Sucesos

Olfateando drogas en la puerta de un festival de Barcelona: "En puertas: el perro no miente"

La Guardia Urbana interviene sustancias a 14 personas durante un control en los accesos del Brunch Electronik

08/08/2026 - 21:07 h.

BarcelonaEl Firu baja ágilmente de la furgoneta donde se estaba esperando –con el aire acondicionado encendido– moviendo la cola. Tiene ganas de jugar. Su guía lo conduce hacia la rampa que lleva a la entrada del festival, con una multitud de gente subiendo hacia los controles de acceso. El guía se deja llevar por El Firu, que, hiperactivo, se va moviendo entre las piernas de los asistentes. Algunos lo tocan, otros comentan lo bonito que es, este pastor alemán, hasta que empieza a rodear a un joven y se sienta delante de él.

El joven no acaba de intuir lo que pasa mientras acaricia al perro afectuosamente y sonríe. La sorpresa se la lleva cuando el guía, agente de la Guardia Urbana de Barcelona, le dice que el perro acaba de marcar que lleva droga. Primero, el chico dice que no, después comenta que es CBD (un compuesto del cannabis que no tiene efectos psicoactivos), pero el guía sentencia, con una respuesta que se repite a lo largo de la tarde: “El perro no miente”.

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La escena tiene lugar en la entrada del Fòrum este viernes a las 18:30 h de la tarde, el momento en el que más gente acude al festival Brunch Electronik. Efectivamente, El Firu no falla: todavía se ha de llevar a analizar al laboratorio –como se hace con todas las drogas requisadas–, pero el joven se lleva una multa de unos 400 euros por llevar marihuana. Y El Firu, que lo interpreta todo como un juego, recibe su premio: una especie de mordedor que roe con la ilusión de un niño.

Valeriano Lucas Casado, subinspector de la UREP de la Guardia Urbana, explica que los perros pueden detectar también drogas sintéticas, ya que huelen algunas moléculas concretas que coinciden en la gran mayoría de sustancias. También los hay que detectan dinero en efectivo, billetes, útiles sobre todo en entradas a narcopisos o a lugares donde sospechan que se esconden calés.

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El subinspector añade que este método para detectar droga es poco invasivo y, a la vez, preventivo: hay gente que cuando ve al perro ya tira la droga antes de entrar al festival o al día siguiente ya no lleva. El mando policial explica que es importante prevenir la entrada de estas sustancias, sobre todo para evitar peleas. “No somos unos aguafiestas”, aclara, precisando que siempre intentan que la persona acuda igualmente al festival, pero sin la droga. Cuando ven al perro, muchos intentan separarse disimuladamente mientras de fondo ya suena la música electrónica que los ha traído –muchos son turistas– a la capital catalana.

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A distancia

La rampa que conduce al festival no es el escenario ideal para Firu. Hay mucha gente y hace viento, lo que dispersa un poco su olfato. Aun así, no falla. A algunos los pilla a distancia, dirigiéndose directamente al objetivo sabiendo, desde 10 o 20 metros, que lleva droga. Los asistentes lo aceptan con deportividad, menos alguno que niega la mayor y después de una búsqueda a fondo se detecta que llevaba dos pastillas de MDMA en el calcetín. Firu aguanta unos 20 minutos y llega el turno de Hutch.

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Llegó con su hermano, Starsky –en honor a la pareja de detectives—, dos cachorros de la Guardia Urbana procedentes de Alicante. Aunque se han criado juntos, ahora, no se sabe muy bien por qué, los hermanos no se llevan bien y no se pueden ni ver. Pasa en las mejores familias...

Los agentes han hecho toda su formación y también los cuidan, los pasean y en muchos casos viven en sus casas. Ahora bien, hay que vigilar muy bien dónde los pasea: “Evito lugares donde pueda haber personas consumiendo, ya que se podría pensar que está trabajando”. Su premio es una pelotita que muerde con entusiasmo después de marcar, a mucha distancia, a un joven con una camisa veraniega. “Llevo todo lo de mis amigos”, responde, preocupado. Se le encuentra cristal y cocaína, entre otras drogas. La cantidad es tan alta que pasa a ser un delito penal y tendrá que acudir a un juicio. “Es que llevaba toda la droga de mis amigos”, va repitiendo el joven mientras sus amigos lo esperan. “Normalmente, la gente no nos lo pone difícil”, comenta el subinspector. En este momento hay 15.000 personas en el festival y se espera que haya 22.000 a lo largo de la noche.

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La frase “el perro no miente” acaba siendo completamente cierta. Con poco más de una hora, los dos perros marcan a 14 personas en la entrada del festival. Las 14 personas llevaban droga, en la gran mayoría de casos cigarrillos con marihuana o hachís ya liados. El subinspector explica que el objetivo es hacer controles “cualitativos y poco invasivos”.

Su unidad ha hecho desde principios de año 1.200 intervenciones de droga y el 60% ha sido gracias a los perros. Fallan poquísimo, a veces porque huelen la gasolina de un mechero –diversas drogas, aunque pueda sonar sorprendente, se mezclan con gasolina durante los procesos químicos–. Normalmente, los jubilan entre los cinco y los siete años y siempre se les queda o su guía o otro miembro del cuerpo.

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