El club de lectura que solo lee libros a bordo de un barco

La editora Blanca Pujals comparte una de las noches más especiales de su vida

28/08/2026 - 20:03 h.

Blanca Pujals se convirtió en editora por una decisión valiente. Se había cansado del trabajo de abogada y se matriculó en un máster de edición, que era lo que siempre había querido hacer de pequeña: vivir rodeada de libros. De su trabajo de final de máster salió un proyecto que presentó a la editorial Viena, así nació "Pequeños Placeres, una colección de noticias, libros cortos de alta calidad literaria. Una de las noches de verano más especiales de su vida fue, justamente, compartiendo la lectura de uno de los libros más emblemáticos de la colección –Buenos días, tristeza, de Françoise Sagan– a bordo de un barco en L'Escala.

“La librería Vitel·la de l’Escala organiza unos clubes de lectura preciosos porque se hacen a bordo de un barco a la hora de la puesta de sol, navegando por calas bonitas. Elegí Buenos días, tristeza, porque es un libro veraniego con muchos dilemas morales que lleva a conversaciones interesantes. Además, fue una experiencia totalmente inmersiva, ya que hacíamos lo mismo que los personajes: navegar por el Mediterráneo bebiendo cava”, explica Pujals, que aún recuerda “el olor a alta mar”, tan diferente del “olor a crema solar de la playa”. “El olor a alta mar es más puro, más intenso. También recuerdo mucho la luz: subimos al barco cuando aún era de día y poco a poco fue cayendo el atardecer. El cielo cambió de color pero también el mar, el cielo pasó de los azules intensos a los naranjas cálidos y el mar se hizo plateado. A momentos parecía un cuadro impresionista y costaba un poco más centrarse en el libro. Hubo un instante en que todos éramos dorados: yo lo llamo la hora de los guapos”.

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Después del club de lectura, la editora se fue a cenar con su marido y acabaron comiendo “unas anchoas buenísimas” en un restaurante del pueblo. “Fue una de aquellas tardes mediterráneas de tener conversaciones especiales, de disfrutar de la fresca y del verano que empieza, en aquel momento que justo empiezas a estar moreno y te encuentras guapo y todo el mundo está más simpático”.

Pujals siempre ha sabido cómo disfrutar del verano. De los veranos de adolescencia recuerda mucho las rutas con el esplai por el camino de ronda del Alt Empordà, “entre calas secretas donde no llegaba casi nadie”. “Caminabas todo el día y después te dabas un baño. El mejor melocotón de mi vida me lo he comido en una cala de Cadaqués después de todo un día de ruta. Era muy especial dormir en las tiendas al ras o hacer vivac”, dice la editora, que defiende que las noches de verano son mágicas y diferentes justamente “porque estamos más predispuestos a que sean noches especiales”.