El análisis de Antoni Bassas

Cuando la suerte la lleva colgado todo un departamento

El presidente dijo: “No se trata de colgarle la llufa a nadie”. Esto de la llufa es una salida dialéctica para dar apariencia de seriedad a una revisión interna que de seria no está teniendo mucha porque, como decía, han pasado cuatro meses y todo lo que puede decir la consejera es que todavía se mueve en el terreno de las hipótesis

Cuando la paja la lleva colgado todo un departamento
28/07/2026 - 13:42 h.
3 min

Finalmente, ayer pudimos oír las explicaciones que la consellera de Educación, Esther Niubó, dio en el Parlament sobre el desastre de las pruebas PISA. Su intervención se resume en este titular:“El Gobierno no ha aclarado el origen del error de las pruebas PISA”. La consellera admitió el error, asumió “la gravedad”, exculpó a los centros, por lo tanto, aceptó que la responsabilidad era del departamento de Educación, pero cuatro meses después todavía no sabe de quién es. Y, como mucho, aventuró una hipótesis: que como por las mismas fechas había otros exámenes que organiza el Departamento, quizás la coincidencia de días indujo al error en la muestra.Niubó: “Esto significa que los mismos 51 centros educativos que fueron muestra PISA, tuvieron también que aplicar, con muy poca diferencia de tiempo, dos evaluaciones sometidas a marcos diferentes, la de PISA y las pruebas de final de etapa de cuarto de la ESO, que recuerden, como decía antes, que eran censales el curso pasado y las hizo todo el alumnado. Y esta similitud de los porcentajes, unida al hecho de que se trataba de los mismos centros, de un calendario coincidente, pero con marcos diferentes aplicados casi a la vez, permite plantear que se podría haber generado confusión en el centro sobre los criterios que había que usar, trasladando a las pruebas PISA criterios de exención o prácticas de no participación propias de las pruebas de final de etapa catalanas. Pero, insisto, esto es una hipótesis.”Es inadmisible que el Gobierno aún no tenga las conclusiones de un problema del cual fue advertido en marzo. Y en este sentido, no ayudan en absoluto los comentarios del presidente Illa, que estos días está en Vietnam en viaje oficial. El presidente dijo ayer: “No se trata de colgarle la medallita a nadie”. Presidente, a ver, no estamos jugando a las cartas, esto no va de medallitas, sino que estamos arrastrando un error grave que, por cierto, perjudica y mucho la narrativa de un gobierno que se definía por la gestión (por la buena gestión, se entiende) en contraste con los gobiernos independentistas de “colisión” con el Estado, que estaban por el conflicto y no por lo que realmente interesa a la gente. Y cuando alguien comete un error grave, hay que identificar quién se ha despistado, quién no ha hecho bien su trabajo. Esto de la medallita es una salida dialéctica para dar apariencia de seriedad a una revisión interna que de seria no está teniendo mucha porque, como decía, han pasado cuatro meses y todo lo que puede decir la consejera es que aún se mueve en el terreno de las hipótesis. Por descontado que no todos los problemas de la educación en Cataluña son en el departamento de educación, pero a la vista de su poca capacidad para hacerles frente, está claro que uno de los problemas de la educación en Cataluña es el departamento que se ocupa de ella, ahora y antes. Y acabo hablando de Mallorca. Ayer denunciábamos la violencia policial contra los manifestantes del “Menos turismo y más vida”. Hay un contraste doloroso entre una preocupación cívica, expresada de manera pacífica y el abuso de poder con que fue contestada. Y sobre esto quiero reproducir un fragmento de el artículo de hoy del mallorquín Sebastià Alzamora, que lo dice con palabras mucho más precisas, como corresponde a alguien que vive allí:“Los mallorquines tenemos, como sociedad, cierta fama de apáticos y de conformistas. No diré que no sea una fama hasta un punto merecida, pero tiene un reverso más interesante. Esta misma sociedad también forma un país de personas sensatas y elegantes, con una profunda alergia a las malas maneras, la grosería, las gesticulaciones exageradas y la violencia en cualquier forma. Para los ciudadanos de este país llamado Mallorca, hay pocas cosas menos interesantes que perder los papeles y la ironía, salir de madre, volverse solemne o intransigente. Y ya no digamos ponerse agresivo: todo esto, en Mallorca, está francamente mal visto. Si hasta planteamientos razonables, expresados de manera cívica, son contestados con porras, al final al gobierno no les quedará nada. Porque como dice Alzamora, “El domingo, algo se rompió institucionalmente”.Buenos días.

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