensiva. Al final, todo es un poco una tormenta perfecta", lamenta.

Parada en el momento de leer para aprender

Más allá de los móviles, el efecto del cierre de las escuelas también puede explicar parte de la caída de casi más de 20 puntos de España entre el último informe PISA y el que hemos conocido esta semana. A los alumnos examinados les pilló la pandemia en 5º de primaria. "En este ciclo estamos en plena transición de aquello que tradicionalmente decíamos de pasar de aprender a leer a leer para aprender. Si esta parte no se ha hecho de manera suficientemente sistemática, estamos hablando de que no se ha puesto bien un pilar fundamental de la lectura" avisa Llauradó. Desgrana que una cosa es poder decodificar un texto para leerlo en voz alta, y otra es leer en voz alta y no entender nada.

Prieto también explica que la etapa de los 8 a los 11 años es el momento de automatizar la "decodificación lectora" para poder dedicar más recursos a comprender el contenido, relacionar información, hacer inferencias e identificar las ideas principales. "En este momento, la comprensión depende cada vez más del dominio del lenguaje oral, el vocabulario, los conocimientos previos y la capacidad de integrar la información del texto", detalla.

Ahora bien, la Icrea de la UPF también alerta que no todo se puede atribuir al hecho de que estos alumnos tuvieran 10 años durante la pandemia: "También pueden haber influido la disminución de la práctica lectora, los cambios en los hábitos de aprendizaje y los efectos de la pandemia sobre la motivación y el bienestar emocional. Probablemente, hablamos de un efecto acumulativo de diferentes factores en una etapa especialmente importante para consolidar la comprensión lectora".

Menos vocabulario

Dejando la pandemia a un lado, la pedagoga y codirectora del posgrado de neuroeducación de la Universidad de Barcelona Anna Forés también pone sobre la mesa un nuevo factor: cada vez aprendemos y usamos menos vocabulario. "Cada vez utilizamos menos palabras. Un ejemplo lo encontramos en el hecho de que en las casas ya no entran cuentos, y esto es gravísimo". Forés insiste en que "el vocabulario se está empobreciendo" de manera generalizada. "Si yo tengo muy poco vocabulario, tampoco puedo comprender el mundo ni utilizar estrategias para entenderlo –insiste la pedagoga–. Y aquí un punto importante es que cada vez se habla menos en casa. Hemos bajado a las cuatro horas de conversación a la semana en casa, eso es poquísimo. Hemos perdido el placer de hablar por hablar y de escuchar y esto es un problema", describe Forés.

De la importancia de la oralidad también habla Prieto. "Explicar una historia obliga a ordenar los acontecimientos, establecer relaciones de causa y consecuencia, entender las intenciones de los personajes, hacer inferencias y mantener un hilo narrativo coherente. Son procesos muy similares a los que después necesitamos para comprender un texto escrito", explica. Además, también da un punto de esperanza: "Las habilidades narrativas orales al inicio de la escolarización se relacionan con la comprensión lectora muchos años después y estas habilidades se pueden enseñar y mejorar".

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