Barcelona vuelve a desalojar a los expulsados de la Zona Franca
El consistorio evitará que las personas pasen el día en las tiendas, pero dice que permitirá que duerman allí
BarcelonaEs la primera mañana del Ramadán y una treintena de jóvenes argelinos están más preocupados por qué pasará mañana jueves cuando los vuelvan a desalojar para limpiar el espacio que por cómo pasarán las horas hasta romper el ayuno religioso. Son parte de las 175 personas que la semana pasada ya fueron expulsadas de un solar en la calle 2 de la Zona Franca que, según justificó el Ayuntamiento de Barcelona, estaba infectado por ratas. Entonces el grupo se dispersó por calles y otros espacios del polígono industrial, la ronda Litoral o la montaña de Montjuïc, lejos de edificios residenciales. El martes, agentes de la Guardia Urbana les anunciaron que a partir del jueves a las 7 h vendrá una brigada de limpieza que llevará todo lo que no hayan recogido. Sólo podrán volver a plantar el campamento de tiendas a partir de las 20 h, y tendrán que marcharse a las 8 h.
"¿Adónde vamos? No tenemos alternativa", insiste Hichem, que no quiere identificarse, en una repetición de la situación que se vivió la semana pasada. A su lado, Ayoub explica que a un chico palestino los equipos de limpieza se le llevaron el martes sus pertenencias cuando les fueron a comunicar que empezaba la cuenta atrás para el desalojo.
"El chico tuvo que correr detrás del camión y suplicar que le devolvieran las cosas, pero solo logró que le devolvieran la documentación", relata en el exterior de las tiendas, plantadas a pocos metros del solar rociado de productos químicos para atacar la plaga de ratas, y que ahora está encerrado con una valla metálica. Fuentes del Consorcio de la Zona Franca, que había pedido la actuación de la semana pasada en el Ayuntamiento, aseguran que por su parte no se ha reclamado ningún desalojo, aunque admiten que los solares están "llenos de basura" y tienen la voluntad de realizar limpiezas periódicas para evitar "llegar a los niveles de suciedad e insalubridad" de la calle
"Desalojo encubierto"
Los jóvenes avisan de que no tienen otra opción que este solar, donde creen que "no molestan" a nadie. A pocos metros disponen del albergue municipal, donde pueden ducharse y lavar la ropa varios días a la semana. El resto de días se lavan junto a las tiendas. Casi todos llevan el tiempo necesario en el Estado para poder incluirse en el proceso de regularización extraordinaria que prepara el gobierno español a partir de abril y se preguntan entonces por qué se les expulsa.
Para las entidades sociales, la actuación del Ayuntamiento es, de nuevo, un "desalojo encubierto" que vuelve a justificarse "con la excusa de la salubridad", sin dar a estas personas ni alternativa ni servicios para poder pasar el día fuera del campamento. La responsable del equipo jurídico de Arrels, Eva Hobeich, reprocha que solo se busque "el desgaste y el agotamiento emocional" para que se marchen a otros lugares. "Pero no van a desaparecer. Lo único que ocurre es que se hace la vida más difícil a estas personas, ya que no hay ningún plan de acompañamiento ni servicios, ni tampoco se respetan los derechos", concluye la experta, que pide imaginarse cómo sería "tener que hacer cada día una mudanza".
También el activista Ferran Arméstar, voluntario de Salud Sin Techo, lamenta que de nuevo se actúe contra los más desfavorecidos y vulnerables, y que se repita la fórmula del "ultimátum" para desalojar "por la fuerza" a los que intentan encontrar un sitio para "organizar sus vidas con el apoyo del pequeño núcleo" que han creado en la Zona Franca. Dados los desalojos previos del Parque Joan Miró, la Ciudadela o la Sagrera, Arméstar sostiene que hoy en la ciudad "no hay ningún sitio donde se pueda pernoctar sin riesgo de despertarse ante un operativo". Ayoub dice que el jueves por la mañana resistirán "confiando en Alá".