Vivir en una masía cargada de historia a cambio de arreglarla
Ona Font y Xavier Munill llevan tres años y medio rehabilitando una masía abandonada cerca de Anglès a través de un contrato de masovería con el propietario de la finca.
InglésHistóricamente en Cataluña los masoveros eran familias campesinas que vivían en una masía ajena a cambio de trabajar la tierra, alimentar el ganado y custodiar la propiedad. Desde hace unos años, sin embargo, ha surgido una nueva forma de masovería adaptada a los nuevos tiempos: los masoveros se encargan de rehabilitar y reformar una masía en mal estado que no es de su propiedad y, como contrapartida, pueden vivir allí durante años sin pagar alquiler. Esta fórmula de intercambio recíproco permite que familias que no disponen de los recursos necesarios puedan hacer realidad el sueño de vivir en el campo, al mismo tiempo que se evita que las casas pairales, a menudo heredadas, se deterioren y se pierda un patrimonio arquitectónico de gran valor. Un win-win en toda regla.
Ona Font y Xavier Munill, una pareja de biólogos de la Selva con mucho empuje, llevan tres años y medio viviendo, con sus dos hijos, bajo este régimen de contrato en Can Comarodona, una masía a dos kilómetros de Anglès. Cuando entraron, la casa llevaba cinco años abandonada, no era habitable, pero al cabo de pocos meses ya hacían vida allí con las comodidades mínimas.
"Cuando la vimos por primera vez no había ni marcos en las ventanas, había una colonia de murciélagos y mucha suciedad. No había agua porque la bomba del pozo se había quemado y la instalación eléctrica se aguantaba por un hilo", recuerda Ona. Aun así, después de un verano intenso de trabajo, en septiembre ya se trasladaron allí. "Al principio vivíamos todos en una sola habitación, con un fogoncito en la cocina y una tela mosquitera en la ventana. Parecía un camping."
Ahora ya está perfectamente acondicionada, con un aire rústico muy cuidado y una decoración tradicional. La cocina, espaciosa y presidida por una gran mesa, se ha convertido en el centro de la vida familiar, igual que la biblioteca con más de 2.000 libros, en la que ambos hacen teletrabajo. Tienen dos perras, un burro y abejas.
La Cazadora de Masías
Llegaron a esta oportunidad gracias a la Fundació Mas i Terra, impulsada por Marta Lloret, profundamente comprometida con la divulgación y preservación del patrimonio rural catalán. La entidad hace de puente entre propietarios de masías y personas interesadas en convertirse en masoveros. A diferencia de un contrato de alquiler convencional, en que las condiciones las fija principalmente el propietario, en la masovería moderna las dos partes pactan la duración del acuerdo en función de las obras que hay que hacer y del dinero, materiales y horas de trabajo que habrá que invertir.
En el caso de Ona y Xavier, firmaron un acuerdo de quince años, prorrogable, con un alquiler simbólico que sube cada cinco años. El plan de las reformas no se tiene que seguir al pie de la letra y se puede adaptar según las necesidades que van surgiendo, pero sí que hay que respetar la estructura de los materiales originales de la casa, sin usar pladur o cemento.
700 años de historia
Invertir tanto tiempo y dinero en una vivienda sin ser propietario responde a una filosofía de vida que va mucho más allá del negocio de compraventa de pisos y casas en la ciudad. Así lo argumenta Ona: "Pensar que no tienes que restaurar una casa porque no es tuya me parece una visión muy egoísta. Hemos elegido esta opción porque nos interesa formar parte de la historia de un patrimonio que tiene setecientos años. Podremos decir que hemos cuidado la casa, que hemos ayudado a conservarla y que hemos echado una mano a un propietario que no tenía recursos para mantenerla. Esto no nos lo quita nadie, nos ha permitido vivir de una manera muy coherente con nuestros valores".
El trabajo gordo ya lo han hecho, pero todavía les quedan un montón de tareas. "Un amigo vive en una casa de payés desde hace tres generaciones y todavía tienen cosas por arreglar, así que paciencia", concluye Xavier. Ahora trabajan sobre todo en la gestión forestal del entorno, la prevención de incendios, la recuperación de antiguas parcelas y la rehabilitación de edificios anexos que habían sido cuadras y corrales.
Can Comarodona
- 400 m28 estanciasViven 4 personasA 2 km de Anglés (Selva)