Las mejores noches de verano de Martí Gironell: lluvia de estrellas y bañarse desnudo en la playa
"Las cosas que son improvisadas a veces te sorprenden y son las más chulas", dice el escritor
Para el escritor Martí Gironell, las noches de verano tienen un atractivo especial. “Da la impresión de que en verano todo va a otro ritmo y las noches son más largas. Hay cosas que solo te ves con ánimo de hacer las noches de verano, son noches amparadas por esa especie de aureola que nos hemos creado entre todos y que hace que todo parezca posible. Hace buena temperatura y hay una sensación de estar libre de obligaciones, libre de todo. Las noches de verano son las más proclives a la sensación de libertad”, reflexiona.
De entre todas las que ha vivido, hay dos que le han quedado bien marcadas. La primera fue hace unos cuatro o cinco años, la noche de las lágrimas de San Lorenzo, o Perseidas, la lluvia de estrellas más popular del verano. “En casa habíamos estado hablando. Vivimos en Vilablareix, un pueblo pegado a Girona, y con la familia dijimos: «¿Por qué no subimos hasta la ermita de Sant Roc, que hay una explanada y hay suficiente oscuridad, y vemos cómo pasan las lágrimas?» Al principio, como pasa siempre con los niños, todo fueron quejas y pereza”, recuerda divertido Gironell, que los acabó convenciendo.
Cogieron el coche y con la mujer y los dos niños se plantó en la ermita. “Estaba todo oscuro, nos hacíamos luz con la linterna del móvil y el pequeño iba cagado de miedo por si salía algún animal. «¡Vamos! Si has estado aquí un montón de veces», le decíamos”. Finalmente, llegaron a la explanada de la ermita y extendieron unas mantas en el suelo. “A medida que iban pasando los minutos empezaron a caer las estrellas. No era una lluvia especialmente intensa, pero recuerdo que los niños fueron callando de golpe. «¡Mira, cae una! ¡Mira, otra!» Teníamos que estar atentos, así que cada uno cogió una parcela del cielo e iba mirando. Fue una noche muy sencilla, una noche de lluvia de estrellas, pero muy bonita, porque subimos de una manera y volvimos fascinados, con la sensación de haber compartido algo único y especial, y un momento de felicidad conjunta que recordaremos siempre”.
Gironell recuerda una segunda noche de verano muy especial, esta vez sin los niños. “Fuimos a cenar Eva y yo a la playa del Rec en Sant Martí d’Empúries. Hacía una noche perfecta, sin nada de viento. Después de cenar, nos acercamos al agua: nos habíamos quedado solos en la oscuridad. Nos desnudamos y nos bañamos a las doce de la noche. Fue divino. Siempre que paso por allí y veo la playa, me acuerdo de aquella noche. Las cosas que son improvisadas, sin planificar, a veces te sorprenden y son las más bonitas”, concluye el escritor.