Más allá de los prismáticos: por qué las mujeres se apuntan cada vez más a observar pájaros
Cada vez más mujeres descubren en la observación de pájaros una manera de crear comunidad, ganar referentes y reconectar con la naturaleza
"Un poema debería contener siempre pájaros", escribió en 1990 la poeta norteamericana Mary Oliver. Amante de la naturaleza, y especialmente de las aves, la ganadora del premio Pulitzer de poesía en 1984 pasó décadas observando atentamente cómo se rompen los huevos del cardenal o cómo piñen los polluelos reclamando comida. En su libro Devociones explica cómo esperaba durante horas la llegada del mirlo de agua. Hoy, sin embargo, la observación de pájaros se ha convertido en una actividad que, lejos de practicarse solo en solitario, también se vive en comunidad.En Cataluña, cada vez son más las mujeres que se acercan a la ornitología de la mano de grupos organizados, salidas colectivas o pequeñas redes de aprendizaje en las que, además de identificar especies, encuentran una manera de compartir conocimiento y tejer comunidad al aire libre."Al principio aprendes mucho más rápido acompañada, porque alguien te puede orientar y hacerte ver detalles que sola te pasarían por alto. Pero también es importante mirarlo tú misma en la guía, interiorizarlo y después ponerlo en práctica", explica Jaroa López Carrasco, bióloga de la conservación y técnica de Paisatges Vius, donde trabaja para proteger especies amenazadas."López, ornitóloga desde los trece años, se aficionó gracias a una guía de pájaros que tenía en casa y a las primeras salidas al delta del Llobregat con su tío. Pero, una vez adentrada en este mundo, se dio cuenta de que la mayoría de sus compañeros de afición eran hombres. "Continúa siendo un ámbito en el que predominan los hombres, eso es evidente, pero cada vez veo más chicas y mujeres interesadas en esta afición", asegura López.Una afición históricamente masculinizada
No deja de ser curioso. Todos, o casi todos, conocemos el nombre de Félix Rodríguez de la Fuente. En cambio, nos cuesta recordar el nombre de investigadoras, ilustradoras científicas o conservacionistas que también dedicaron su vida a los pájaros y a la naturaleza. Durante mucho tiempo, el principal obstáculo ha sido la invisibilidad. Precisamente para combatir esta falta de referentes, nació en 2019 Lechuzas Pajareras, una organización que reúne a mujeres que se dedican al estudio de los pájaros, la investigación, la conservación y la divulgación de la naturaleza."En algunas asociaciones, las mujeres llegamos a ser cerca del 60% de los socios, pero esto no siempre se refleja en los espacios de decisión. Muchas veces somos más presentes en tareas de administración o de apoyo, mientras que los cargos de responsabilidad continúan ocupados mayoritariamente por hombres", explica Uca Díaz, portavoz de la organización."Lo que empezó como un grupo de doce mujeres es hoy una red de más de 350 integrantes en todo el Estado. "Crear comunidad es muy importante. Una de las cosas más bonitas es compartir experiencias y oír a otras mujeres decir: «A mí también me ha pasado». Esto nos permite sentirnos acompañadas y hablar sin paternalismos".
La iniciativa surgió después de que sus impulsoras vieran un documental sobre observación de aves en el que, casualmente, no aparecía ninguna mujer. "Nos dimos cuenta de que había muchas mujeres haciendo un trabajo extraordinario, pero que continuaban siendo invisibles en charlas, festivales o ponencias. Queríamos que las mujeres observadoras de aves fueran conocidas tanto por su trabajo como por las circunstancias en las que lo desarrollan", resume Díaz con más de treinta años de experiencia en esta práctica. Aunque asegura que nunca ha tenido problemas con los compañeros con los que ha salido a observar pájaros, Uca Díaz reconoce que el paternalismo continúa presente en esta afición. "A veces se da por hecho que eres una principiante y nunca que puedes saber más por el hecho de ser mujer. Es una forma de mansplaining que también pasa en otros ámbitos", explica.Ahora bien, la historia de los pájaros no se ha escrito solo en clave masculina. Díaz prefiere poner el foco en el papel que tuvieron las mujeres en los orígenes de su protección: "La Sociedad Nacional Audubon y la Real Sociedad para la Protección de las Aves nacieron en el siglo XIX para protegerlos, en un momento en que la matanza de aves vinculada al comercio de plumas para la ropa y los sombreros era masiva". Más de un siglo después, la necesidad de preservar las poblaciones de pájaros continúa muy vigente. En un mundo marcado por la explotación del medio natural, algunas especies se han adaptado a los cambios que provocamos, mientras que otras han desaparecido. Las aves, explica Jaroa López, son grandes indicadores de la salud de los ecosistemas: cuando algo falla, suelen ser de las primeras en mostrarlo."Las aves nos enseñan mucho sobre adaptación y supervivencia. También nos recuerdan que la conservación funciona: hay especies que estaban casi extinguidas y que han vuelto gracias al esfuerzo de muchas personas", explica Uca Díaz.
