Con asma y sin ascensor, la impotencia de los afectados por la dana dos años después
La reconstrucción de las casas derribadas y la reparación de todos los ascensores son dos de los principales trabajos todavía pendientes
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Valencia"Sentimos una impotencia y una indefensión total. No sabemos qué hacer ni a quién acudir. Llevamos dos años sin ascensor y mi hijo y yo sufrimos asma y mi pareja tiene roto el ligamento cruzado de la rodilla". El segundo aniversario de la dana en el País Valenciano llega cuando algunas cicatrices de la catástrofe siguen del todo presentes y muchas personas sufren sus consecuencias cada día. Es el caso de la familia de Nuria Carmona, una vecina de la localidad valenciana de Picanya que, a pesar de que sufre una enfermedad respiratoria crónica, tiene que subir por las escaleras los cinco pisos que separan el garaje de su casa. También de José Cerdán, un residente de Catarroja que todavía no ha podido recuperar la casa. De hecho, a causa de un litigio entre vecinos, ni siquiera ha podido empezar las obras.
El calvario de Nuria y de sus vecinos empezó cuando la compañía a la cual encargaron la reparación del ascensor, Ascensores Aitana, y a la cual en junio de 2025 adelantaron una parte del coste de la intervención, fue absorbida por otra empresa, Ascensores Pertor. Entonces, y siempre según el relato de Carmona, se iniciaron unos meses de silencio que solo se rompieron cuando la nueva compañía comunicó que consideraba que el presupuesto que habían pactado con la primera era demasiado barato y que no se hacían cargo. Aparentemente la disputa se resolvió cuando la comunidad denunció la situación, y en julio y agosto la empresa envió a un operario para iniciar los trabajos. Desgraciadamente, se trataba de un espejismo. "Desde entonces no hemos sabido nada más", lamenta Carmona, que denuncia la indefensión que sufren. "Yo tengo asma, mi hijo de seis años también, y a mi pareja la operarán de la rodilla. Incluso hemos telefoneado para explicar nuestra situación, saber cuándo repararán el ascensor y valorar si es mejor retrasar la intervención, pero ni así", enfatiza la vecina de Picanya, que afirma que conocen otros edificios en la localidad en la misma situación. Para verificar el relato de la vecina de Picanya, el ARA se ha puesto en contacto con la compañía sin haber recibido todavía una respuesta.
A la espera de las valoraciones de la empresa, la que sí que se ha pronunciado sobre el retraso en la reparación de los ascensores ha sido la Asociación de Empresas de Ascensores de la Comunidad Valenciana (Ascencoval), que ha cifrado en 245 los ascensores dañados por la dana que todavía están pendientes de arreglar o sustituir. La patronal ha destacado el trabajo realizado hasta ahora y ha subrayado que en la catástrofe quedaron inoperativos hasta 7.530 ascensores. Además, ha atribuido los retrasos a la falta de mano de obra y de materiales hechos a medida.
Fin de la solidaridad vecinal
Quien también está "desesperado" y "harto de esperar" es José Cerdán, que vivía con su pareja y un hijo en una vivienda situada a 100 metros del barranco del Poyo. El agua dañó los cimientos de su casa y la de cuatro familias más, circunstancia que hizo necesaria la demolición de los inmuebles –en toda la zona afectada se derribaron 73 casas de forma total y 312 de forma parcial–, un gasto que asumió el Ayuntamiento de Catarroja. Desde entonces han residido en viviendas alquiladas y en casa de su suegra. Hace un año, en conversación con el ARA, explicaba que gracias a la indemnización de los seguros, ya contaba con el 90% del presupuesto para reconstruir el inmueble, una obra que todavía no había empezado, pero que confiaba en iniciar pronto y finalizar en 2028. Tristemente, doce meses después, aquella planificación todavía es papel mojado. Cerdán no puede rehacer su casa porque los inmuebles formaban parte de una comunidad de 40 viviendas que compartían fachada, paredes medianeras, forjados y un patio interior, y algunos vecinos se niegan a compartir los gastos de estos espacios. Dadas las discrepancias, la mayoría ha decidido esperar a que la justicia resuelva. "No todos se niegan a pagar, pero hay cinco que se oponen y el resto calla y agacha la cabeza", se lamenta el vecino de Catarroja. Y concluye: "Aquella unión y solidaridad que nació después de la catástrofe está rota. Ahora lo que brota es el egoísmo y la falta de empatía".