Pol Casellas: “Desde aquí miro el mar como si fuera un diorama”
Un espacio tranquilo y poco protocolizado es el lugar preferido del arquitecto y divulgador cultural
¿Cuál podría ser el lugar preferido de un arquitecto? ¿Un espacio natural espectacular? ¿Una construcción que visitan millones de personas cada año? Pol Casellas, arquitecte y divulgador cultural, lo tiene clarísimo: el espigón del Bogatell de Barcelona: “Me queda cerca y voy a menudo. No es idílico, pero para mí es especial, siempre he estado muy vinculado al mar, y siento que los espigones me dan mucha calma”.
El del Bogatell es el que tiene más cerca de casa y su preferido. No recuerda la primera vez que fue, seguramente porque siempre ha vivido en la Vila Olímpica y ha sido un lugar de paseo. Le gusta ir allí a no hacer nada. "Miro el mar como si fuera un diorama, contemplando a la gente que se baña, los barcos que entran y salen o los aviones que llegan a la ciudad. Es un lugar de relax”.
Lo que tiene de especial este espigón respecto a otros es que cuenta con bloques de hormigón desordenados. "Es un lugar informal, que ni siquiera tiene un nombre específico, y al cual en principio no se puede ir, aunque si va tanta gente quizás no debería estar prohibido”, propone. También le gusta el hecho de que sea un espacio tranquilo, poco protocolizado, con una barandilla muy sencilla, un hecho que contrasta con la cantidad de normativas, barandillas y pavimentos especiales que encontramos por todas partes. “Tiene cierta gracia que en la ciudad, donde todo ha de estar ordenado para que funcione, haya lugares más ambiguos y fuera de la oficialidad”. No le cambiaría nada porque si fuera accesible iría todo el mundo. Esta es la gracia, es un espacio al cual aparentemente no se puede acceder, pero a la vez quien se quiere saltar un punto la norma puede ir.Casellas reconoce que en un afán por proteger las playas, los espigones desnaturalizan la costa, se cargan las dinámicas naturales de las corrientes marinas y de la arena, pero al mismo tiempo son un punto de transición entre la tierra firme y el mar. "Si pensamos en una ciudad construida, es especial este espacio donde puedes pasar de un medio a otro". Como arquitecto, además de valorar las edificaciones, le interesa cómo se distribuyen y regulan los espacios intermedios. Explica que en las ciudades, además de las construcciones, existe el vacío, un elemento que juega un papel bastante importante en la distribución de los volúmenes: “El espigón estaría en este vacío, tiene una función estructural, pero no tiene un uso más allá de proteger otro espacio, no cuenta con una segunda capa de espacio donde va la gente a tomar el sol o se pone un chiringuito, el espigón queda más apartado, es un espacio más residual”. Fuera de Cataluña también tiene un lugar preferido similar que puede recordar los espigones: “Son los baños de Kastrup en las afueras de Copenhague. Un muelle de madera que combina la informalidad y la posibilidad de disfrutar del mar”.