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El mercurio, un veneno que se resiste a desaparecer del planeta

Una investigación plantea el riesgo de que la crisis climática movilice el tóxico acumulado durante siglos y afecte a la salud humana

G.G.G.
09/10/2026 - 20:06 h.

BarcelonaEn los años cincuenta, Japón fue escenario de una catástrofe de contaminación industrial. Una fábrica de la empresa Chisso [hoy JNC] vertía al mar aguas residuales con metilmercurio, un compuesto altamente tóxico que se acumulaba en los pescados y en el marisco que después consumía la población. En 1956 se identificó la enfermedad de Minamata, que provocaba lesiones neurológicas irreversibles. En algunos casos, los afectados eran bebés, porque las madres habían estado expuestas durante el embarazo. Entre ellos estaba Tomoko Uemura, que murió a los 21 años y se convirtió en el símbolo de esta tragedia. Siete décadas después, y en diferentes lugares del mundo, este veneno para los seres vivos continúa existiendo y ahora una investigación publicada en Science advierte que esconde riesgos para los ecosistemas y la salud humana: la crisis climática podría favorecer la movilización del mercurio acumulado durante siglos.

Hace miles de años comenzaron las liberaciones no intencionadas de mercurio durante el refinamiento de metales antiguos y, a partir de mediados del siglo XVIII, las emisiones aumentaron a escala industrial por la explotación del metal y la combustión. Aunque después se han reducido significativamente las emisiones en buena parte del mundo, este tóxico no desaparece. La vegetación, por ejemplo, capta mercurio del aire y lo transfiere a los suelos, que pueden almacenarlo durante siglos. Esto hace que hoy en día haya una gran cantidad en los suelos, las aguas y los océanos, desde donde puede volver a circular por el planeta. Además, históricamente se han utilizado sales de mercurio como catalizadores industriales en plantas químicas, lo cual también generaba metilmercurio como subproducto.

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Los autores del artículo, los investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Aryeh Feinberg y Alfonso Saiz-Lopez, estiman que aproximadamente el 30% de las emisiones actuales de mercurio provienen directamente de actividades humanas, mientras que cerca del 60% corresponde a mercurio antiguo que vuelve a volatilizarse desde las superficies terrestres y oceánicas. El 10% restante tiene un origen geológico. Los científicos subrayan que el calentamiento global, los incendios y el deshielo no solo pueden alterar su ciclo, sino favorecer su transformación en las formas más tóxicas. “El mercurio antiguo continúa circulando por el sistema océano-tierra-atmósfera, creando un bucle de reciclaje complejo que puede atrapar el elemento tóxico en la biosfera durante siglos”, advierten los expertos.

Cambios industriales y comunidades vulnerables

Pero la preocupación no es solo medioambiental: los expertos alertan de que, en determinadas condiciones, microorganismos de los ecosistemas acuáticos pueden transformarlo en metilmercurio y avanzar por la cadena alimentaria. Por eso, los grandes depredadores acuáticos y las personas pueden quedar expuestos a cantidades importantes del contaminante, como ocurrió en Japón en los años cincuenta. En 2013, medio siglo después de la catástrofe japonesa, las Naciones Unidas firmaron el Convenio de Minamata para fijar medidas que protegieran la salud humana y el medio ambiente, entre las cuales estaban los límites a las emisiones de mercurio de las centrales eléctricas y las instalaciones industriales y la eliminación de las actividades mineras primarias de mercurio y de los usos del mercurio en procesos químicos y productos de consumo.

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Estas medidas han contribuido a reducir las concentraciones atmosféricas de mercurio en Europa y Norteamérica desde los años noventa, y en Asia oriental desde la década de 2010. Pero las consecuencias de la existencia de este tóxico pueden ser especialmente relevantes en el Ártico y en los trópicos, regiones donde el ciclo del mercurio es sensible a los cambios ambientales y donde las comunidades indígenas dependen de los productos marinos capturados localmente como fuente principal de proteínas.

Los investigadores admiten que todavía no se sabe con suficiente precisión hasta qué punto el cambio climático acabará aumentando o reduciendo la contaminación por mercurio. "Los estudios futuros deberían centrarse en determinarlo", plantean.