Entramos en las aulas

Este martes fueron las comarcas de Tarragona las que vivieron las protestas de docentes, que no se conforman con el incremento salarial que acordaron CCOO y UGT con el Gobierno. La mejora incluía, entre otros aspectos, un incremento de unos 3000 euros anuales. No está mal, pero tres sindicatos no lo veían nada claro (USTEC, Intersindical y CGT) y organizaron una consulta. El 95% de los votantes rechazaron el acuerdo. Hay que tener en cuenta que participaron 40.000 docentes, más de la mitad del total. Las huelgas que han comenzado esta semana y que terminan el viernes con una manifestación en Barcelona tienen, pues, un apoyo muy amplio entre los profesionales.

Para entender los motivos basta con entrar en las aulas. Allí encontraremos a un alumnado muy diferente al que recordamos los que ahora somos adultos. Habrá niños con necesidades especiales, porque la escuela ahora es inclusiva. Esto significa que no dejamos a nadie por el camino y que procuramos que los niños estén todos mezclados. Las escuelas de educación especial –dice el Govern– son el pasado, y el futuro es la inclusión. Suena muy bien, pero esta inclusión es una farsa si no va acompañada de recursos suficientes. Las escuelas deben luchar por conseguir veladores de refuerzo que atiendan a estos niños, y en muchas ocasiones ya se pueden sentir afortunadas si consiguen durante unas horas. La falta de apoyo es tal que incluso hay padres y madres que reclaman una plaza en una escuela de educación especial, una de esas del pasado. Si entramos en las aulas también encontraremos a niños recién llegados al país y que arrastran mochilas que ni podemos imaginar, empezando por el idioma y siguiendo por la pobreza, que también afecta a muchas familias autóctonas. Si buscamos bien, también podremos encontrar otro perfil que año tras año gana presencia: los niños que no tienen límites. Gritan, golpean y responden mal porque sus padres les han educado así. Ellos mismos son la autoridad, y si un maestro se atreve a regañarles después tendrá que dar explicaciones a sus padres. Son los niños que están llamados a ser el motor (gripado) de este país, que sin educación no va a ninguna parte.