- ¿Qué necesitas? Curiosidad, paciencia, unos prismáticos y una guía de aves. Con esto es suficiente para empezar.
- ¿Dónde ir? El Delta del Ebro, los Aiguamolls de l'Empordà, el Delta del Llobregat y el Pirineo son algunos de los mejores lugares de Cataluña.
- ¿Cuándo es mejor? Todo el año hay aves para observar, pero la primavera y el otoño, coincidiendo con las migraciones, son las épocas más espectaculares.
Observar para detenerse
Pero el hecho de salir a mirar pájaros, que ha ganado fuerza después de la pandemia, no se explica solo por el deseo de reconectar con la naturaleza. Para muchas personas, también se ha convertido en una manera de crear vínculos y habitar el territorio de otra manera. Así nació, en marzo pasado, Bolleres en Ruta, un colectivo que organiza excursiones por espacios naturales dirigidas a mujeres lesbianas, personas trans y no binarias con el objetivo de crear un espacio seguro donde hacer comunidad y reivindicar otras formas de ocio alejadas del consumo y de la noche. En la misma línea, iniciativas como el Club de Pajareras también han convertido la observación de pájaros en una experiencia compartida. "Es muy importante conocer nuestro entorno para poder cuidarlo y entender que formamos parte de ecosistemas interdependientes", explica Cinta Tort Cartró, fundadora de Bolleres en Ruta.Beneficios para la salud mental
Más allá del contacto con la naturaleza, esta afición también ha despertado el interés de la comunidad científica. "Ahora mismo se están haciendo estudios sobre los beneficios de observar pájaros para la salud mental. En Escocia, incluso hay médicos que recetan salir a observarlos. Observar pájaros implica estar quieta, concentrarte, conectar con el entorno y disfrutar. Tiene muchos beneficios físicos y mentales", apunta Uca Díaz."Puedes pasar mucho tiempo sin ver nada. Pero, de repente, una especie inesperada o un comportamiento insólito lo cambia todo. Esto es lo que engancha", explica Jaroa López, fotógrafa y también miembro del jurado del Delta Photo Contest, un certamen que forma parte del Delta Birding Festival, la gran cita anual de la observación de aves y la naturaleza en Cataluña, que este año celebrará la duodécima edición del 18 al 20 de septiembre en el delta del Ebro.
En un mundo acelerado, dedicar tiempo a observar un pájaro es también una manera de recuperar aquello que a menudo echamos de menos: nuestra atención. "La lentitud te permite apreciar más aquello que observas y, en consecuencia, amarlo y cuidarlo", resume Cinta. Compartir este proceso con otras personas, añade, también es una manera de construir comunidad. "Cada vez hay más fragmentación y es más difícil encontrarnos y construir vínculos. Por eso, poder crear una red afectiva y de apoyo es muy importante". Para muchas mujeres lesbianas, personas trans y no binarias, estos espacios también ofrecen un lugar de pertenencia, referentes y una manera de disfrutar de la naturaleza desde la seguridad.Quizás observar pájaros no consiste solo en identificar especies, sino también en reaprender a mirar. Mary Oliver ya lo decía, y no se equivocaba: "Para vivir una vida basta con tres cosas: prestar atención, maravillarse y explicarlo". Quizás hoy podríamos añadir una cuarta: hacerlo juntas.