Josep Pedrals: "Había mucha vida, era una especie de minipueblo de veraneantes donde pasaban muchas cosas"

Al poeta le encanta la energía de la montaña donde veraneó más de veinte años

10/08/2026 - 08:00 h.

Un 11 de agosto de hace muchos años es el protagonista del tema del mismo nombre de Els Nens Eutròfics, el grupo de música que tuvo Josep Pedrals. El tema, que intencionadamente comienza con un compás de 11/8, explica un día de vacaciones en Montserrat. Y es que el poeta y rapsoda tiene clarísimo que Montserrat es su lugar preferido de Cataluña: “Le tengo aprecio porque de pequeño me recorrí la montaña entera”. Allí es donde pasó todos los veranos hasta los veinte y pico, y siendo mayor ha sido un lugar para refugiarse e ir a escribir: “Cuando éramos más pequeños nos quedábamos dos meses y en agosto coincidíamos con la pandilla de amigos, que iba cambiando, los de la primera y los de la segunda quincena. Todavía ahora, cada junio nos encontramos con la pandilla”. Cuando Josep tenía siete u ocho años, el padre, que ya estaba jubilado, era quien se hacía cargo de él y la hermana, y la madre subía los fines de semana hasta que se instalaba por vacaciones. A Pedrals le gustaban estas vacaciones de quedarse en un lugar, hacer vida allí y sentirse de allí.Explica que a lo largo de los años Montserrat ha ido cambiando y expulsando a la gente, solo queda un edificio y medio de celdas y entonces había tres. El tipo de público también es diferente: “Ahora hay turistas, extranjeros, que son de paso, nada que ver con la gente que subía con la fiambrera y comía por el camino de Sant Miquel”. Recuerda que había mucha vida, era una especie de minipueblo de veraneantes donde pasaban muchas cosas: montaban chocolatadas, ron quemado, carreras de bicicletas, una ruta de miedo por el camino de los degollados… “Era fantástico”, asegura.

Por las mañanas el padre iba a misa mientras ellos hacían deberes, pero también iban de excursión por el Parque Natural, jugaban al ping-pong e iban a la biblioteca de la Fundació La Caixa: “Estaba más feliz que un pepino, era uno de los lugares más frescos, pasaba las tardes leyendo, me sabía la biblioteca de memoria”. Tenían alguna cabaña a medio hacer y una vez que se encontraron un bote de pintura abandonado, pintaron un trozo de montaña que todavía está ahí. Pedrals explica que el monasterio regía ciclos y marcaba ritmos: el bar cerraba a las seis de la tarde, los monaguillos llegaban a finales de agosto, el día antes de la Virgen de Agosto eran las vísperas con una celebración increíble y en agosto se hacían cursos de dirección de canto. “Al atardecer hacían prácticas con la gente que veraneábamos allí, le decíamos las cantadas. Habiendo cenado, todo el mundo se reunía en la plaza y nos enseñaban cánones, hacíamos coreografías y aprendíamos un montón de canciones, no solo de misa”, recuerda.Todavía siento que Montserrat tiene una especie de energía especial que no tienen otros lugares, más allá del hecho religioso y la Moreneta, está la gente de los ovnis, la montaña está repleta de formas raras, y esta especie de conglomerado, dice, parece que vaya a explotar.