Estaba en el punto de pensar cómo morirme y que pareciera un accidente

Lisa Manresa acumulaba 200.000 euros de deuda y recibía más de veinte llamadas al día de acreedores hasta que se acogió a la ley de la segunda oportunidad

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Lisa Manresa, vecina de Tordera a quien han exonerado una deuda de 208.000 euros a través del mecanismo de la segunda oportunidad.
18/10/2026 - 08:02 h

TorderaUna llamada interrumpe la conversación, pero ya no la deja "desesperada", como le pasaba hace pocos meses. "Continúan llamando, pero ahora cojo el teléfono con calma y les digo que estoy exonerada", dice Lisa Manresa. Mientras lo explica, desgrana las cantidades que acabaron convirtiéndose en una deuda inasumible: 14.000 euros para que su marido se arreglara la boca, 15.000 para el coche y 72.000 euros pendientes de la hipoteca que compartía con su expareja, los gastos asociados al trastorno límite de la personalidad de su hija mayor, de 30 años... Cuando ya no pudo asumir los pagos, la deuda acumulada se elevaba hasta los 208.000 euros.

Lisa tiene 49 años, tres hijos más –de 25, 22 y 7 años– y un nieto de 10 años. Se emociona cuando recuerda hasta dónde llegó su desesperación. "Tenía muy presente que cada vez que había firmado un crédito también había firmado un seguro de vida. Estaba en el punto de pensar «¿Cómo lo puedo hacer para morirme y que parezca un accidente y queden las deudas cubiertas?»", admite.

Lo explica al ARA desde el piso donde vive, en Tordera, en el Maresme, el pueblo donde ha vivido toda la vida. Desde que tuvo que marcharse de la vivienda que había comprado con su expareja –que acabó en manos del banco– ha tenido que cambiar de casa varias veces. La angustia por las deudas y las llamadas de los agentes de recobro, que describe como "bulldogs", se acabaron hace cuatro meses. En los momentos más duros las llamadas llegaron a ser más de 20 al día. A veces no solo las recibía ella, sino también su padre y su pareja, Miquel.

El 5 de junio recibió la notificación de que le aceptaban la exoneración de las deudas a través del mecanismo de la segunda oportunidad, que permite a personas insolventes renegociar o cancelar las deudas si cumplen los requisitos legales establecidos, como que no tengan condenas por delitos económicos. Ahora trabaja para la empresa de su padre, que vende carbón vegetal, y está convencida de que no se volverá a endeudar "ni para financiar una lavadora".

1.500 euros en créditos al mes

Lisa explica que después de separarse intentó negociar la deuda pendiente de la hipoteca que compartía con su expareja. "El director del banco me decía «No te preocupes, no te lo reclamaremos nunca»". Pero su nombre continuaba en la lista de deudores y no había manera de que ningún banco le diera acceso a un crédito. También le costó Dios y ayuda conseguir un crédito cuando quiso abrir un negocio con su nueva pareja, Miquel, pintor de profesión y con quien tuvo a su hijo más pequeño.

"Queríamos un lugar donde poder cenar juntos y que el niño corriese sin ningún peligro", explica. Abrieron un parque infantil donde también servían comida casera, y durante los primeros seis meses salieron adelante. Pero pronto vieron que el negocio era insostenible. "La cocina, en un parque infantil, es la última cosa que se aprecia: quieren nuggets con patatas y listo. Quizás tampoco lo gestionamos del todo bien", admite.

El fracaso del negocio todavía agravó más su situación financiera. "Había un préstamo ICO de 25.000 euros del BBVA, un préstamo de 30.000 euros del BBVA, uno de 60.000 euros del Santander, y una Visa con 12.000 euros. Pagaba cada mes 1.500 euros en créditos. Súmale 2.000 de alquiler del local, los sueldos de tres trabajadoras y poder vivir yo... Imposible". Recuerda el último intento de negociar con el banco, sin éxito: "Les dije: «Me estáis obligando a acogerme a la ley [de la segunda oportunidad]». Y él me dijo: «Hazlo, ¿te piensas que al banco le importas?»".

Lisa explica que siempre intentó pagar, incluso si solo podía asumir una parte de las cuotas. Continuó así, incluso en contra del consejo del mediador concursal que en el año 2016 la asesoró. De hecho, este ha sido uno de los argumentos que ha podido utilizar para pedir finalmente acogerse a la segunda oportunidad.

El punto de inflexión para decidirse a hacerlo fue el último no de un banquero para negociar las deudas que tenía allí. "Fui preparada con mil posibilidades, y antes de sentarme ya me había dicho que no". Allí se decidió a buscar un abogado, y encontró a Xavier Batlle, para quien solo tiene palabras de agradecimiento. "Yo pensaba que no me lo darían. ¡Eran tanto dinero!".

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