La larga y trágica espera de los familiares en Córdoba: "La esperanza no la pierdes, pero sabes que ya no está"

El entorno de algunas de las víctimas mortales del descarrilamiento del tren en Adamuz describe cómo han sido sus últimas horas

21/01/2026

CórdobaUn hombre y una mujer están sentados en la cafetería Roche, que hace esquina entre dos calles residenciales de Córdoba. Él toma un café y ella un vaso de leche mientras apuran las migajas de dos pastas que ya se han comido. Prácticamente no hablan. Ambos miran a la calle a través de un gran ventanal. Fuera todo está oscuro y apenas pasan coches. Tienen la mirada completamente perdida. Ella se llama Blanca y él se llama José, y recientemente han sabido que un familiar suyo ha muerto en el accidente entre dos trenes de alta velocidad en Adamuz, en la provincia de Córdoba.

Al lado, siete personas se sientan en una mesa grande. Dos mujeres lloran. Un hombre sale afuera a hablar por teléfono. "Sí, era un gran hombre", va repitiendo. Otro hombre también sale para fumar; le tiemblan las manos cuando envuelve el cigarrillo, que chupa con intensidad. También han conocido la mala noticia de la muerte de alguien cercano esta tarde. José se levanta y paga en la barra con monedas. Salen de la cafetería y abren el coche para volver a abrir camino hacia Huelva.

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Éste era el destino de Víctor, su cuñado. En los últimos días les pasó con su esposa y su hijo, de sólo siete años, en Nicaragua. Ella es de allá; él es de Bolivia. Vivían en Huelva. "Un retraso del vuelo salvó la vida de mi hermana y el niño", explica Blanca. No saben muy bien por qué, pero el billete de la mujer y del niño no funcionó y tuvieron que tomar otro vuelo para volver a Madrid. Víctor cogió el vuelo que le tocaba. Y una vez en Barajas le iba a llevar a casa. Llegó justo, pero a tiempo. "Si no hubieran retrasado su vuelo, mi hermana y el niño también estarían muertos", afirma Blanca. Desde el vagón, Víctor envió un audio a su pareja en la que decía que todo iba bien. Pero no dijo más. "Ya hacía dos días que lo buscábamos", describe, resignado, José.

Han buscado por todos los hospitales de Córdoba sin encontrarlo. "Teníamos la esperanza de que se hubiera quedado en un agujero, vivo; que levantaran un pedazo del vagón y lo encontraran bien", dice Blanca. Se pusieron en el peor escenario cuando decidieron que su hijo diera su ADN a los servicios forenses para saber si su padre era alguna de las víctimas, un gesto que muchos familiares han hecho durante estos días. "No pierdes la esperanza, pero en el fondo sabes que ya no está", continúa.

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Han esperado en el centro cívico Ponent, junto a la plaza de toros de Córdoba, en una sala con otras familias que también estaban esperando. Es un punto de atención psicológica con voluntarios de Cruz Roja. "Nos hemos apoyado entre nosotros", describe José. El peor escenario ha llegado cuando les han subido al piso de arriba. Ya sabían lo que quería decir. Les han dicho que el ADN del niño ha dado positivo con una de las víctimas.

Epicentro del duelo

En ese centro cívico de Córdoba se concentra el duelo de los familiares de las víctimas del accidente ferroviario. Un duelo retransmitido en directo por varias cámaras de televisiones que aguardan fuera del cordón policial que se ha montado en torno al recinto. Se repite la imagen de familias levantando la línea policial y entrando dentro. Y otros que salen con malas noticias. Un hombre lamenta que ha muerto su hijastro. "Y Renfe aún no nos deja enterrarle. Solo hablan de trámites y más trámites. Es injusto. La burocracia no puede ir por delante", se va quejando, visiblemente emocionado, mientras pasea a un pequeño perro por los alrededores del centro cívico.

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Paradójicamente, Córdoba se ha convertido en el epicentro de una tragedia que no afecta a su pueblo. El accidente ocurrió en la periferia de Adamuz, en una zona boscosa. Ningún afectado era de ese pequeño pueblo. La mayoría de víctimas viajaban a Huelva oa Madrid, y eran de esas localidades. El tren Alvia lo conducía Pablo, originario de Alcorcón, finado en el accidente.

Entre los fallecidos se encuentra Ricardo Chamorro, ex director suplente del centro penitenciario de Huelva, que regentaba una conocida academia de oposiciones y regresaba de la capital tras acompañar a los alumnos a un examen. También ha perdido la vida el preparador de las oposiciones Andrés Gallardo. Y opositores, como Mario, Pepi o su hija Ana. También han muerto el periodista Óscar Toro y la fotógrafa María Clauss. Hay nombres y más nombres que completan la lista negra de víctimas de la peor tragedia ferroviaria de la década.

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¿Por qué ocurrió es una pregunta que sigue sin respuesta. También buscan respuestas los familiares de las víctimas. A primera hora del martes, una mujer reclamaba entrar en la Ciudad de la Justicia de Córdoba, donde descansan los cuerpos de los difuntos del siniestro. La mujer explica que primero ha ido al hospital, después al punto de atención psicológica instalado en un centro cívico y en la Comandancia de la Guardia Civil. Pero no encuentra a su tío.

Blanca y José reciben una llamada antes de subir al coche. Es un amigo de la familia que les da el pésame. "Es una absoluta mierda", va diciendo Blanca con el teléfono. Por último, le agradece el gesto, cuelga, el vehículo se enciende y vuelven hacia Huelva.