"El pueblo de los padres es la antítesis de Barcelona"

Un pueblo de menos de 250 habitantes es donde están las raíces de la periodista

28/07/2026 - 08:01 h.

Desde siempre, Carme Gasull, periodista especializada en alimentación y gastronomía, pasa los veranos en Rocafort de Queralt, en la Conca de Barberà, el pueblo de sus padres y su lugar preferido de Cataluña. Allí tiene sus raíces, parte de la familia, la directa y la menos directa, y la pandilla que sigue veraneando en el pueblo, que no llega a los 250 habitantes en invierno, a pesar de crecer muchísimo cuando son vacaciones.

“Cal Forner era la casa de mis tíos, los últimos panaderos del pueblo. Recuerdo el olor a pan, la gente, la tía en el mostrador y el tío horneando enharinado con camiseta imperio blanca”, explica. Cuando llegaban los forasteros, y tenían que doblar el pan, la tía recordaba perfectamente lo que había vendido a cada uno, y si en algún momento faltaba pan, iba a casa de alguien a buscarlo. El primo, que cuando era joven y volvía de fiesta iba directo a trabajar, heredó la casa y la panadería, y ha mantenido el agujero del horno antiguo, alguna pala, las balanzas y las tres sillas donde la gente se sentaba a esperar la tanda. En los pequeños comercios es donde se concentraba la vida, y conservar este espacio es un reconocimiento a lo que supuso este punto de encuentro.

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Prácticamente los tres meses sin colegio, la Carme se quedaba en la Conca: “El padre era camarero, siempre trabajaba los fines de semana y festivos habituales”. El verano de los dieciséis años fue especial, fue elegida pubilla en La Nit del Cava, por Sant Roc, y entre otras salidas a la comarca durante el resto del año, representó el pueblo yendo a la fiesta de la vendimia de L'Espluga de Francolí. Ahora que los padres son mayores y ya no van al pueblo, la Carme se queda quince días con la familia: "Somos sus ojos, el vínculo con su pueblo. Para nosotros es el paraíso, nuestro hijo adora Rocafort, a pesar de no tener allí especialmente pandilla, le encanta”. Aparte de las raíces familiares, quizás tenga algo que ver que son mucha familia, hacen tribu, la piscina municipal es maravillosa y está al lado de la pista polideportiva, se puede ir andando a todas partes, no hay semáforos ni ruido, tienen huerto y gallinas… “Es la antítesis de lo que vivimos en Barcelona. Allí todo le está bien, el tractor, jugar, ir a cazar corzos. Se olvida de la tecnología y es como yo cuando era pequeña”, explica. Excepto comprar, que no hay tiendas, encuentra que todo es fácil. Los padres de Carme no tienen casa en el pueblo, por eso cuando van se instalan en casa de la prima: “La intimidad desaparece, pero nos da igual, pago gustosamente la prenda”, admite. Comenta que parecen sicilianos, no hay manera de hacer nada solos, tienen que pedir audiencia porque, si no, siempre se apunta algún tato. Entre ellos se llaman tata y tato: “Somos tribu, no importa si somos primos hermanos o primos segundos”. Explica que cuando se van, se echan de menos mucho y no les gusta ir los fines de semana porque pasan demasiado rápido. "Nos gusta arraigar, montar el campamento, deshacer la maleta, colgar la ropa y saber que estaremos sin prisas”, dice sonriente.