Un verano con menos bomberos voluntarios para apagar los incendios

El cuerpo expulsa a unos 200 efectivos por poca disponibilidad pero dice que se mantiene la “calidad de respuesta”

BarcelonaJosep Frigola recibió una notificación el 16 de julio: el director general de los Bomberos de la Generalitat, Joan Delort, le anunciaba que quedaba “revocado” como bombero voluntario activo del parque de Batea, a las Terras de l'Ebre. Desde entonces Frigola, labrador de profesión, no ha vuelto a trabajar de bombero, cosa que hacía desde 1999 y algunos años como jefe de su parque. “El 12 de julio fue la última guardia. Hice una práctica y actuamos en un accidente de tráfico y en un fuego en una industria”. Explica que tenía previsto continuar participando en la campaña forestal del verano, pero las últimas semanas ya no ha podido intervenir.

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Su expulsión no es una excepción. En los últimos meses ha pasado lo mismo con unos 200 bomberos voluntarios, que acostumbran a combinar esta tarea con su trabajo habitual. El cuerpo les echa porque han estado presentes y disponibles menos de 876 horas anuales, el mínimo que ahora se les exige, que se controla con una aplicación en el móvil. Algunos no se la han descargado y otros no la han usado o no han llegado a las 876 horas: supuestos que justifican la revocación. Frigola admite que el año pasado no utilizó la aplicación por problemas de salud y familiares que coincidieron con los meses más duros del covid, pero asegura que este año, antes de que le echaran, llevaba 175 horas de presencia –que había trabajado– y 441 horas disponible. Fácilmente habría llegado a las 876 horas y lamenta que no se haya valorado.

El año pasado había 1.643 bomberos voluntarios en Catalunya y ahora son 1.464, según datos del cuerpo. Al final del verano todavía serán menos porque hay 64 expulsiones más pendientes de notificar. La pérdida de efectivos en los bomberos voluntarios –que tienen una formación y un equipo profesional– no es nueva, pero hace una década, en 2011, eran 2.489. Las jubilaciones, el resto de bajas y la falta de nuevas promociones explican este descenso que se ha agravado por la exigencia de las 876 horas. Pero el cuerpo defiende que se mantiene la “calidad de respuesta”. El jefe de planificación y gestión de los Bomberos, el subinspector Agustí Gatell, asegura que no están en “inferioridad” respecto al verano pasado porque, pese a la caída de efectivos, han revocado a los que no estaban lo bastante disponibles. Según Gatell, “la esencia” de los voluntarios es la respuesta que dan cuando los activan y antes no lo podían saber.

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Mapa y gráfico de los efectivos de los Bomberos

Gatell dice que el interés del cuerpo no es “modificar” el modelo mixto, con la mitad de parques de funcionarios y la otra de voluntarios. “Se puede redistribuir”, admite el subinspector, que reconoce que se podría revisar “si hay que retocar a la baja” el mínimo de 876 horas. Pero el presidente de la Asociación de Bomberos Voluntarios (ASBOVOCA), Josep Maria Alcalà, lo ve “una operación encubierta” contra el modelo. Alcalà explica que algunos voluntarios “juegan” con la aplicación: marcan muchas horas –con el riesgo de que si después no se pueden activar sea motivo de expulsión– o se ponen disponibles días en que difícilmente los llamarán. “Faltan efectivos”, avisa Alcalà, que recuerda que el peor incendio de la temporada empezó en Santa Coloma de Queralt, donde precisamente hay un parque de voluntarios.

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Alcalà añade que los fuegos simultáneos de este verano evidencian el déficit de personal en las tareas para apagarlos: “Se activa todo aquello que se puede y más”. Por eso considera que las “carencias” se cubren, según él, con los “sobresueldos” de los bomberos funcionarios, que en los primeros cuatro meses del año ya han hecho 150.000 horas extras. Lamenta, en cambio, que los voluntarios solo cobran cuando trabajan –10 euros brutos por hora– y no cotizan a la Seguridad Social ni les compensan su disponibilidad. ASBOVOCA ha llevado a la Fiscalía la exigencia de 876 horas y algunos bomberos voluntarios han judicializado su expulsión.

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Control desde un despacho

“No vamos sobrados”, dice el jefe del parque de bomberos voluntarios de Agramunt, Ramon Escudé. En un año han pasado de 24 a 17 efectivos. Escudé ejemplifica que dos expulsiones son de un bombero de la última promoción que no llegó al mínimo de horas y de una bombera que tampoco estuvo lo bastante disponible porque amamantaba a su bebé. “Por querer ser demasiado legales están fuera”, piensa Escudé, porque solo se pusieron en la aplicación cuando podían activarse, y cuestiona que las horas se controlen “desde un despacho en Barcelona”. Para acabar, reivindica que los vecinos de parques voluntarios “tienen el mismo derecho” a recibir la asistencia de los bomberos que los de funcionarios.

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Nuevas promociones para paliar el déficit

Después de años sin convocatorias de bomberos voluntarios, en 2016 se hizo una promoción y ahora hay otra de 200 nuevas plazas –los aspirantes están con las pruebas de selección– que se prevé que empiece la formación a finales de este año. El subdirector de personal de los Bomberos, Joan Navarro, explica que la intención es paliar el déficit de efectivos con una segunda convocatoria de 200 bomberos voluntarios el año que viene y una tercera de 200 más el siguiente. Según Navarro, el objetivo es que haya al menos 25 bomberos en cada parque voluntario y que se llegue a los 1.900 efectivos –teniendo en cuenta jubilaciones y otras bajas– después de las tres promociones.

ERC planteaba en su programa electoral la “reconversión” de los bomberos voluntarios “en personal laboral” a través de una empresa pública. Consultado por el ARA, el departamento de Interior –en manos de los republicanos con Joan Ignasi Elena al frente– responde que esta opción sería a largo plazo y que esto no tiene que alterar las nuevas promociones anunciadas, porque la prioridad es reforzar los efectivos.