Prisiones

"Para mis alumnos aprender a multiplicar no es tan importante como aprender a confiar en los otros"

Sònia Angelats es maestra en la Prisión de Jóvenes, donde la mayoría de los alumnos no habían ido a la escuela antes de entrar en prisión

24/08/2026 - 20:00 h.

BarcelonaSònia Angelats es maestra de primaria, pero enseña a adultos. El Centro de Formación de Adultos Santiago Rusiñol está dentro de la Prisión de Jóvenes, donde hay chicos de 18 a 24 años condenados o en prisión preventiva. Sus alumnos estudian formación instrumental, "que viene a ser la primaria para adultos". Explica que, en la práctica, el día a día en el aula no se basa tanto en seguir un currículum, como pasaría en una escuela fuera de estos muros: "Para mis alumnos aprender a multiplicar y a dividir no es tan importante como aprender a saber estar, a confiar en los demás, y otros aspectos emocionales necesarios para poder desarrollar la parte académica".

De hecho, el primer nivel de formación instrumental se dedica a la alfabetización, y después del cuarto y último curso los alumnos ya pueden pasar a la ESO. "Todos mis alumnos vienen de otro país, y no es solo que haya una barrera lingüística, sino que en su país no fueron escolarizados o han ido a la escuela de manera muy puntual", explica Angelats, que añade que los motivos pueden ser diversos: "Muchos explican que tenían que llevar dinero a casa y en lugar de ir a la escuela iban a trabajar, otros dejaron la escuela para venir aquí o porque el modelo educativo era muy tradicional y se desvincularon. Hablando con ellos he visto que muchos de sus padres no lo sabían".

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Explica que la rotación de los alumnos en el grupo es constante, no solo porque pueden llegar nuevos internos o salir en libertad los que empezaron el curso, sino que también puede ser que los trasladen a otra prisión. Otras veces los cambios de grupo tienen que ver con poder compatibilizar la formación con un trabajo o otra actividad dentro de la prisión. Por eso, Angelats explica la importancia de conseguir que el grupo esté cohesionado y que los alumnos confíen en ella. "Cuando viene alguien nuevo la maestra tiene un papel importante, pero es mucho más importante el papel que tienen los alumnos en esta bienvenida. Aquí cuesta mucho, y lo que me funciona mejor es que me tengan suficiente confianza porque si les digo que vendrá un alumno nuevo puedan recibirlo sabiendo que no será nada que les desestabilice. La prisión es un medio muy hostil, y cuesta mucho que estén abiertos a recibir a alguien desconocido".

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¿Y cómo intenta ganarse esa confianza? "Una de las cosas más importantes es la mirada con la que les mires, porque ellos lo notan. Si tú les miras como el delincuente de turno, estás perdida. Les tienes que mirar como las personas que son, y esto que parece muy fácil de decir es muy difícil de hacer". Por eso, dice, evita consultar en el historial qué motivo les ha llevado a prisión: "Puedo acceder a un ordenador y mirar el delito que han cometido, pero mi función no es trabajar sobre su delito, no soy psicóloga ni educadora. ¿Qué saco de saber el delito que les ha llevado allí? Nada".

Además, explica, en la relación entre el grupo "también hay muchas dinámicas de poder entre ellos: la maestra manda, pero entre los alumnos siempre hay algunos que mandan más". ¿Por ejemplo? "Si aquel alumno en concreto quiere ser delegado, aunque los otros piensen que no es la persona más adecuada, acabará teniendo su apoyo. Normalmente esto no tiene tanto que ver con el delito que han cometido como con las dinámicas de grupo, con el grado de influencia que ejerce sobre los otros o con si tiene poder para conseguir cosas que los otros quieren".