Prisiones

Esculturas para no volver a la prisión de jóvenes: "Veo que las cosas pueden cambiar"

Un grupo de internos muestran en Barcelona sus creaciones en un taller de artes plásticas

22/06/2026

La Roca del VallèsEl aula se llena dos veces cada mañana y dos veces cada tarde. Son grupos "más o menos" constantes. El profesor explica que el hecho de estar en una prisión, y aún más en la de Jóvenes, hace que haya “una gran movilidad”. "No es fácil sostener un grupo, pero cuando pasa aparecen cosas que son realmente bonitas", dice. Mientras habla, una decena de chicos avanzan en sus proyectos. Unos dibujan, unos pintan con pinceles y otros hacen esculturas a partir de láminas de cartón. Como el resto de internos en la prisión de Jóvenes, todos son adultos, pero tienen menos de 25 años.

Uno que se hace llamar Pantera y tiene 21 años dibuja copiando la escultura de cartón que ha hecho un compañero. "Siempre me ha gustado la parte artística, pero en la calle no lo practicaba. Me ha ayudado a pensar de manera diferente, a ver que las cosas pueden cambiar", dice. Ahora dibuja con lápiz de madera, pero le gusta más usar los sprays –"Me representa más, porque lo siento más espontáneo que el pincel"–. Así lo han hecho para pintar las esculturas, algunas de más de un metro de altura, que se han hecho en esta aula y se han expuesto los últimos días en el convento de Sant Agustí de Barcelona. Sergio, más tímido, dice que espera que esta muestra haga que fuera de la prisión se vea que aquí no están "perdiendo el tiempo". "Estamos haciendo algo productivo para tener otras ideas cuando salgamos y no volver a acabar presos", afirma.

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Del plano al espacio

La exposición Del plano al espacio, que firman los alumnos del Centro Penitenciario de Jóvenes, gira en torno al proceso creativo como herramienta de libertad, expresión y transformación personal. Las obras exploran el paso del lenguaje bidimensional al volumen y sirven para mostrar el proceso vital, creativo y emocional de los internos.

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También Joel dice que el taller no solo le ayuda a no pensar que está preso –"Te distrae la mente, aquí estás encerrado"– sino que también le servirá una vez salga en libertad. Además del taller de artes plásticas, también va al de música –canta y compone– y está haciendo un curso de pastelería. "Es una cosa que te puedes llevar a la calle, un título. Es una herramienta para tenerlo más fácil después para tener un trabajo. No quiero volver a robar ni nada de eso. Uno cambia, quiere su familia, su trabajito, sus cosas", dice.

Para la exposición, Joel ha representado en una escultura las puertas que debe atravesar desde su celda hasta la calle cuando sale de permiso. La dibuja esquemáticamente en un papel mientras la explica. Los cuadros de colores representan puertas de seguridad –"No las puedes abrir tú, las tiene que abrir alguien desde fuera"– y se requiere un "esfuerzo" para salir. En la escultura solo ha representado tres, pero en realidad él tiene que atravesar siete. "A mí me transmite libertad. A cada uno le puede transmitir una cosa diferente. Quizás alguien piensa que son cuadros, o una cosa diferente, pero para mí son ventanas que me llevan a la libertad", explica.

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Grupo y reconocimiento

Agustín Jiménez es uno de los 52 técnicos que imparten talleres artísticos en las prisiones. En el aula se centra en potenciar dinámicas de cohesión de grupo y el reconocimiento de otros puntos de vista. Aquí puede pasar que alguien comience una pieza y la termine otra persona porque el primer autor ha salido en libertad o lo han trasladado a otra prisión. "Son chicos que no han tenido oportunidades, muchos sin escolarización, y nuestro trabajo es motivarlos, que comiencen a crecer, estabilizar sus emociones y sus conductas", dice. "Siempre les digo que aunque estén presos deben tener la cabeza fuera, el arte es un instrumento buenísimo para superar cualquier situación que te oprima", añade. Jiménez insiste en que el objetivo no es que sean artistas, sino "que adquieran cierta sensibilidad y conquisten espacios" donde no habían tenido opción de entrar antes. "A veces me he encontrado exalumnos en la calle que me han dicho que habían visitado un museo", dice emocionado.

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Ahí coincide la subdirectora de tratamiento del Centro Penitenciario de Jóvenes, Mireia Trias, que subraya la importancia del "reconocimiento" que sienten los alumnos. "Muchos no son conscientes de que tienen una capacidad creativa. Y cuando la descubren, les ayuda a sentirse mejor". También valora cómo los talleres son "espacios seguros" en la cárcel, donde pueden "aprender a comunicar de una manera no violenta, entender que la obra del otro es diferente y aceptarla".