Salud mental

Sant Joan de Déu detecta el doble de adolescentes que se autolesionan

En tres meses han atendido a 80 jóvenes que se han hecho cortes en la piel, quemaduras o golpes por la dificultad de gestionar las emociones negativas

Esplugues de LlobregatCortes en los brazos, golpes en la cabeza e incluso quemaduras. Estas son algunas de las formas de lesiones que se autoinfligen los adolescentes para escapar de emociones negativas y que la pandemia ha hecho aumentar, en sintonía con el incremento de atenciones y consultas a urgencias pediátricas de salud mental. Concretamente la cifra se dobla en el último año, según los datos del Hospital Sant Joan de Déu, el centro de referencia en Catalunya, que entre diciembre del 2020 y febrero de este año ha atendido 80 casos de jóvenes que se hacen daño conscientemente pero sin ninguna voluntad de acabar con su vida. Justo en el mismo periodo anterior al confinamiento, el número de pacientes fue de 40.

A pesar de que tradicionalmente esta conducta se asociaba a enfermedades mentales graves, cada vez es más frecuente que sean jóvenes sin ningún trastorno previo y que en muchos de los casos tampoco desarrollarán ninguno posteriormente, pero, con todo, los especialistas recomiendan estar alerta pero en ningún caso responder con castigos. La mayoría de las pacientes que han atendido en Sant Joan de Déus son chicas, que optan por hacerse daño con cortes en los brazos, las nalgas o la barriga o con rasguños que las hacen sangrar, mientras que en el caso de los chicos se infligen golpes y quemaduras. Detrás de estas autolesiones hay un problema de adaptación y la dificultad para "gestionar el miedo, la tristeza o el malestar", en palabras de Ester Camprodon.

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La repetición y la intensidad de los daños en el propio cuerpo son las claves que pueden dar pistas de sí será una conducta transitoria, porque, si bien la mayoría se pueden tratar y gestionar dentro del ámbito íntimos del adolescente, Camprodon advierte de que si se trata de lesiones más graves hay que poner al adolescente bajo supervisión profesional para evaluar y descartar patologías sepultadas o asociadas.

Estrés por la crisis

El último año las autolesiones han sido las urgencias que más han crecido en este hospital pediátrico, que ha atendido a un 47% más de jóvenes por trastornos mentales. La doctora Montse Dolz, la jefa de la unidad de salud mental de Sant Joan de Déu, ha atribuido el incremento, en parte, al hecho de que las familias han descartado ir a la atención primaria por miedo a contagios con el covid durante los meses más duros de la pandemia y también porque con unos ambulatorios colapsados se ha esperado mucho en casa y se ha recurrido al médico cuando la situación ya era grave.

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Para la especialista, los jóvenes han sufrido un doble factor que ha sido una tormenta perfecta para impactar en las emociones, justo en un momento en el que los adolescentes están configurando las conexiones cerebrales para llevarlos a la madurez: se han cerrado los espacios de socialización donde se pueden encontrar con otros jóvenes y distraerse de problemas y malos pensamientos a la vez que se han sumado los "estresores" de todas las crisis desencadenadas por el covid. "No han tenido válvula de escape", ha expresado la doctora Camprodon.

Con las autolesiones, el otro gran grupo de pacientes adolescentes atendidos en el centro han sido por un trastorno de conducta alimentaria (bulimia o anorexia), por ejemplo, que básicamente afecta a chicas (nueve de cada diez), que con una conexión permanente en las redes sociales durante el confinamiento se han preocupado más por mostrar una imagen que encajara en el ideario de estar delgadas y siempre perfectas.

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Dolz y Camprodon han subrayado la importancia de las familias de estar atentas a los señales de trastornos incipientes que dejan los adolescentes. En este sentido, apuntan como pistas el cambio radical de conducta y comportamiento, el afán de aislarse de amistades y familiares, pérdida de peso en poco tiempo y sin justificar, trastornos menstruales o el perfeccionismo y la insatisfacción casi enfermiza. La prevención, ha apuntado Dolz, es esencial para evitar que si hay una patología se haga más grave y se pueda empezar a tratar en las etapas incipientes.

La Organización Mundial de la Salud estima que entre un 10% y un 20% de los adolescentes experimentan trastornos mentales, y son los relacionados con la ansiedad, más frecuentes en la etapa infantil, y la depresión. La presentación de la ansiedad en este colectivo difiere de la de los adultos y normalmente aparece en forma de miedos, preocupaciones excesivas, prudencia en exceso, pero también en forma de factores más físicos, como la fatiga, la tensión muscular o el dolor de cabeza o de barriga.