“Cuando eres una mujer trans y no estás operada, ir a la playa se te puede hacer difícil”

La activista Tina Recio hace memoria sobre sus mejores noches de verano

24/08/2026 - 21:10 h.

Llega el verano, hace calor y las playas se llenan, y lo que para muchas personas puede parecer una asociación de ideas fácil –tengo calor, me voy a la playa– no siempre lo es para todo el mundo. “Cuando eres una mujer trans y no estás operada, ir a la playa se te puede hacer difícil”, explica Tina Recio, la fundadora de Ivaginarium, una entidad que desde hace diez años acompaña gratuitamente a mujeres trans que quieren seguir adelante con un proceso de vaginoplastia. “Antes de la operación, muchas usamos elementos para que no se noten los genitales con los que nacimos, como una falda o un pareo, pero igualmente es una exposición que para nosotras se puede hacer muy insoportable, te sientes expuesta en un lugar rodeado de gente desnuda o seminuda. Muchas mujeres trans no van a la playa hasta que se han operado o han hecho la transición. Mientras haces la transición también es complicado: quizás todavía llevas peluca, postizos o maquillaje, y todo ello, en la playa, se te hace incómodo”, dice Recio.

Por eso, una noche de verano que recordará siempre fue la que pasó en una playa del Maresme con algunas de las chicas de Ivaginarium, que disfrutaban de la playa por primera vez en muchos años. “Las otras chicas no se conocían entre ellas y se creó un vínculo muy bonito. En estos procesos se establecen vínculos afectivos muy importantes, muchas de ellas me ven como una segunda madre, o como una madre trans”, dice la activista, que explica que buena parte de las chicas que se acercan a Ivaginarium lo hacen con muchos problemas de exclusión familiar, social y laboral, y con las carencias afectivas que se derivan. En algunas ocasiones se han quedado en sus casas unos días, meses o semanas, mientras se recuperaban de una vaginoplastia o mientras encontraban una habitación en Barcelona, y conocer a otras personas que han pasado por situaciones similares siempre las hace sentir “más acompañadas”.

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Recio explica que, en su caso, cuando se operó se sintió muy liberada. “Pero no solo a la hora de ir a la playa, también al gimnasio o a la hora de ponerme el maillot de ciclista. Antes usaba una trucadora, una especie de bragas que esconden el pene, pero son incomodísimas”, asegura.

Desde entonces, dice que disfruta del verano como cuando era pequeña. “Es curioso, porque ahora, cuando pienso en mi infancia, o sueño con ella, me veo como si hubiera sido una niña. He hecho la transición por dentro y por fuera”, reivindica Recio, que recuerda que cuando veraneaba en Málaga siempre quería que le compraran un sombrero cordobés porque lo encontraba “femenino”. Entonces, dice, su pasatiempo preferido era peinar “los larguísimos cabellos” de su abuela, por quien siente un amor profundo: “Siempre recordaré aquellos veranos con ella”.