Emergencia climática

¿Por qué es importante que el cambio climático esté retardando la corriente del Golfo?

Un estudio aporta nuevas evidencias que el calentamiento global está alterando la cinta transportadora oceánica

Es muy posible que si en un concurso preguntaran qué ciudad está más al norte, si Oporto o Nueva York, la mayoría de gente fallaría la respuesta. Todo el mundo sabe que en el nordeste de los Estados Unidos hace mucho frío y nieva a menudo, aunque la verdad es que Oporto está algo más al norte que Nueva York. El motivo que ciudades a la misma latitud tengan climas tan diferentes es básicamente la corriente del Golfo, una corriente oceánica que traslada aguas cálidas del golfo de México hasta el oeste de Europa. La corriente del Golfo es solo una rama de una cinta transportadora mucho más extensa llamada Atlantic Meridional Overturning Circulation (AMOC), un inmenso sistema de corrientes marinas movidas por diferencias de temperatura y de salinidad del agua.

Los últimos informes del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) ya preveían la posibilidad de que el cambio climático estuviera afectando al ritmo de esta corriente, pero esta semana un estudio encabezado por científicos alemanes, británicos e irlandeses ha aportado nuevas evidencias de que esta corriente está funcionando actualmente a la velocidad más baja de los últimos mil años.

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A pesar de que solo se hace seguimiento de datos relacionados con la AMOC desde el 2004, el estudio se ha hecho mediante técnicas de paleoclimatología como por ejemplo el estudio de sedimentos marinos, las anillas de los árboles y prospecciones en el hielo, con unos resultados que apuntan todos hacia una misma dirección: la desaceleración actual de esta corriente atlántica no tiene precedentes en el último milenio.

Después de muchos años de una cierta estabilidad, la corriente se empezó a desacelerar hacia medios del siglo XIX, pero fue sobre todo a partir de mediados del siglo XX cuando el proceso se acentuó. Los autores del estudio creen que todavía queda lejos el punto de no regreso en la desaceleración de la AMOC, pero alertan de que si el calentamiento mundial continúa al ritmo actual, hacia final de siglo la corriente ya se podría volver inestable.

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Unos cuantos estudios y modelos climáticos ya han ido apuntando en la última década que el cambio climático podría causar esta ralentización de la AMOC. La fundición del hielo del Ártico está comportando la aportación de una gran cantidad de agua fría y dulce que podría ser la causante de buena parte de estas alteraciones. Hace tiempo que se puede comprobar en los mapas de anomalías de temperatura anuales, en los que el rojo domina de manera general el mundo pero en el Atlántico Norte se dibuja una mancha azul solitaria, que indica una temperatura inferior a la habitual.

Un clima más caótico

El estudio anima a estudiar posibles consecuencias en lugar de detallarlas, pero según el climatólogo y catedrático de la UB Javier Martín-Vide, la consecuencia más probable durante las próximas décadas es que los inviernos tiendan a ser algo más fríos en el oeste de Europa, donde la corriente del Golfo no aportará aguas tan cálidas. La atmósfera y el océano son sistemas altamente relacionados, y según Martín-Vide todo impacto en un medio con tanta inercia como el océano, que no cambia con rapidez, tendrá forzosamente repercusiones en la atmósfera.

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Algunos estudios recientes también apuntan a la posibilidad de que la ralentización de la AMOC comporte borrascas más potentes en Europa y una circulación atmosférica más caótica, más sinuosa y, por lo tanto, con más extremos. Martín-Vide considera plausible esta posibilidad. Para entender esto, nada mejor que el invierno actual en el hemisferio norte: un invierno de grandes nevadas en la península Ibérica, en Grecia y en Estambul. Un invierno de heladas extremas en lugares poco habituados al frío como Texas, de nevadas récord en algunos lugares de Japón y, al mismo tiempo, un invierno con una temperatura inédita de 17 grados en Suecia. Un invierno con una circulación atmosférica muy caótica, un escenario que podría ser más frecuente los próximos años.