"Estamos removiendo cielo y tierra": los familiares de los desaparecidos buscan respuestas
Familias de víctimas y supervivientes afrontan horas de angustia e incertidumbre mientras el pueblo de Urda intenta asimilar la magnitud de la tragedia
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Urda (Toledo)Urda es un pueblo destrozado y derruido emocionalmente. No son palabras de este visitante pasajero, sino la sensación generalizada de los vecinos y vecinas de esta pequeña localidad de Castilla-La Mancha que dejará de ser conocida por su Cristo y pasará a ser recordada por una tragedia ferroviaria que todavía cuesta digerir. A las ocho de la tarde, casi doce horas después del siniestro, la plaza del Ayuntamiento rinde homenaje a los muertos mientras los familiares de los desaparecidos están –o están llegando– a Toledo. Muchos han pasado la tarde en la escuela pública recibiendo atención psicológica y, después, se han tenido que desplazar a la capital de provincia para presentar la denuncia a la Guardia Civil y dar las muestras de ADN para saber si entre las víctimas mortales están sus seres queridos. Para que los puedan identificar si es así.
La angustia y el miedo se mezclan con el desasosiego y la falta de información tanto entre los que estaban a bordo de los trenes y no encuentran a sus familiares o amigos, como entre los que se desplazan para buscar respuestas. "Han volado las maletas. Yo me he acurrucado en los asientos, tengo golpes en las rodillas. Ha entrado un raíl en mi vagón, estaba a dos metros de mí", recuerda Antonio, que está acompañado de su hija. Él es uno de los heridos. También tendrá que desplazarse a Toledo porque no sabe dónde está el compañero con el que viajaba. "Después he bajado, he ido al séptimo vagón, donde estaba mi compañero, a buscarlo. Pero no lo he encontrado. No sabemos dónde está, estamos removiendo cielo y tierra para ver si aparece, pero no hay mucha información", lamenta.
Renfe ha habilitado alojamientos allí para que puedan pasar la noche, pero, poco a poco, y con un profundo dolor, Urda va vaciándose. Quedan los vecinos que reviven la experiencia y los periodistas que buscan testimonios. En Urda, el ministerio de Justicia ha reforzado tribunales y médicos forenses y se han activado cuatro oficinas para obtener el ADN de familiares y darles apoyo psicológico en Madrid, Toledo, Córdoba y Sevilla. También está previsto que tres facultativos del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses de Madrid se desplacen para dar apoyo a la recogida de muestras de ADN y al envío para analizarlas.
Pero no es fácil atender a los familiares. La incertidumbre los asola. “Ventilación emocional”, receta una de las psicólogas que los ha atendido. Tienen que expresar cómo se sienten. Pero es difícil decirles nada. El mismo Antonio explica que él ha participado en las tareas de rescate, que han podido sacar a la gente herida haciendo una camilla con fibra de vidrio de los vagones para poder llevarlos a una zona más segura. Progresivamente, abrazados y cabizbajos, abandonan el pabellón de la escuela que los ha acogido. Les han llevado comida, bebidas y estufas. Hoy volverá a estar repleto de niños y niñas, que también estaban allí ayer a primera hora, ajenos a la catástrofe que había ocurrido a pocos kilómetros.
La consternación de un pueblo solidario
El pueblo vuelve a unirse al minuto de silencio convocado en todos los ayuntamientos. “Sufrimos el dolor que han sufrido muchas familias”, expresa Manuel Galán, alcalde de Urda, con un micrófono. Quiere “acompañar en el dolor” a las familias, destaca “la excelente colaboración” entre todas las administraciones y saca pecho de la respuesta de la gente: “Hay veces que estas situaciones graves sacan lo mejor de nosotros”.
Porque si hay algo que todo el mundo destaca es cómo ha reaccionado la gente de Urda. El pueblo “se ha volcado”. Lo dicen todos los vecinos. “Éramos conocidos por el Cristo y ahora seremos conocidos por esto”, lamenta un joven, que charla con su grupo de amigos. No es la única conversación donde aparece el Cristo de Urda. Su día grande es el 29 de septiembre, hace apenas un mes, cuando el pueblo duplica o triplica la población por toda la gente que viene a ver la procesión.
Yolanda ha pasado horas en el pabellón ayudando. “Estaremos mucho tiempo hablando de esto”, asegura. Pero al mismo tiempo celebra que el pueblo haya sido “ejemplar”. Otra vecina se ha enterado a primera hora. Ha ido en coche a ayudar a llevar a los heridos al pueblo. Era un “ambiente desolador”, describe. Sara también ha utilizado su monovolumen de siete plazas para trasladar a gente. Dos matrimonios, una tía y una sobrina. Los más graves han sido trasladados a los hospitales. De disposición a ayudar no faltaba.
Gabriel estaba trabajando en el campo muy cerca del lugar de la colisión. “He sentido un estrépito como el de una bomba”, recuerda. Y después ha visto cómo se incendiaba la cola del tren de Iryo. Quince minutos más tarde, Francisco ha llegado cerca de la zona. Estaba paseando en bicicleta con un amigo y, muy rápido, han visto cómo el lugar se llenaba de policía local, Guardia Civil y ambulancias.
Sebas y su mujer han estado ayudando como han podido a los familiares y a los heridos. "Los veías y te pedían un abrazo para tener un poco de consuelo", explica. Otra vecina del pueblo también ayudaba como podía: “Le doy mi hombro, que es lo que necesita”. Siempre sale la cara buena. “No sé de dónde han sacado tanta comida”, exclamaba una señora mientras esperaba que empezara el minuto de silencio. Tenía razón. Tanto es así que los bares han cerrado para poder preparar comida para las víctimas y los familiares. También ayudan los pueblos de los alrededores. De hecho, hay establecimientos que incluso se han quedado sin pan. Urda no olvidará un día como hoy. Pero tampoco se olvidará el calor humano que han brindado en los momentos más complicados.