"Frené para no atropellar a un turista": la conversación pendiente después de un accidente
Las mediaciones, que son voluntarias, buscan reparar el daño emocional que a menudo no resuelve un proceso judicial
Barcelona"Desde el accidente no podía parar de pensar en cómo estaba, porque no sabía qué le había pasado, si viviría o no". Carlos Roberto Hernández recuerda que los cristales del coche se rompieron en pedazos y que se esparcieron a su alrededor. Antes de tener tiempo de preguntarse qué había pasado, vio a una persona cayendo al lado de su coche, en la calle Mallorca de Barcelona, justo delante de la Sagrada Familia. Quien había caído era Javier, que iba en moto, y topó con su coche, que había frenado en seco. El motorista se rompió tres tendones de los dedos y necesitó hasta cuatro operaciones después del accidente. Todavía hoy no ha podido volver a su trabajo de fontanero y duda si podrá volver a trabajar en él nunca.
Carlos Roberto quizás nunca habría sabido cómo estaba el motorista una vez se lo llevó la ambulancia si no fuera porque meses después se encontraron en un programa de justicia restaurativa. Allí también fue cuando Javier supo por primera vez por qué el conductor del coche se había parado en seco: "Frené para no arrollar a un turista que se hacía una selfie en medio de la calle", explica.
La abogada Roser Hernández intervino en la mediación entre Carlos Roberto y Javier. En el momento del accidente, no hubo ningún margen para que hablaran entre ellos o se explicaran qué había pasado. La mediación, en cambio, permitió que ambos constataran que el conductor del coche no tenía culpa de nada. Mediaciones como esta son voluntarias para ambas partes y se pueden hacer en casos donde no hay responsabilidades penales, o en paralelo a un proceso judicial.
Aunque el turista fue el causante del accidente, los implicados no llegaron a tener sus datos porque estaba de paso en la ciudad y fue el seguro del motorista quien se hizo cargo de la indemnización. Ahora Carlos Roberto admite que le hizo sentir bien saber cómo estaba el motorista y explicarle por qué había frenado en seco.
"Quería que viera que fue un error"
Hernández también participó en la mediación entre un adolescente y un niño de diez años, ambos acompañados de sus madres, por un accidente en patinete eléctrico en el barrio de Hostafrancs de Barcelona. “Había dos chicos haciendo carreras con patinetes, y uno iba a tanta velocidad que cuando se encontró a mi hijo delante no pudo esquivarlo, y eso que era una zona de peatones. Cuando chocaron, mi hijo se quedó agarrado al manillar del patinete, pero cayó al suelo”, explica Anny Alvarez, la madre del niño más pequeño, que volvía de natación solo a casa cuando el patinete chocó con él. “Dejaron a mi hijo tirado”, repite cuando recuerda la llamada de la Guardia Urbana avisándola de lo sucedido y de que el adolescente se había ido del lugar.
Aunque el niño no tenía heridas graves, el susto duró mucho, tanto para el niño como para la madre. Meses después compartieron una mediación con el adolescente y su madre, que les pidieron perdón. "Quería que viera que había sido un error, que se diera cuenta de que todos los actos tienen consecuencias", dice Anny Álvarez. A raíz de la conversación, entre los cuatro supieron que el adolescente llevaba pocas semanas emigrado desde Puerto Rico para encontrarse con su madre, que ya llevaba años habiendo aterrizado en Barcelona. Una historia similar a la de Anny. El adolescente explicó que había huido del lugar del accidente por miedo a que pudiera tener consecuencias en los papeles de la familia.
“En un caso así, todo el mundo pasa un mal trance, nadie tiene la voluntad de hacer daño, aunque por los seguros siempre haya alguien que tenga la culpa”, valora la abogada Roser Hernández. Lo más habitual habría sido que el chico del patinete y el niño no se hubieran conocido nunca, y mucho menos sus madres. Como mucho, se habrían encontrado en el juicio si lo hubiera habido. "Cuando un conflicto se judicializa, las partes normalmente no intervienen como protagonistas de la resolución del conflicto, siempre van acompañadas de un abogado. No tienen la libertad de decir lo que piensan porque quizás podría perjudicar la estrategia del letrado", valora la abogada Elia Pons, que también intervino en la mediación. "Estamos acostumbrados a no responsabilizarnos de la solución de nuestros propios problemas. Cogemos un abogado y listos", añade.
Perdón y reconocimiento
Tanto la mediación entre el conductor y el motorista que chocaron delante de la Sagrada Familia como la que reunió a las madres y a los dos menores involucrados en un accidente de patinete eléctrico se hicieron en el marco de una prueba piloto para un programa de justicia restaurativa que impulsó el Colegio de la Abogacía de Barcelona (ICAB) junto con la Guardia Urbana, que contactaba con los afectados para proponerles participar en él.
Pons destaca el componente emocional de estas mediaciones: "Creo que el perdón y la necesidad de reconocimiento son lo más importante". Coincide Roser Hernández, que añade: "Un proceso penal no permite nada de esto. Por mucho que haya una condena, la parte emocional no la cubre nunca, y tampoco tiene esta función".
El secretario del ICAB y responsable de la comisión de mediación, Carles Garcia Roqueta, también ha realizado algunas de las mediaciones y, como las otras letradas, coincide en que la prueba se podría consolidar. Insiste en los buenos resultados del programa piloto, que recibió en febrero el reconocimiento del departamento de Justicia de la Generalitat.
"Si nos piden volver a participar, nosotros encantados", afirma Garcia Roqueta. El abogado añade que hay interés y conversaciones en marcha para retomar estas mediaciones. "Debería dejar de ser un plan piloto y ser remunerado", remata. Los mediadores que intervinieron en la prueba lo hicieron de manera gratuita, y Garcia Roqueta asegura que solo haría falta que la administración dote al programa de un presupuesto.