Detenido un menor considerado el principal referente del grupo extremista 764 en el Estado
Es una red transnacional dedicada a captar y explotar menores por internet
BarcelonaSe trata de una red extremista y violenta, dedicada a captar y explotar menores por internet, que anima a sus miembros a intercambiar pornografía infantil e imágenes de actos de extrema violencia sexual. Tiene el nombre de 764 y esta semana se ha detenido al presunto líder del grupo en el Estado. Una operación conjunta de los Mossos, la Ertzaintza y la Guardia Civil ha permitido detener en Gipuzkoa a un menor de 17 años que habría enviado amenazas a centros educativos, ayuntamientos, asociaciones sociales, organismos públicos y diversas personalidades.
El joven anunciaba tiroteos, ataques armados y otras acciones violentas que no llegaron a producirse, aunque generaron alarma social y obligaron al despliegue de dispositivos extraordinarios de seguridad, según informan los Mossos d'Esquadra. El detenido pasó a disposición judicial y cumple una medida preventiva de internamiento en un centro especializado. El detenido es considerado el principal referente en España de la organización extremista, una red transnacional que opera principalmente a través de internet y que busca captar e influir sobre menores y jóvenes vulnerables.
La red 764 surgió en Estados Unidos y toma su nombre de los tres primeros dígitos del código postal de Stephenville (Texas), localidad donde nació su fundador. Con el paso de los años evolucionó desde una comunidad virtual marginal hasta convertirse en una estructura de alcance internacional con presencia en diversos países. Sus integrantes utilizan plataformas de mensajería instantánea, redes sociales y espacios frecuentados por menores para localizar y captar potenciales víctimas. Es considerada una de las comunidades más peligrosas surgidas en internet en los últimos años y diversos organismos de seguridad mantienen abiertas investigaciones sobre sus actividades. Canadá la ha declarado entidad terrorista y para el FBI es un grupo terrorista de nivel 1.
Esta organización ha sido investigada en diversos países por su vinculación con delitos como la sextorsión, el acoso organizado, la distribución de material de explotación sexual infantil, la inducción a las autolesiones, la difusión de contenidos de violencia extrema, el maltrato animal y campañas de amenazas y hostigamiento contra instituciones, entidades sociales y personas. Al detenido se le atribuye presuntamente el envío de numerosas amenazas dirigidas contra centros educativos, ayuntamientos, bibliotecas, asociaciones sociales, organismos públicos y diversas personalidades entre enero y abril de 2026.
En todas las amenazas hacía referencia a su supuesta pertenencia a la organización 764 y, en algunos casos, manifestaba que retransmitiría en directo, a través de una plataforma en línea, los asesinatos que pretendía cometer para que fueran presenciados por otros integrantes del grupo. Entre los hechos investigados destacan también las amenazas dirigidas contra un conocido centro de ocio y contra diversas personas.
Manipulación psicológica
La investigación también permitió descubrir el uso de técnicas de swatting, doxing y suplantación de identidad, prácticas habituales en comunidades extremistas de internet. El objetivo, según los Mossos, era señalar falsamente a terceras personas inocentes para provocar intervenciones policiales, generar situaciones de riesgo y desviar la atención de los investigadores. A consecuencia de estas acciones, al menos dos personas, una en el País Vasco y otra en Cataluña, fueron víctimas de campañas de hostigamiento vinculadas a los hechos investigados.
Las investigaciones revelaron, además, que el detenido mantenía contactos y participaba en espacios digitales donde se promovían dinámicas de manipulación psicológica sobre menores y jóvenes vulnerables. En estos entornos se fomentaban conductas de humillación extrema, autolesiones y sometimiento a la voluntad de los captadores. Entre las prácticas detectadas había actos de autolesión en los que las víctimas eran presuntamente inducidas a grabarse haciéndose cortes en los brazos, llegando incluso a escribirse sobre la piel nombres o alias relacionados con los captadores.
También se localizaron referencias a conductas degradantes consistentes en obligar a determinadas víctimas a exhibir mensajes escritos con sangre o excrementos, y también a hacer actos humillantes para difundir posteriormente las imágenes dentro de la comunidad virtual como mecanismo de control y sometimiento.