"Las únicas fechorías que he hecho en la vida las he hecho en noches de verano"
La escritora Care Santos reflexiona sobre las mejores noches de verano de su vida
Para Care Santos, el verano no es una época del año, es un lugar: la playa de Santa Susanna en Malgrat de Mar. “Esta playa es el territorio de mi memoria”, asegura la escritora. Empezó a ir cuando era pequeña con los padres y los hermanos, que eran adolescentes. “Yo era una niña de piso, era como un gato, y el verano era la libertad y el jolgorio absoluto. Llegábamos por San Juan y marchábamos por la Mercè: para mí era un paraíso”.
Santos recuerda que se ponía el bikini por la mañana y no se lo quitaba hasta que iba a dormir. Recuerda el olor intenso de aftersun de los turistas extranjeros y cómo jugaban con los botes vacíos que abandonaban en la arena, y el contraste del sabor en la boca cuando pasaban de la piscina del apartamento al agua del mar. También la tortilla de patatas de la madre, “que no faltaba nunca”.
La playa de Santa Susanna la vio crecer y convertirse en adolescente. “En invierno, mientras mis amigas iban a la discoteca, yo escribía encerrada en casa, era la rara. En cambio, en verano me transformaba en otra persona. Las únicas travesuras que he hecho en la vida las he hecho en noches de verano. En invierno nunca ligaba, yo”.
Este paraíso de verano “lo perdieron cuando mi madre vendió el apartamento”, pero ahora Santos vuelve cada año sin falta. “No necesito ningún lugar impresionante de la Costa Brava, necesito diez días en esta playa modesta del Maresme, a treinta kilómetros de mi casa. Me alegra ver que mis hijos también la disfrutan y la consideran importante. En casa decimos que es un lugar que nos lo cura todo. Cuando hemos pasado un curso difícil o tenemos problemas, el mar, nuestro mar, que es mágico y no necesita decoración, nos libera. A mí unos días en este lugar me dan energía para todo el año”.
La playa de Santa Susanna también ha visto a Care Santos convertirse en escritora, que antes que nada significa ser lectora. “He leído bibliotecas enteras en esa playa. Mis amigos se reían porque llegaba a las 11 de la mañana y no me iba hasta las 9 de la noche. Se iba el sol, se iban los turistas, y yo seguía allí, leyendo”, recuerda.
Una de las noches de verano más especiales de su vida fue también en este rincón del Maresme, ya de adulta. “Estaba conociendo al hombre que se convertiría en mi marido. Lo llevé a la playa de noche, que es cuando más me gusta bañarme en el mar, y nos sumergimos en el agua desnudos, solos en la playa, en mi mar. Sabes que una persona es especial para ti cuando le enseñas tus lugares especiales, ¿verdad?”, dice Santos.