Sucesos

La única pifia de los estafadores que se hacían pasar por herederos: dar por muerta a María

Los Mossos detienen a nueve personas por robar 2,3 millones de euros de cuentas bancarias de difuntos

BarcelonaMaria, una mujer de 80 años de Barcelona, ​​llevaba más de cuatro años sin tocar una cuenta bancaria donde tenía 120.000 euros. A principios de septiembre decidió ir al banco para pedir un duplicado de su cuaderno. Después de pedirle el DNI e introducirlo en el sistema, el trabajador de la entidad quedó boquiabierto: María llevaba cuatro años muerta. Además, la cuenta bancaria estaba vacía. Todo el dinero lo había retirado un supuesto sobrino, que era su único heredero, cuando supuestamente había muerto, en el 2019. Pero ella estaba viva; la tenía delante. María puso esta estafa en manos de los Mossos d'Esquadra. "Empezamos un análisis profundo de varios expedientes de la misma entidad bancaria", explica el subinspector José Angel Merino, jefe del Área Central de Delitos Económicos de la policía catalana, que ha liderado la investigación y que ha terminado con nueve detenidos y un grupo criminal desmantelado.

Las primeras investigaciones pudieron determinar que había siete casos más similares al de Maria. Las víctimas eran sobre todo mujeres y algún hombre de edad avanzada que habían fallecido y nadie había reclamado su herencia. Al cabo de unos meses, aparecía un supuesto sobrino para quedárselo todo. María era la única víctima viva y fue el único error que cometieron los estafadores. Tras ver que durante cuatro años no hizo ningún movimiento en la cuenta bancaria también dieron por sentado que estaba muerta. "Si no fuera por este error todavía estarían haciendo ese fraude", comenta Merino. ¿Pero cómo sabían los estafadores que María y las otras siete víctimas llevaban mucho tiempo sin tocar la cuenta bancaria y no tenían ningún heredero?

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El banco tenía al enemigo en casa. Un hombre que llevaba casi siete años trabajando en la entidad bancaria era en realidad uno de los dos líderes del grupo criminal. Él se encargaba de la primera fase del fraude. "Tenía acceso a todas las bases de datos e identificaba a clientes de edad avanzada, sin herederos conocidos, con un saldo importante y una larga inactividad", describe el subinspector. En ese punto empezaba la segunda fase y entraba en juego el segundo líder del entramado criminal, un falsificador experto con varios antecedentes en esa área. Él falsificaba una muchedumbre de documentos: desde el testamento hasta el acta de últimas voluntades, pasando por el certificado de defunción e incluso la falsa liquidación del impuesto de sucesiones. "Estaba muy bien elaborado", dice el investigador de los Mossos.

El supuesto sobrino

Sólo quedaba la tercera fase de la estafa: buscaban a una persona –a veces era de confianza, pero en otros casos simplemente hacían ofertas de trabajo– para que se presentara al banco como el sobrino de la difunta y llevara todo ese papeleo en una carpeta para demostrar que era su heredero. Al tener un infiltrado en el banco, los estafadores sabían a la perfección qué documentos había que llevar para no levantar sospechas. Para cada estafa iba un colaborador distinto, que se presentaba con su propio DNI. Los apellidos no cuadraban con los de la difunta, pero al tratarse de un presunto sobrino podían no compartir ninguno. El grupo actuaba así desde hacía cinco años y había estafado al menos a ocho víctimas. El botín sube hasta los 2,3 millones de euros.

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¿Qué hacían con el dinero? Los actores que hacían de sobrinos recibían una escasa parte, unos 5.000 euros. Los dos líderes de la estafa se quedaban la gran parte del dinero y los blanqueaban mediante una inmobiliaria que también estaba a su nombre. Buscaban, sobre todo, comprar casas en destinos turísticos del Pirineo para después alquilarlas. Tenían en Llívia, en Masella y en Sort. Además, también se gastaban en coches. En total tenían 13 casas y 13 vehículos de alta gama, uno de ellos valorado en 120.000 euros. Tanto los líderes como los colaboradores, sin embargo, vivían en el área metropolitana, y todas las víctimas eran de Barcelona.

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La semana pasada la policía detuvo a nueve personas, entre ellas los dos líderes. Ambos quedaron en libertad con cargos después de pasar a disposición judicial. Sólo falta encontrar a un colaborador que no han podido localizar a pesar de que todos utilizaban sus datos personales. En total, los Mossos pudieron recuperar 1,4 millones de euros en inmuebles y propiedades. Una de las grandes preguntas es quien se les queda. En el caso de Maria está claro. En el de las otras víctimas que murieron sin heredero, en estas situaciones es la Generalitat quien se las queda.