La noche más terrorífica de Araceli Segarra… ¿o la más especial?

Con el tiempo los recuerdos pierden precisión pero ganan significado, reflexiona el alpinista, sobre la memoria humana

20/08/2026 - 20:02 h.

La noche de verano más especial de Araceli Segarra también fue una de las más terroríficas de su vida. Tenía 20 años y tres meses de verano de libertad, que pasó entre Irlanda y Kenia. En Irlanda estuvo trabajando en un YMCA, y a Kenia fue con unos amigos, con el objetivo de subir el monte Kenia, la montaña más alta de África después del Kilimanjaro. La alpinista recuerda aquella experiencia como una de las que más la marcaron: “Dormimos a media pared y tuvimos un contratiempo grave: se nos cayó el hornillo de la mochila, y entonces no podíamos deshacer nieve. Cuando encaramos la vuelta, llevábamos un día y medio sin agua. Mis compañeros quisieron ir a donde habíamos dormido la noche anterior, que estaba más cerca, pero no había agua, y yo decidí que me iba sola al campamento base, donde sí que encontraría agua, aunque tendría que caminar unas cuantas horas más. Nos separamos, y pasé todas aquellas horas caminando sola de noche por Kenia. Para mí fue una noche transformadora, me enfrenté a muchos obstáculos mentales, y siento que me hizo muy fuerte. Fue una noche muy dura, en la que tuve miedo: de no recordar el camino, que viniera alguien y me encontrara sola… Y al mismo tiempo fue muy bonita. Recuerdo llegar al campamento base y abalanzarme al lago como si fuera uno de aquellos leopardos que beben agua a lo bestia, sin potabilizar el agua ni nada”. 

En Segarra, el ejercicio de recordar aquella noche de verano de hace tantos años la lleva a reflexionar sobre cómo funciona la memoria humana. “Estoy bastante segura de que mi memoria debe haber reescrito algunas partes. Con el tiempo, los recuerdos pierden precisión pero ganan significado. Seguramente reescribir o idealizar un pasado lejano también es un recurso de nuestra mente para sobrevivir. En la vida hay experiencias dolorosas y estresantes, personas que nos han hecho daño y hechos que nos han traumatizado, pero estamos hechos para sobrevivir, y reescribir estas experiencias forma parte de nuestra supervivencia”, teoriza.

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Las noches de verano, añade Segarra, la suelen dejar con bastantes preguntas en torno a la existencia. “Una de las cosas que más me gusta hacer en verano es ver la Vía Láctea sin contaminación lumínica. Te das cuenta de lo pequeño que eres. Ahora bien, a veces puedes acabar bien perdido buscando el sentido de la vida. Creo que no hay una respuesta, o yo aún no he sabido encontrarla. Cuando veo el cielo de noche pienso: «Soy pequeña, pero ahora mismo existo dentro de esta inmensidad tan grande». Y qué alegría, ¿verdad? Porque existo, pero podría no existir”.