El análisis de Antoni Bassas

La encuesta del CEO interpela a Puigdemont

Alianza Catalana está actuando de sustituto del interés por la política, de voto emocional, que significó el Procés. Y Junts no podrá abordar esto eficazmente si no deja de ser un partido enfadado con el mundo.

10/07/2026

El resultado de la encuesta del CEO pone números a una realidad que todos hemos palpado en la calle, la de la creciente intención de voto de mucha gente hacia Aliança Catalana. Lo que pasa es que estos números son -o serían, mejor dicho- un tsunami político y representarían una nueva página de la historia de la sociedad catalana.Pasar de los dos diputados que tienen ahora a 23-25 que dice el CEO es un tsunami. Y para Junts, pasar de 35 a 13-18 también lo es.Cuando el mensaje principal de un partido es tan básico como “Salvar Cataluña” y lo formula una líder nada empática, al frente de un equipo desconocido, y, aun así, sus expectativas electorales se disparan, es que ha conectado con los malestares reales o sugeridos de mucha gente, en relación con la inseguridad en las calles, el radicalismo islámico, la inmigración “masiva”, la emigración de jóvenes catalanes bien preparados, la reculada de la lengua o el expolio fiscal. Muchos catalanes sienten –y lo que es peor, notan– que el país se les está deshaciendo entre los dedos. Y atención, porque el diagnóstico ha encontrado una nueva centralidad en la que han ido a coincidir desde votantes del catalanismo integrador de Junts y Convergència hasta españolistas de toro y de Legión de Vox. 1 de cada 3 votos que ganaría Aliança Catalana vendría de Junts, y 1 de cada 4 votos vendría de Vox, hermanados por la bandera de la islamofobia. La actual mayoría parlamentaria PSC, Esquerra, Comuns aguantaría por los pelos, con un PSC que bajaría de 42 a 36-38. El gobierno del sosiego, el de la gestión, no está siendo suficiente, entre otras cosas porque la gestión está siendo claramente mejorable.Que Aliança Catalana haya detectado las causas del malestar no quiere decir que tenga la capacidad de encontrar remedio. De hecho, los partidos de extrema derecha son especialistas en identificar culpables, pero no son tan eficaces a la hora de encontrar las soluciones; al contrario, porque de la dureza al odio que rompe sociedades puede haber un paso muy corto. Y con el odio vamos hacia una nueva fractura social. Miren el reportaje que firma Sebastián Marín, sobre cómo unas 400 personas de origen marroquí se han reunido esta noche en L'Hospitalet de Llobregat para seguir el Francia-Marruecos del Mundial, en un encuentro organizado por el consulado de Marruecos en Barcelona. Tomémoslo como un efecto: no pueden confundir los efectos del islamismo radical, o la delincuencia asociada a la pobreza de algunos inmigrantes, con la convivencia con vecinos de religión islámica. Y la ultraderecha, ya lo sabemos, lo mezcla todo.La encuesta del CEO interpela a Junts y dentro de Junts, al presidente Puigdemont. Ya hace meses que debería poder vivir en Cataluña, en aplicación de la ley de amnistía, pero el poder judicial lo ha bloqueado. Esto perjudica las expectativas de un partido que vive mucho de la figura casi icónica del president en el exilio. Al mismo tiempo, es evidente que hemos pasado de un Puigdemont con iniciativa política, que se movía por Europa y superaba detenciones y estaba muy presente en los medios para dirigir el mensaje, a un Puigdemont que básicamente solo habla en las redes, con un tono a menudo resentido, marcado por los ya casi nueve años de exilio, los magros resultados de la negociación con el PSOE, que transpira la idea de que tanto le da el PP como el PSOE, porque a efectos de Cataluña son lo mismo. Puigdemont tuvo estatus de estrella del rock político. Hoy, Aliança Catalana está actuando de sustituto del interés por la política, de voto emocional, que significó el Procés. Y Junts no podrá abordar esto eficazmente si no deja de ser un partido enfadado con el mundo (por más motivo que tenga) y empieza a generar confianza y orgullo entre la gente.

Buenos días.