Tráfico de drogas

Talar un bosque para montar una plantación de marihuana

Los traficantes incluso arrasan espacios naturales en Catalunya para cultivar droga

Espacio natural del Forat de Bulí (la Noguera)El trayecto es un camino de cabras. En los primeros tramos sí que hay algún vestigio que hace pensar que alguna vez estuvo mínimamente asfaltado, pero después ya se convierte en una pista de tierra y piedras donde un turismo convencional tiene muchos números de quedarse encallado. Solo un todoterreno puede avanzar sin problemas, pero aun así llega un momento en el que tampoco se puede seguir: hay que bajar del vehículo y andar durante media hora por una zona forestal hasta que de repente se abre un gran claro en el bosque donde crecen centenares de plantas de marihuana de hasta tres metros de altura. Parece increíble que alguien haya ido a un lugar así, tan inhóspito y remoto, haya talado los árboles y haya hecho una plantación de marihuana en medio de la montaña, pero esto es lo que ya está pasando en Catalunya.

Los Mossos d'Esquadra desmantelaron esta semana una plantación de dimensiones descomunales en el espacio natural del Forat de Bulí, en la Noguera, unos 30 kilómetros al norte de Ponts, donde los traficantes habían talado nada más y nada menos que unos 220 árboles para cultivar droga, según cálculos de la Unidad Regional de Medio ambiente de la policía catalana. También habían dejado casi sin ramas un centenar de árboles más –en concreto, 60 pinos, 12 robles y 31 encinas– para que no hicieran sombra a las plantas de marihuana que, en esta época del año, ya estaban muy crecidas. De hecho, ahora es el momento álgido de las plantaciones de marihuana al aire libre porque a finales de agosto y principios de septiembre es cuando se lleva a cabo la cosecha.

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"Hay excursionistas y cazadores que nos avisan", responde sin querer dar muchos detalles el sargento Martí Gil, jefe de la Unidad Territorial de Investigación del Pirineu Occidental de los Mossos d'Esquadra, cuando se le pregunta cómo demonios detectaron una plantación en un lugar tan apartado. El 5 de julio es cuando les dieron la voz de alarma y, desde entonces, su equipo ha estado vigilando la zona con prismáticos hasta que ha calculado que las plantas ya estaban lo bastante crecidas para que la plantación constituyera un delito. Si las plantas no han florecido, no tienen suficiente THC, que es el principio activo del cannabis.

El sargento Gil y sus efectivos siguen la operación policial a través de los walkie-talkies y situados a pocos kilómetros de la plantación. Hoy se lo juegan todo después de semanas de trabajo en las que, además de vigilar la zona, han estado haciendo un montón de papeleo para obtener el permiso judicial para el decomiso. Los agentes del Grupo Especial de Intervención (GEI) de los Mossos son los que se encargarán de asaltar la plantación para detener a las cuatro personas que la vigilan. Por eso ya hace horas que están desplegados en la zona, incluso antes de que haya despuntado el día. También hay efectivos del área Regional de Recursos Operativos (ARRO), que controlan el perímetro. Pero se hacen las siete de la mañana, las ocho, las nueve… y no pasa nada. La espera se hace eterna.

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De golpe, hacia las 9.30 h se oye por el walkie-talkie a un agente del GEI que cuchichea: “Se escapan”. El sargento Gil no puede evitar entonces una ligera mueca de disgusto. Dos de los delincuentes han salido corriendo a través de la montaña y de los otros dos no hay ni rastro. Por más que el GEI peina la zona a pie y con drones, no consigue encontrar a nadie. El bosque es demasiado frondoso.

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Con todo, el sargento Gil no se da por vencido y solicita por walkie-talkie un helicóptero de apoyo con cámaras térmicas para localizar a los fugitivos. Está convencido de que no pueden estar muy lejos. “A esta hora ya hace demasiado calor y las cámaras no los detectarán. Y tampoco será posible verlos porque la vegetación es muy espesa”, contesta una voz al otro lado del aparato. “¿Y por la tarde?”, pregunta entonces el sargento. "Por la tarde tenemos un servicio en Lleida por la visita de un miembro de la familia real", recibe como respuesta. El pasado martes, que es el día que los Mossos d'Esquadra hicieron la operación, la reina Letícia presidió un acto de sensibilización sobre el cáncer en la capital del Segrià.

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“Claro que es frustrante no haber detenido a nadie, pero no tenemos tiempo para frustrarnos”, afirma el sargento Gil antes de dar órdenes a sus agentes. Tienen que recoger pruebas periciales, tomar muestras de las plantas de marihuana, contarlas una por una, cortarlas y llevárselas antes de que se haga de noche.

En total hay 1.813 plantas de marihuana de entre dos y tres metros de altura, que se extienden al lado del río Rialb a lo largo de centenares de metros. De hecho, los traficantes usaban el agua del río para regarlas. Por eso habían ideado un sistema con mangueras que se servía de la fuerza de la gravedad para extraer el agua, sin necesidad de ninguna bomba eléctrica cuyo ruido de la cual sin duda los habría delatado. En la plantación también hay picos, palas, botes de insecticida y una pequeña piscina de plástico, de aquellas donde se bañan los niños en verano, para diluir fertilizantes y acelerar el crecimiento de las plantas.

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Así mismo, las cuatro personas que vigilaban la plantación habían montado un campamento al otro lado del río en la pendiente de una montaña, en una zona tan escarpada y frondosa que nunca nadie habría dicho que allí pudiera vivir alguien. Los Mossos encuentran una tienda de campaña camuflada entre los árboles, un colchón, edredones, platos, cubiertos, garrafas e incluso una cocina de dos fogones con una cazuela llena de macarrones, que posiblemente los delincuentes habían preparado el día anterior. También hay infinidad de desechos: envases, plásticos, latas, ropa... Parte de la vertiente es ahora un vertedero.

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Los Mossos d'Esquadra recogen dos cepillos de dientes, una cuchilla de afeitar, un vaso y varias colillas de pitillo. Pruebas periciales que quizás serán clave. También encuentran un carné de conducir de un ciudadano originario de Albania. Los que vigilaban la plantación eran de aquel país. “Esto no es una simple plantación, sino que estamos hablando de crimen organizado –alerta el sargento Gil–. Todo esto requiere una estructura logística importante: alguien que traiga la comida y los fertilizantes, y que se lleve la marihuana una vez ya está seca. Posiblemente incluso lo envasaban aquí. Y después alguien que la venda en el extranjero y blanquee el dinero conseguido con el tráfico de drogas”. En definitiva, un mecanismo complejo.

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A partir de las dos del mediodía los Mossos y un par de agentes rurales se dedican a cortar las plantas de marihuana con tijeras y hachas, y en cuestión de una hora y media la plantación queda arrasada. Después ponen las plantas en sacos para recoger los restos, las cierran y precintan y esperan a que un helicóptero de los agentes rurales venga a recogerlas.

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El helicóptero tuvo que hacer varios intentos para llevarse la marihuana. Corría el riesgo que las hélices chocaran con los árboles. En total hizo media docena de viajes y se llevó hasta cuarenta sacos llenos de plantas. Todos fueron trasladados a la presa de Rialb, donde fueron quemados de manera controlada. Lamentablemente, lo que sin duda no será tan fácil es recuperar la zona forestal destruida y limpiar la montaña de basura.