Los migrantes de la playa de El Trampolín: "Somos muchos, es normal que los vecinos estén preocupados"

Este miércoles 20.000 personas se concentraron en Ceuta para protestar contra el gobierno español y exigir soluciones

03/09/2026 - 07:19 h.

CeutaLa playa de El Trampolín es uno de los puntos más calientes de la crisis migratoria de Ceuta, convertida desde hace un mes en un poblado de chabolas y supervivencia. Cientos de migrantes duermen en tiendas de campaña o estructuras que se han inventado con cañas, mantas, plásticos y desechos que han recogido de la calle, bajo la atenta mirada de policías y militares, que supervisan a todas horas los más de 800 metros que ocupa el asentamiento más grande que hay en la ciudad. Los equipos de limpieza tampoco paran: recogen la suciedad para asegurar la salubridad del campamento, incluso este miércoles, Día de Ceuta, en que mucha gente hacía fiesta y la gran mayoría de negocios estaban cerrados.

"La gente de Ceuta tiene todo el derecho a manifestarse; somos mucha gente, es normal que estén preocupados", explica Hamza, al preguntarle por las protestas de este miércoles y las que cada día han protagonizado vecinos de Ceuta desde hace semanas. Hamza es un hombre marroquí que se ha instalado al final del asentamiento de la playa de El Trampolín. Cruzó la frontera con su mujer, Chadia, y su hijo, Riad, que tiene 6 años y juega entre las chabolas mientras el padre atiende a l'ARA. Una de las grandes preocupaciones de los vecinos de Ceuta son los niños y las niñas de la ciudad, muchos de los cuales no quieren salir de casa por miedo desde hace un mes y cuando salen es siempre acompañados del padre o la madre. "Yo lo entiendo, yo también soy padre", asegura este hombre, que dice que decidió marcharse de Marruecos precisamente para proteger a su hijo, ya que en Casablanca "lo habían intentado raptar" y la familia "tenía mucho miedo", recuerda Hamza.

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Esta familia se instaló en la montaña cuando cruzó la frontera, pero los militares les echaron y les pidieron que se fueran a la playa, donde ya hace semanas que viven. Su chabola queda cerca de Amine, un hombre de 46 años que viene de Rabat. Él también cree que los vecinos de Ceuta "tienen razón" cuando salen a manifestarse. "Han venido muchísimas personas de golpe a su ciudad, a sus calles. Yo también tendría miedo", valora este hombre. A pesar de que critican el racismo de algunos vecinos de la ciudad, todas las personas migrantes con las que ha hablado l'ARA dicen que entienden el malestar que han provocado a los ciudadanos de Ceuta, que cada vez están más hartos de esta situación.

Ganas de reivindicarse

Estas semanas es habitual ver personas con la bandera de España atada al cuello o que la hacen volar a través de las ventanas de los coches. En los bares y restaurantes no se habla de otra cosa, sobre todo este miércoles, en que la celebración del Día de Ceuta añadió leña al fuego. Los vecinos tienen ganas de reivindicarse, de dejar claro que están cansados y que necesitan soluciones. En la playa de El Trampolín algunas de las barracas del campamento también tienen izada la bandera del Estado, muchos de ellos llevan camisetas del Barça, del Madrid y de otros clubes de la liga española.

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A pocos metros del asentamiento, un trabajador del servicio de limpieza municipal barre el paseo. Es musulmán y explica que a su hijo, que quiere ser Guardia Civil, lo atacaron un grupo de vecinos porque lo confundieron con uno de los migrantes que entraron ilegalmente en la ciudad a finales de julio. Ha salido igualmente a la calle a manifestarse, con él y su mujer, para pedir la expulsión de todos los migrantes y poner fin, de una vez por todas, a la peor crisis migratoria de los últimos años.