"Todavía soy de las personas que ven salir el sol cuando salen de fiesta"

La payasa Pepa Plana comparte los recuerdos de sus noches de verano

26/08/2026 - 20:00 h.

Una de las noches de verano más especiales que recuerda Pepa Plana es la noche antes de su primer espectáculo como payasa. “Han pasado treinta años y recuerdo mucho toda la ilusión de estrenar una primera aventura que no sabíamos adónde nos llevaría”, dice. Aquel primer espectáculo, De Pe a Pa, lo estrenó en la Fira de Tàrrega de la mano de Joan Busquets, payaso y director teatral que murió de un cáncer en 2010 y a quien Plana echa muchísimo de menos. “Era un muy buen payaso, y siempre fue muy generoso conmigo. Me cogió de la mano y me hizo caminar como payasa. Ay, cómo me gusta bajarlo y que salga en una conversación”, exclama. 

Aquel apoyo fue muy importante para Pepa Plana, porque todo el mundo le decía que si se hacía payasa se moriría de hambre. “¿Una mujer payasa y para adultos? No me auguraban buenos pronósticos. Como payasa me ha ido bien, a ellos como pitonisas no tanto”, dice riendo Plana, que el argumento que más oía en aquella época era que no había circuito para el formato que ella proponía. “Si no hay circuito se tendrá que inventar, ¿no? Ahora ya llevo catorce espectáculos y toda una vida en los teatres. Y no paro, siempre estoy pensando en el próximo espectáculo. Y he de decir que ojalá pudiera recuperar aquella valentía de no tener miedo a la creación, de no tener miedo a que no gustara. Eso cada vez me cuesta más, como si compitiera conmigo misma. Trabajo para desprenderme de los miedos y es entonces cuando hago, honestamente, lo que me nace”. 

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Desde aquella noche de estreno en Tàrrega, dice la payasa, “han pasado días y un montón de cosas”, pero sigue siendo de las personas que cierran el bar y ven salir el sol si salen de fiesta. “Soy muy nocturna, un búho, siempre soy la última en irme”, confiesa. 

De los veranos de infancia recuerda, sobre todo, los viajes en un Seat 124 a Francia para ver a los abuelos y a los tíos, exiliados de la guerra que no volvieron a Cataluña. “Para mí aquel viaje era larguísimo, pasar la frontera era como ir a la otra parte del mundo. Recuerdo que después volvía a Valls medio francesa, haciéndome la chula, con las faldas largas a la última moda que mi tía Edith me regalaba. Debía ser fastidiosamente repelente”, dice la payasa, risueña. Durante muchos años, dice, no entendía por qué sus tíos eran franceses y su padre no, hasta que fue adolescente y supo que la Guerra Civil había llevado a muchos catalanes a exiliarse a Francia. Plana rememora aquellos años, pero no se considera nostálgica: “Todavía hay tantas cosas maravillosas que me han de pasar… Acabo de ser abuela y pienso «¡Ual·la, qué curiosidad, todo lo que vendrá, seguro que será bonito!»”