Volver a Marruecos después de un mes malviviendo en Ceuta: "No hay solución"
Visita a la frontera con los inmigrantes que van allí para conseguir dinero, ropa o, también, despedirse de los amigos que se vuelven
CeutaDespués de 35 días en Ceuta, Aiman regresa a Marruecos. Cruzó la frontera poco antes de la entrada masiva de miles de personas a finales de julio con la esperanza de conseguir una vida mejor, pero no ha aguantado la situación de bloqueo que se vive en la ciudad. Dice que está agotado después de haber estado un mes durmiendo en la calle y este jueves, finalmente, ha decidido hacer el camino inverso. Como la mayoría de los inmigrantes que siguen atrapados en la ciudad, va sucio, lleva chanclas y una bolsa pequeña donde guarda todo lo que tiene. Aunque lo ha intentado, no ha conseguido entrar en ninguno de los recursos de alojamiento temporal habilitados por el Estado, saturados por la alta demanda de personas que todavía hay en la ciudad, y se ha alimentado sobre todo de la comida que reparten las entidades sociales. En alguna ocasión incluso ha cogido comida de la basura.
"Regreso a Marruecos porque aquí no hay solución. Nos dicen que volveremos todos, así que me voy ya", explica este joven de 22 años. Lo hace en dariya –el dialecto del árabe que se habla en Marruecos–, porque no habla más idiomas. Con un traductor del móvil explica que este mes que ha vivido en las calles de la ciudad lo ha hecho atemorizado porque ha sufrido "ataques de los militares" que hay en la ciudad y, después de un mes de malvivir, ya ha tenido suficiente, prefiere volver a casa y buscarse la vida en Marruecos. Como él, cientos de personas que cruzaron la frontera a finales de julio han vuelto a su país; la gran mayoría pocos días después de la entrada masiva. Después ha habido un goteo constante de personas, incluso familias enteras, que han desistido al ver la complejidad de la situación en Ceuta y la falta de oportunidades para desarrollar un proyecto de vida.
A Aiman le acompaña su amigo Abdenour, de 31 años, que le despide en la frontera. Él dice que se quedará el tiempo que haga falta, "uno, dos, tres o cuatro meses", mientras ve cómo su amigo cruza el límite que separa los dos países en dirección al espigón de la playa de El Tarajal, por donde entró nadando hace unas semanas. "Yo no he perdido la esperanza", asegura Abdenour. Tampoco lo hace Houssame, que asegura que sabe de muchas personas que han vuelto y se han arrepentido: "Me han dicho que tenga paciencia". Él trabajaba en el aeropuerto de Fez vendiendo tabaco, alcohol y colonias, pero decidió dejarlo para construir un proyecto en Europa. "No me veo en Marruecos, tengo 28 años y no tengo nada allí, ni familia, ni pareja. Solo me tengo a mí y a Dios", explica este joven, que también acompaña a un amigo que ha tenido que ir a la frontera porque está solicitando asilo.
"Entraré de manera ilegal"
Estos jóvenes son algunos de los inmigrantes que están ante la frontera con Marruecos. Si bien es cierto que algunos, como Aiman, deciden volver, hay muchos otros, como Abdenour y Houssame, que se resisten y prefieren aguantar unos días más con la esperanza de que su situación mejore. Houssame no esconde que tiene ganas de dormir, ducharse y comer como antes, pero de momento no claudica y aprovecha que está en la frontera para pedir dinero a las decenas de personas que llegan constantemente de Marruecos por la vía legal. También espera Tarik, pero él busca a alguien que entre en Marruecos y vuelva a Ceuta el mismo día, para que le traiga ropa y zapatos de casa de su madre en Fnideq, junto a la frontera, un municipio que todo el mundo conoce por Castillejos por su pasado español.
Habla muy bien el castellano porque ha vivido muchos años en Marbella, pero intentó entrar un gran cargamento de hachís y lo deportaron. Aprovechó la entrada masiva para cruzar la frontera y ahora busca una manera de volver a Marbella, donde dice que vive toda su familia. "Tengo mucha esperanza de conseguirlo y, si no, entraré de manera ilegal. Pagaré a alguien para que me cuele en la Península", dice muy convencido. Ahora duerme en un coche porque no quiere ir a ninguna de las naves que ha habilitado el gobierno español. "Prefiero estar en Alcatraz antes que en el polígono de El Tarajal. Entré una vez y me caían las lágrimas; allí todo el mundo está fatal", asegura.
Este jueves por la mañana hay mucha niebla en Ceuta, por lo que Tarik prevé que mucha gente intente cruzar la frontera, como ya pasó a finales de julio. Mientras atiende a ARA, un joven pasa corriendo. "¡Cogedlo, cogedlo!", grita un agente de la Policía Nacional desde la frontera. Es un chico joven y va deprisa, pero no ha avanzado ni 100 metros cuando lo detiene un grupo de militares que estaban patrullando cerca del límite entre Ceuta y Marruecos. El joven llora de frustración y asegura que es menor de edad. "Menores, menores", dice rodeado de agentes que se lo llevan por donde ha venido. Fuentes policiales explican que estaba entrando por la vía legal y, en cuanto ha visto una brecha, se ha puesto a correr, pero no lo ha conseguido. Tarik lo mira desde lejos; está convencido de que el chico lo volverá a intentar más adelante.
En el taxi de regreso a la ciudad viaja también Salma, una mujer de Madrid que ha estado unos días en Tetuán, donde vive su madre. Cuando era joven se marchó "con solo una sonrisa" hacia Francia, donde todavía vive su hermano, y después se fue al País Vasco y entonces a Madrid. En la capital conoció a su marido, egipcio, que ya ha fallecido. Explica que les tocó un piso de protección oficial en Vallecas y que han tenido cinco hijos que ya hacen su propia vida. A ella le gustaría vivir en Ceuta para estar más cerca de su familia; su abuela todavía está viva, tiene 104 años.
El taxista, sin embargo, le dice que ahora es imposible alquilar, que no hay nada a buen precio. Él vive en Ceuta desde hace 27 años, su hijo nació en España cuando hacía un año que había llegado de Tánger. Explica que este mes ha sido horrible, y Salma dice que ahora en Tetuán no hay miseria en la calle, ya que "están todos aquí". Hablan en dariya y en castellano, van cambiando, sobre la situación que vive la ciudad. Ambos miran con pena a las decenas de inmigrantes que deambulan al lado de la carretera y que, como ellos, han cruzado la frontera con la esperanza de conseguir una vida mejor.